"Ahora o nunca": las 4 conclusiones urgentes del informe de la ONU sobre el clima

El nuevo informe del IPCC lanza la misma advertencia por enésima vez: para limitar el calentamiento a niveles manejables, el mundo tiene sólo unos pocos años para dejar de utilizar completamente los combustibles fósiles.

Publicado 5 abr 2022 11:17 CEST, Actualizado 5 abr 2022 13:21 CEST
Aerogeneradores en Mojave, California

Aerogeneradores en Mojave, California. Un nuevo informe de la ONU sobre el clima afirma que el cambio a las energías renovables en lugar de los combustibles fósiles (y de forma inmediata) es la única manera de limitar los efectos más graves del cambio climático en el mundo.

Fotografía de David Guttenfelder, Nat Geo Image Collection

A menos que las emisiones globales de gases de efecto invernadero alcancen su punto máximo dentro de tres años y se reduzcan casi a la mitad para 2030, el mundo probablemente experimentará numerosos impactos climáticos extremos, según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU.

Según el informe publicado ayer, Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change, si no se toman medidas urgentes, la humanidad no logrará limitar el calentamiento a 1,5 grados Celsius, el umbral para un futuro de más incendios, sequías, tormentas, etc. Sin embargo, si se mantienen los niveles actuales, es probable que las emisiones de gases de efecto invernadero provoquen el doble de calentamiento: aproximadamente 3,2ºC en 2100.

(Relacionado: ¿Qué es el calentamiento global?)

"Es ahora o nunca, si queremos limitar el calentamiento global a 1,5ºC", dijo Jim Skea, copresidente del grupo de trabajo del IPCC que elaboró el informe, en una rueda de prensa. "Sin una reducción inmediata y profunda de las emisiones en todos los sectores, será imposible".

Los gases de efecto invernadero en la atmósfera de la Tierra se encuentran en los niveles más altos de la historia de la humanidad. Las emisiones de estos gases cayeron bruscamente en 2020 como consecuencia de los cierres por pandemia, pero en 2021 igualaron o incluso superaron el récord de 2019, cuando fueron aproximadamente un 12% más altas que en 2010 y un 54% más altas que en 1990, cuando se publicó el primer informe del IPCC.

Skea señaló, sin embargo, que "hay una mayor evidencia de acción climática". El ritmo de aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero fue más lento entre 2010 y 2019 que en la década anterior; y ahora existen tecnologías y políticas que permitirían reducir drásticamente las emisiones, si existe la voluntad política de aplicarlas.

"Estamos en una encrucijada", añadió el presidente del IPCC, Hoesung Lee, en la sesión informativa. "Las decisiones que tomemos ahora pueden garantizar un futuro habitable. Tenemos las herramientas y los conocimientos necesarios para limitar el calentamiento".

Algunos de los puntos clave del informe son los siguientes:

La revolución de la energía limpia es cada vez más barata 

Para que haya alguna esperanza de limitar el calentamiento a 1,5 ºC, el uso de carbón debe reducirse en un 95% en todo el mundo, mientras que el consumo de petróleo y gas tiene que reducirse en un 60% y un 45%, respectivamente, para 2050. Afortunadamente, para muchas personas en muchos lugares, la instalación de nuevas energías limpias es más barata que la explotación de las energías fósiles existentes, y a menudo más barata que la instalación de nuevas infraestructuras de combustibles fósiles.

Desde 2010 hasta 2019, el coste tanto de la energía solar como de las baterías de iones de litio ha disminuido una media del 85%, mientras que el de la energía eólica lo ha hecho en un 55%. Estos descensos han permitido un despliegue mucho más amplio de estas tecnologías. Por ejemplo, el uso de vehículos eléctricos se multiplicó por 100 en la misma década, y la energía solar es ahora 10 veces más frecuente en todo el mundo, aunque estas cifras varían mucho de un país a otro y de una región a otra.

"Tenemos, al menos en la fase de investigación, desarrollo y demostración, todas las tecnologías que necesitamos para descarbonizar nuestra economía, y las que nos faltan por desarrollar podrían desarrollarse rápidamente con las políticas adecuadas", afirma Genevieve Guenther, directora fundadora de End Climate Silence y autora del próximo libro The Language of Climate Politics. "Como vimos en la Segunda Guerra Mundial, cuando al principio algunos utilizábamos un caballo y una calesa y al final estábamos dividiendo el átomo, los seres humanos podemos lograr maravillas cuando nos lo proponemos".

(Relacionado: El nuevo informe climático de la ONU es un demoledor ultimátum sobre la salud mundial)

La política y la resistencia al cambio son los principales obstáculos

Muchos países han aplicado políticas que han mejorado la eficiencia energética, han reducido las tasas de deforestación o han acelerado el despliegue de tecnologías de energía limpia. Otros se han comprometido a reducir las emisiones en el marco del Acuerdo de París. Sin embargo, los objetivos de muchos países no son lo suficientemente ambiciosos, mientras que otros países han prometido reducir sus emisiones de manera significativa pero no muestran signos de tomar las medidas necesarias.

"Algunos líderes gubernamentales y empresariales dicen una cosa, pero hacen otra", dijo el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en respuesta a la publicación del informe. "En pocas palabras, están mintiendo. Y los resultados serán catastróficos".

El informe del IPCC sostiene que "sólo por consideraciones tecnológicas y de costes, la mitigación de las emisiones para limitar el calentamiento a 1,5°C es factible". Los obstáculos son "la política y las relaciones de poder y los intereses del statu quo que bloquean las políticas climáticas, incluida la eliminación de los combustibles fósiles. Esto incluye campañas de desinformación que buscan activamente socavar la fe en la ciencia del clima".

"Es la primera vez que veo que se da tanta importancia a la desinformación en un informe del IPCC", afirma Alexander Barron, profesor adjunto de ciencias y políticas medioambientales en el Smith College de Massachusetts (Estados Unidos). "Como científico que trabaja en política climática, he visto a supuestos expertos cuyo mensaje ha sido amplificado por grupos de reflexión financiados por los combustibles fósiles; he visto a actores contratados para presentarse en reuniones comunitarias; para mí, es difícil exagerar hasta qué punto ha habido una oposición activa a avanzar en las direcciones que necesitamos".

Además, el informe señala que la financiación de las energías renovables "está muy por debajo de lo necesario" y, de hecho, sigue palideciendo en comparación con las subvenciones concedidas a los combustibles fósiles. Concluye que el mero hecho de acabar con esas subvenciones podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 10% para 2030.

Es fundamental reducir rápidamente y en profundidad las emisiones de metano 

Aunque tiene una vida más corta y es menos abundante en la atmósfera que el dióxido de carbono, el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente; se prevé que represente el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero distintos del CO2 para mediados de siglo. Sin embargo, al ser menos persistente en la atmósfera, una reducción drástica de sus emisiones puede disminuir rápidamente su impacto en el calentamiento.

Una de las formas más efectivas de hacerlo es centrarse en las emisiones "fugitivas", es decir, el metano que se escapa a la atmósfera durante la extracción y el transporte de gas natural, o de los pozos de petróleo abandonados desde hace tiempo. El IPCC calcula que las emisiones fugitivas representan alrededor del 32% del metano liberado a la atmósfera en todo el mundo y el 6% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero.

La eliminación de CO2 será un parche clave, pero con algunas advertencias

Dada la lentitud con la que se está reduciendo la cantidad de gases de efecto invernadero que se arrojan a la atmósfera, el informe sostiene que, mientras tanto, será fundamental eliminar algunos de los que ya están ahí. Según algunas estimaciones, para mediados de siglo habrá que eliminar de la atmósfera 10 gigatoneladas de CO2 al año, más que la producción total de Estados Unidos (el mayor emisor del mundo). Sin embargo, es probable que algunos de los métodos para lograrlo tengan mayores desventajas potenciales que otros.

"Hemos tardado tanto en tomar el tipo de medidas que se necesitan, que no es de extrañar que algunos de estos modelos vean un papel para la eliminación del dióxido de carbono, especialmente si queremos mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5 ºC", dice Barron. "Casi siempre es mucho más fácil simplemente no emitir el dióxido de carbono. Pero hay muchas cosas en la lista del informe (como la repoblación forestal, la mejora de la gestión de los bosques, la mejora de las prácticas agrícolas, la protección de los ecosistemas costeros) que capturan naturalmente el dióxido de carbono y también son buenas para la biodiversidad y los medios de vida locales que probablemente querríamos hacer de todos modos. El problema es que muchos quieren que una tecnología mágica nos resuelva el problema".

Para ello, el informe señala que algunos esfuerzos de eliminación de carbono (como la forestación -plantar bosques donde antes no los había- y la conversión de tierras para el crecimiento de biocombustibles) pueden tener efectos negativos en la biodiversidad y los medios de vida locales, mientras que la fertilización de los océanos (sembrar las capas superiores del océano con nutrientes para promover el crecimiento del plancton) podría causar cambios en los ecosistemas y la acidificación de las aguas más profundas.

Para tener dos tercios de posibilidades de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2ºC, concluye el informe del IPCC, los modelos proyectan que de aquí a 2100 tendremos que achicar entre 170 000 y 900 000 millones de toneladas de dióxido de carbono de la atmósfera, para lo que podemos usar dos tecnologías, individualmente o a la vez. 

En la primera, BECCS, las plantas se queman en las centrales eléctricas y el CO2 resultante se captura en la chimenea y se entierra bajo tierra, lo que supone una eliminación neta de CO2 de la atmósfera. En la segunda, llamada DAC, las máquinas aspiran literalmente el CO2 del aire mediante una reacción química.

Ambas tecnologías tienen serios inconvenientes, según los críticos: cultivar suficientes plantas para la BECCS supondría destinar enormes extensiones de tierra de cultivo a los biocampos. Y la DAC sigue siendo extremadamente cara.

(Relacionado: La COP26 llega a su fin con nuevos acuerdos, pero idéntica frustración)

Urgente pero no imposible

Calificando el informe de "momento decisivo para nuestro planeta", John Kerry, el enviado presidencial especial de EE.UU. para el clima, dice que muestra que "actualmente nos estamos quedando cortos en nuestra batalla para evitar las peores consecuencias de la crisis climática". Pero, añade, "tenemos las herramientas necesarias para alcanzar nuestros objetivos, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a la mitad para 2030, alcanzar el nivel cero en 2050 y asegurar un planeta más sano y limpio".

A pesar de la urgencia inherente a las conclusiones del informe, Barron advierte que no hay que asumir que, si las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando más allá de 2025, la batalla está esencialmente perdida.

"Incluso si pasamos de 1,5°C, cada décima de grado que podamos mantener las temperaturas por debajo de los 2 grados va a suponer una tremenda reducción de la cantidad de sufrimiento humano", señala. "Realmente tenemos que acelerar lo que estamos haciendo de forma drástica en todos los frentes, y cuanto más esperemos en ello, más daños climáticos sufriremos".

"La mayor incertidumbre del informe del IPCC es qué hará la gente, y eso no está fuera de nuestro control. Podemos elegir entre un camino o el otro. La cuestión es cuánto va a luchar la gente por ello".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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