¿Qué daños producen los microplásticos para el ser humano?

La comunidad científica aún no se ha puesto de acuerdo, pero hay investigadores aseguran que existen motivos para la preocupación.

Publicado 26 abr 2022 11:11 CEST
Algunas partículas de plástico diminutas (llamadas microplásticos) se añaden a algunos geles exfoliantes para el cuidado ...

Algunas partículas de plástico diminutas (llamadas microplásticos) se añaden a algunos geles exfoliantes para el cuidado de la piel. De ahí pasan al medio ambiente y pueden entrar en nuestro cuerpo.

Fotografía de Alexander Stein, JOKER/ullstein bild/Getty Images

Mientras los residuos de plástico proliferan en todo el mundo, una pregunta esencial sigue sin respuesta: ¿Qué daño, si es que hay alguno, causan a la salud humana?

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Hace unos años, cuando los microplásticos empezaron a aparecer en las vísceras de los peces y mariscos, la preocupación se centró en la seguridad de los productos del mar. Los mariscos eran una preocupación especial, porque en su caso, a diferencia del pescado, nos comemos el animal entero, incluido el estómago y los microplásticos que pueda contener. En 2017, científicos belgas anunciaron que los amantes del marisco podían consumir hasta 11 000 partículas de plástico al año al comer mejillones, un plato estrella en ese país.

Para entonces, sin embargo, los científicos ya entendían que los plásticos se fragmentan continuamente en el medio ambiente, desmenuzándose con el tiempo en fibras incluso más pequeñas que un pelo humano (partículas tan pequeñas que se transportan fácilmente por el aire). Un equipo de la Universidad de Plymouth, en el Reino Unido, decidió comparar la amenaza de comer mejillones silvestres contaminados en Escocia con la de respirar el aire de una casa típica. Su conclusión: la gente ingerirá más plástico durante una cena de mejillones al inhalar o ingerir diminutas fibras de plástico invisibles que flotan en el aire a su alrededor, fibras desprendidas por su propia ropa, alfombras y tapicería, que al comer los mejillones.

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Una muestra recogida en Hawái que contiene organismos vivos y plástico.

Fotografía de David Liittschwager, Nat Geo Image Collection

Esta primavera, científicos de los Países Bajos y el Reino Unido anunciaron que habían encontrado diminutas partículas de plástico en seres humanos vivos, en dos lugares donde no se habían visto antes: en el interior de los pulmones de pacientes quirúrgicos y en la sangre de donantes anónimos. Ninguno de los dos estudios respondía a la cuestión de los posibles daños. Pero juntos marcaron un cambio en el enfoque de la preocupación por los plásticos hacia la nube de partículas de polvo en el aire en la que vivimos, algunas de ellas tan pequeñas que pueden penetrar en lo más profundo del cuerpo e incluso en el interior de las células, de formas que los microplásticos más grandes no pueden.

Dick Vethaak, profesor emérito de ecotoxicología de la Universidad Libre de Ámsterdam y coautor del estudio sobre la sangre, no considera que sus resultados sean alarmantes, exactamente, "pero, sí, deberíamos estar preocupados. Los plásticos no deberían estar en la sangre".

"Vivimos en un mundo de múltiples partículas", añade, en alusión al polvo, el polen y el hollín que los humanos también respiran a diario. "El truco es averiguar en qué medida los plásticos contribuyen a esa carga de partículas y qué significa eso".

El daño es lo difícil

Los científicos llevan un cuarto de siglo estudiando los microplásticos, definidos como partículas que miden menos de cinco milímetros. Richard Thompson, científico marino de la Universidad de Plymouth, acuñó el término en 2004 tras encontrar montones de trozos de plástico del tamaño de un arroz sobre la orilla de una playa inglesa. En los años siguientes, los científicos localizaron microplásticos en todo el mundo, desde el fondo de la Fosa de las Marianas hasta la cima del Monte Everest.

Los microplásticos están en la sal, la cerveza, las frutas y verduras frescas y el agua potable. Las partículas transportadas por el aire pueden dar la vuelta al globo en cuestión de días y caer del cielo como una lluvia. Las expediciones marítimas para contar los microplásticos en el océano arrojan cifras incomprensibles, que se han multiplicado con el tiempo a medida que más toneladas de residuos plásticos entran en los océanos cada año y se desintegran. Un recuento revisado por expertos y publicado en 2014 cifraba el total en cinco billones. En el último recuento, realizado el año pasado, científicos japoneses de la Universidad de Kyushu calcularon 24,4 billones de microplásticos en la parte superior de los océanos del mundo, el equivalente a unos 30 000 millones de botellas de agua de medio litro, una cifra en sí misma difícil de comprender.

"Cuando empecé a hacer este trabajo en 2014, los únicos estudios que se hacían consistían en buscar dónde estaban", dice Alice Horton, científica marina del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido especializada en la contaminación por microplásticos. "Ya podemos dejar de buscar. Sabemos que donde miremos, los encontraremos".

Pero determinar si causan daños es mucho más difícil. Los plásticos están hechos de una compleja combinación de sustancias químicas, incluidos los aditivos que les dan fuerza y flexibilidad. Tanto los plásticos como los aditivos químicos pueden ser tóxicos. El análisis más reciente ha identificado más de 10 000 sustancias químicas únicas utilizadas en los plásticos, de las cuales más de 2400 son potencialmente preocupantes, afirma Scott Coffin, científico investigador de la Junta Estatal de Control de Recursos Hídricos de California (Estados Unidos). Muchos de ellos "no están adecuadamente regulados" en muchos países, dice el estudio, e incluye 901 sustancias químicas cuyo uso en los envases de alimentos no está aprobado en algunas jurisdicciones.

Felix Weber, investigador asociado del Instituto de Ingeniería Medioambiental y de Procesos de la Universidad de Ciencias Aplicadas de RhineMain (Alemania), se sienta delante de una imagen de un microscopio 3D con partículas de plástico.

Fotografía de Arne Dedert, picture alliance/Getty Images

Los aditivos también pueden filtrarse al agua: un estudio descubrió que hasta el 88% podía filtrarse, dependiendo de factores como la luz solar y el tiempo. El mismo estudio encontró hasta 8681 sustancias químicas y aditivos únicos asociados a un solo producto de plástico. Determinar qué combinaciones químicas concretas son problemáticas, y encontrar el nivel y la duración de la exposición que provoca daños en un potingue tan enrevesado no es tarea fácil.

"Se puede encontrar una correlación, pero sería difícil encontrar una causalidad debido a la gran cantidad de productos químicos a los que estamos expuestos en nuestra vida diaria", dice Denise Hardesty, una científica que ha estudiado los residuos plásticos durante 15 años en la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth de Australia.

Janice Brahney, bioquímica de la Universidad Estatal de Utah (EE. UU.) que estudia cómo el polvo transporta nutrientes, patógenos y contaminantes, dice estar preocupada porque la producción de plástico sigue aumentando drásticamente, mientras que se desconoce mucho sobre los microplásticos. En 2020, se fabricaron 367 millones de toneladas métricas de plásticos, una cantidad que se prevé que se triplique para 2050. "Es alarmante porque estamos muy metidos en este problema y todavía no entendemos las consecuencias, y va a ser muy difícil dar marcha atrás si tenemos que hacerlo", afirma.

El American Chemical Council (ACC), un grupo comercial de la industria, mantiene una larga colección de declaraciones en su sitio web que explican la composición química de varios plásticos y refutan las afirmaciones de la investigación de que ciertos plásticos son tóxicos.

No, los microplásticos no son la "nueva lluvia ácida". Ni de lejos", dijo el consejo en respuesta a la cobertura mediática del artículo de Brahney para 2020, publicado en Science, que estimaba que 11 000 millones de toneladas métricas de plástico se acumularán en el medio ambiente para 2025 (Brahney calculó que, sólo en el oeste de EE.UU., más de 1000 toneladas métricas de pequeñas partículas son transportadas por el viento y caen al aire cada año).

El ACC también criticó ese hallazgo, diciendo: "La cantidad de microplásticos en el medio ambiente representa sólo el 4 por ciento de las partículas recogidas en promedio... El otro 96 por ciento está compuesto por materiales naturales como minerales, tierra y arena, partes de insectos, polen y más".

Mientras tanto, la ACC dijo a través de un portavoz que ha lanzado un programa de investigación para ayudar a responder a las preguntas pendientes de los microplásticos, incluyendo las que rodean el polvo doméstico, y ayudar a establecer un intercambio global de investigación de microplásticos entre universidades, instituciones de investigación y la industria. El trabajo previsto incluirá el examen del destino medioambiental y las posibles vías de exposición a los microplásticos, la identificación de posibles peligros y el desarrollo de un marco para evaluar el riesgo. Los resultados se publicarán en los próximos años.

El tema es tan complicado y controvertido, dice Hardesty, que incluso la definición de daño es a veces objeto de debate. ¿Debemos preocuparnos sólo por los efectos de los microplásticos en la salud humana? ¿Y el daño que pueden causar a los animales y a los ecosistemas?

Los plásticos en los animales

La búsqueda de los posibles daños de los plásticos comenzó en realidad con estudios en animales hace unos 40 años, cuando los biólogos marinos que estudiaban la dieta de las aves marinas empezaron a encontrar plástico en sus estómagos. A medida que más fauna marina empezó a verse afectada por los plásticos, bien por enredo o por ingestión, los estudios se ampliaron más allá de las aves a otras especies marinas, así como a ratas y ratones.

En 2012, el Convenio sobre la Diversidad Biológica de Montreal declaró que las siete especies de tortugas marinas, el 45% de las especies de mamíferos marinos y el 21% de las especies de aves marinas se veían afectadas por comer o enredarse en plástico. Ese mismo año, 10 científicos pidieron sin éxito a las naciones del mundo que clasificaran oficialmente el plástico más dañino como peligroso, lo que daría a sus organismos reguladores "el poder de restaurar los hábitats afectados".

En la década transcurrida, las cifras y los riesgos para los animales han empeorado. Más de 700 especies están afectadas por los plásticos. Es probable que cientos de millones de aves silvestres hayan consumido plástico, según los científicos, y se prevé que a mediados de siglo todas las especies de aves marinas del planeta lo estén comiendo. Se cree que algunas poblaciones de aves ya están amenazadas por la exposición generalizada a las sustancias químicas que alteran el sistema endocrino contenidas en los plásticos. Los estudios de laboratorio con peces han descubierto que los plásticos pueden dañar los sistemas reproductivos y estresar el hígado.

Los polluelos de codorniz japonesa que participaron en un estudio (los resultados se muestran aquí) alimentados con microplásticos no eran más propensos que los no expuestos a enfermar, morir o tener problemas de reproducción, aunque sí mostraron pequeños retrasos en el crecimiento.

Fotografía de Lauren Roman

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Los estudios en animales han demostrado la ubicuidad de los residuos plásticos y han ayudado a informar la investigación sobre sus posibles efectos fisiológicos y toxicológicos en los seres humanos.

Por ejemplo, aunque las toxinas de los plásticos pueden causar efectos adversos en la salud de las aves, un estudio australiano realizado en 2019, en el que se alimentó deliberadamente a polluelos de codorniz japonesa con dichas toxinas, descubrió lo contrario: los polluelos sufrieron retrasos menores en el crecimiento y la maduración, pero no fueron más propensos que los polluelos no expuestos a enfermar, morir o tener problemas de reproducción. Los resultados sorprendieron a los científicos, que los calificaron de "primera prueba experimental" de que los efectos toxicológicos y endocrinos "pueden no ser tan graves como se temía para los millones de aves" que llevan pequeñas cargas de plásticos en sus estómagos.

Hardesty, uno de los coautores, afirma que el estudio sobre la codorniz sirve de recordatorio de que evaluar la amenaza que supone la exposición a los microplásticos "no es tan sencillo". En particular, dice, la dificultad para encontrar pruebas claras de daño en las codornices "realmente pone de relieve que todavía no somos capaces de responder a la pregunta de cuál es el impacto de comer plástico para los seres humanos de una manera definitiva."

Los plásticos en los humanos

Medir los posibles efectos adversos de los plásticos en los humanos es mucho más difícil que en los animales: a diferencia de las codornices y los peces, los sujetos humanos no pueden ser alimentados intencionadamente con una dieta de plásticos. En las pruebas de laboratorio, se ha demostrado que los microplásticos causan daños en las células humanas, incluidas las reacciones alérgicas y la muerte celular. Pero hasta ahora no ha habido estudios epidemiológicos que documenten, en un grupo grande de personas, una conexión entre la exposición a los microplásticos y los impactos en la salud.

En cambio, la investigación ha involucrado a pequeños grupos de personas, un factor que limita las conclusiones que se pueden extraer más allá de identificar la presencia de microplásticos en diferentes partes del cuerpo. Un estudio de 2018 encontró microplásticos en las heces de ocho personas. Otro estudio documentó la presencia de microplásticos en las placentas de bebés no nacidos.

El reciente estudio de Vethaak y sus colegas encontró plásticos en la sangre de 17 de 22 donantes de sangre sanos; el estudio de los pulmones encontró microplásticos en 11 de 13 muestras de pulmón tomadas de 11 pacientes. No se sabe prácticamente nada de ninguno de los dos grupos que pueda ayudar a determinar el nivel y la duración de la exposición, dos atributos esenciales para determinar el daño.

En ambos estudios, las partículas de plástico encontradas eran principalmente nanoplásticos, que tienen un tamaño inferior a un micrómetro. Las encontradas en el estudio de sangre eran lo suficientemente pequeñas como para haber sido inhaladas, aunque Vethaak dice que también es posible que hayan sido ingeridas. No está claro si esas partículas pueden pasar de la sangre a otros órganos, especialmente al cerebro, que está protegido por una red única y densa de células que forman una barrera.

"Sabemos que las partículas pueden ser transportadas por todo el cuerpo a través del riego sanguíneo", dice Vethaak. El estudio es uno de los 15 estudios de investigación sobre microplásticos que está llevando a cabo la Organización Nacional Holandesa para la Investigación y el Desarrollo de la Salud.

El estudio sobre los pulmones, realizado en la Universidad de Hull (Reino Unido), demostró lo intrusivas que pueden ser las partículas en el aire. Aunque los científicos esperaban encontrar fibras de plástico en los pulmones de los pacientes quirúrgicos (investigaciones anteriores las habían documentado en cadáveres), se quedaron sorprendidos al encontrar el mayor número, de diversas formas y tamaños, incrustadas en lo más profundo del lóbulo inferior del pulmón. Una de las fibras medía dos milímetros.

"No se esperaría encontrar microplásticos en las partes más pequeñas del pulmón con el diámetro más pequeño", dice la ecóloga ambiental de Hull Jeannette Rotchell. El estudio, dice, permite a su equipo pasar al siguiente nivel de preguntas y realizar estudios de laboratorio utilizando células o cultivos de tejidos de células pulmonares para descubrir los efectos de los microplásticos que encontraron.

"Hay muchas más preguntas", dice. "Me gustaría saber a qué niveles estamos expuestos a lo largo de nuestra vida. Qué microplásticos estamos respirando cada día, ya sea trabajando en casa, yendo a la oficina, al aire libre, montando en bicicleta, corriendo, en diferentes entornos. Hay un gran vacío de conocimiento".

La cuestión del daño

Los científicos no andan totalmente a ciegas en la oscuridad. Existen numerosas investigaciones sobre las toxinas presentes en los plásticos, así como sobre las enfermedades pulmonares, desde el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) hasta el cáncer, que matan a millones de personas cada año y se han relacionado con la exposición a otros contaminantes. La Asociación Americana del Pulmón, en su último informe, declaró que la EPOC, resultado de la inflamación crónica, es la cuarta causa de muerte en Estados Unidos.

Los seres humanos inhalan una variedad de partículas extrañas todos los días y lo han hecho desde los albores de la Revolución Industrial. La primera respuesta del cuerpo es encontrar una forma de expulsarlas. Las partículas grandes en las vías respiratorias suelen ser expulsadas al toser. La mucosidad se forma alrededor de las partículas que se encuentran más abajo en el tracto respiratorio, creando un "ascensor" de mucosidad que las impulsa de nuevo hacia las vías respiratorias superiores para ser expulsadas. Las células inmunitarias rodean las que quedan para aislarlas.

Con el tiempo, esas partículas pueden provocar una irritación que conduzca a una serie de síntomas en cascada que van desde la inflamación hasta la infección y el cáncer. O bien, podrían permanecer como una presencia inerte y no hacer nada.

Las partículas identificadas en el estudio de los pulmones están hechas de plásticos que se sabe que son tóxicos para los humanos y que han causado irritación pulmonar, mareos, dolores de cabeza, asma y cáncer, dice Kari Nadeau, médico y director de investigación de alergias y asma en la Universidad de Stanford (en Estados Unidos). La doctora marcó los síntomas al repasar la lista de fibras publicadas en el estudio.

"Ya lo sabemos por otros artículos publicados", dice. "Basta con respirar un minuto de poliuretano para empezar a tener sibilancias".

Lo que los científicos no saben es si las partículas de plástico en el pulmón cumplirían el nivel y la duración de la exposición para cruzar el umbral de daño.

Si esas partículas "causan directamente el asma durante toda la vida de alguien, eso sería difícil de probar", dice. "No digo que debamos tener miedo de estas cosas. Lo que digo es que debemos ser precavidos. Tenemos que entender que estas cosas se meten en nuestro cuerpo y que posiblemente se quedan allí durante años."

Albert Rizzo, jefe médico de la Asociación Americana del Pulmón, dice que la ciencia es demasiado confusa para sacar conclusiones. "¿Los plásticos están simplemente ahí y son inertes o van a provocar una respuesta inmunitaria del cuerpo que llevará a la cicatrización, la fibrosis o el cáncer? Sabemos que estos microplásticos están por todas partes. No sabemos si su presencia en el cuerpo conlleva un problema. La duración es muy importante. El tiempo de exposición importa".

Dice que la analogía más relevante puede ser el esfuerzo de décadas para convencer al gobierno de que fumar causa cáncer. "Cuando se obtuvieron suficientes pruebas para provocar un cambio de política, el asunto dejó de ser un secreto", dice. "Me parece que con los plásticos ocurre lo mismo. ¿Descubriremos dentro de 40 años que los microplásticos en los pulmones provocan un envejecimiento prematuro del pulmón o un enfisema? Eso no lo sabemos. Mientras tanto, ¿podemos hacer que los plásticos sean más seguros?".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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