Imágenes del hambre, la sequía y la desolación que azotan el Cuerno de África

La falta de lluvias, los conflictos, la inestabilidad y el aumento de los precios están creando niveles de inseguridad alimentaria sin precedentes y una hambruna inminente en Somalia, Kenia y Etiopía, entre otras regiones.

Khadijo Ibrahim Abikar, de 50 años, sostiene a su nieta de dos años gravemente desnutrida, Naima Adan Ali, en un centro médico apoyado por la organización de ayuda humanitaria Save the Children en Baidoa, Somalia. La fotografía fue tomada el décimo día en que Naima recibió tratamiento y su salud estaba mejorando. "Vinimos debido a la sequía", dice Abikar. "Perdimos todo nuestro ganado y la granja se vio afectada por las langostas. Antes teníamos más de 55 cabras y el ganado era de 45. Ahora sólo tenemos tres camellos y no dan leche porque están desnutridos".

Por Lynsey Addario
Publicado 4 nov 2022, 11:17 CET

En un refugio improvisado de uno de los muchos campamentos de desplazados por la implacable sequía que castiga el Cuerno de África, Edaba Yusuf vela el pequeño cuerpo de su hijo de cuatro años, Salman Mohamed Abdirahman, que ha muerto esa mañana a causa de una grave desnutrición y del sarampión. Es el tercer hijo que esta madre de ocho hijos ha perdido por el hambre en menos de cuatro semanas. 

Dos de sus hijos murieron en su pueblo, en el suroeste de Somalia, lo que llevó a la familia a viajar a Baidoa, una ciudad rodeada por el grupo islamista Al Shabaab (vinculado con Al-Quaeda), pero a la que todavía pueden acceder las agencias humanitarias que proporcionan alimentos, agua y tratamiento médico para ayudar a aliviar parte de la desesperación.

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Ahmed Ibrahim Yousef, de 75 años, ayuda a nacer a un bebé camello con una madre desnutrida y deshidratada en una aldea cercana a la frontera con Somalilandia, en el Cuerno de África.

Cadáveres de animales que murieron por desnutrición y falta de agua a causa de la actual sequía yacen abandonados a las afueras del pueblo de Usgure, en el noreste de Somalia. Los animales pertenecían a una familia de pastores que poseía 200 cabras y ovejas antes de que cesaran las lluvias. "Al principio de la sequía, perdíamos dos o tres cabras al día", dice Iqro Jama, de 20 años. "Luego nos mudamos aquí con unas 20 y perdimos la última hace unos días".

Fotografía de Lynsey Addario, National Geographic
Izquierda: Arriba:

Hamso Mohammed Mousse, de 35 años, en el centro, llena bidones de agua para ella y otras familias desplazadas después de que un camión de agua patrocinado por Save the Children llegara a un campamento de desplazados en Puntlandia, Somalia. "Nuestra supervivencia está al 50%. Estamos entre la vida y la muerte".

Derecha: Abajo:

Familias somalíes reciben una entrega de agua en un nuevo campamento para los desplazados por la actual sequía en las cercanías del pueblo de Usgure, en Puntlandia, Somalia. El país está sufriendo la peor sequía de las últimas cuatro décadas, lo que ha provocado la muerte de miles de cabezas de ganado, el desplazamiento de familias y la posibilidad de que la población sufra una hambruna.

"Tenían hambre y yo no tenía nada que vender", dice Yusuf.  "Me dije: 'déjame ir a donde pueda recibir ayuda humanitaria antes de perder al resto'".

Tres de sus cinco hijos restantes están ahora enfermos de sarampión.

La falta de lluvias, los conflictos en curso, la inestabilidad política y el aumento de los precios de los alimentos provocado por la guerra en Ucrania, están llevando el hambre y la inseguridad alimentaria a niveles críticos en los países de la parte más oriental del continente africano.

Con la peor sequía que ha afectado a la zona en cuatro décadas, muchas comunidades están experimentando niveles de escasez de alimentos sin precedentes, lo que ha provocado una emergencia de malnutrición en todo el Cuerno de África, incluyendo Kenia, Etiopía y Somalia. Más de 37 millones de personas (entre ellas unos siete millones de niños) están al borde de la hambruna, según varias organizaciones de ayuda.

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Una mujer somalí desplazada construye un nuevo refugio en el campamento de Bolo Isaack Madow en Baidoa, Somalia. Más de un millón de personas han sido desplazadas debido a la actual sequía en el país.

Izquierda: Arriba:

Mujeres etíopes regresan de recoger agua de un pozo cercano. Debido a la prolongada sequía, las mujeres suelen tener que caminar durante horas, si no días, para buscar agua para beber, cocinar y bañarse. Las mujeres de esta fotografía de mayo de 2021 tuvieron la suerte de contar con un pozo cercano construido por una de las organizaciones de ayuda de la zona.

Derecha: Abajo:

Gaas Mohammed cava un agujero para recoger agua de lluvia en una aldea de la región etíope de Afar, en mayo de 2021. Como en otros lugares del Cuerno de África, las escasas precipitaciones debidas al cambio climático han provocado una grave sequía.

Izquierda: Arriba:

En un campamento de Baidoa (Somalia), Edaba Yusuf se sienta junto al cuerpo de su hijo de cuatro años, Salman Mohamed, que ha muerto esa mañana a causa de una grave desnutrición y del sarampión. Es el tercer hijo que la madre de ocho hijos ha perdido por el hambre en menos de cuatro semanas. "Estaban hambrientos, y yo no tenía nada que vender", dice Yusuf. "Me dije: 'déjame ir a donde pueda recibir ayuda humanitaria antes de perder al resto'".

Derecha: Abajo:

Mujeres desplazadas por la sequía buscan ayuda en el campamento de Gabo Gabo, a unos 24 kilómetros de Jijiga, la capital de la región de Somalia, Etiopía, mayo de 2021.

La crisis se produce mientras los líderes mundiales se preparan para reunirse en Sharm El Sheikh (Egipto) el 6 de noviembre para la 27ª sesión de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En la COP27, los países participantes negocian sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero mientras la Tierra experimenta más desastres naturales devastadores y la extinción de especies, así como la creciente demanda de alimentos y la escasez de agua.

(Relacionado: La COP26 llega a su fin con nuevos acuerdos, pero idéntica frustración)

Mohamed Osman Weheliye, médico de urgencias, revisa a Amino Hilowle, de un año de edad, mientras su madre, Kalamo Hassan Abdi, lo observa. El centro, que cuenta con el apoyo de Save the Children, atiende a personas gravemente desnutridas.

Şahan Omer Jibrin, de 28 años y madre de ocho hijos, lleva tres meses viviendo en un campamento. Tuvo que huir de su casa en Ula Ula (Etiopía) para buscar ayuda a causa de la sequía.

Izquierda: Arriba:

Halima Awale pasea a las vacas desnutridas en una aldea de las afueras de Jijiga (Etiopía) donde Mercy Corps presta ayuda humanitaria.

Derecha: Abajo:

Ugaso Mohamed sostiene un cubo para ordeñar una de sus cabras mientras su hija, Yusra Abdulahi, ayuda a atender a los animales en una granja a las afueras de Jijiga, en la región somalí de Etiopía, en mayo de 2021. Antes de la sequía, los camellos proporcionaban hasta ocho cántaros de leche, pero "ahora no conseguimos ni siquiera uno lleno", dice Mohamed.

Sokorey Mustafa sostiene a su hijo de un año gravemente desnutrido, Dahabar Noor, tras llegar al Centro de Estabilización Sahal Macalin en Baidoa (Somalia).

"En toda África Oriental, estamos viendo que las personas que menos hicieron para causar el cambio climático son las que más sufren sus efectos", afirma Sean Granville-Ross, director regional de Mercy Corps para África. "Las comunidades están experimentando los graves impactos de la crisis climática en muchas formas, como la grave sequía. Y a la inversa, en algunas zonas, las inundaciones, los cambios en los patrones climáticos y sus impactos están socavando la producción de alimentos y los medios de vida tradicionales."

"La comunidad internacional debe actuar con rapidez y proporcionar financiación de emergencia inmediata para mantener y ampliar significativamente la respuesta para ayudar a evitar que miles de niños mueran de hambre", afirma Said Mohamud Isse, asesor nacional de medios y comunicaciones de la oficina de Save the Children en Somalia.

Las imágenes retratan una situación calamitosa.

Fatuma Yassin, de 34 años, abraza a su hijo de tres meses, Khalid, gravemente desnutrido, en el hospital de Gardo, en Puntlandia, Somalia. Yassin y sus cuatro hijos dependían de familiares pastores que les proporcionaban carne y leche de los animales. Pero al persistir la sequía, los parientes se alejaron en busca de alimentos y agua.

Somalia, que depende de las importaciones de grano de Ucrania, se enfrenta a las condiciones más extremas, ya que los precios de los alimentos y el combustible siguen aumentando con la guerra. La falta de lluvias ha diezmado las cosechas, el ganado está muriendo en gran número, más de 500 000 niños menores de cinco años están gravemente desnutridos, unas 300 000 personas se enfrentan a un nivel catastrófico de escasez de alimentos y se calcula que 1,1 millones de personas están desplazadas por la crisis actual.

La National Geographic Society, comprometida con la iluminación y la protección de las maravillas de nuestro mundo, ha financiado el trabajo de la exploradora Lynsey Addario desde 2020.

Fotografía de Illustration by Joe McKendry

En Baidoa, se calcula que hay unos 600 000 desplazados repartidos en unos 500 campamentos distintos. En uno de ellos, Khadija Muali se agacha en la calurosa sombra con docenas de otras mujeres y niños que acaban de llegar de un pueblo rural al sureste de la ciudad tras caminar durante una semana con sus hijos en busca de comida y agua. 

Muali tenía cuatro hijos cuando salió de Dinsor. Ahora tiene dos: "Mis hijos murieron en el camino por el hambre y la fatiga". Su hija de tres años, Hawa Lul, falleció el primer día de su caminata; Abdul Rasaq, de siete años, el cuarto. Otros aldeanos la ayudaron a enterrarlos en el camino.

Izquierda: Arriba:

El paisaje seco y árido de Puntlandia (Somalia), que actualmente se enfrenta a niveles críticos de inseguridad alimentaria, según Save the Children.

Derecha: Abajo:

Tras oír rumores de lluvia cerca de la frontera somalí, estos pastores de camellos caminaron 12 días para buscar, sin éxito, pastos allí, y luego 12 días de vuelta para sacar agua para sus animales de este pozo cercano a su casa.

(Relacionado: Etiopía sufre una grave crisis humanitaria: «Nunca había visto el infierno, hasta ahora»)

"Cuando ves a tu hijo llorar por falta de comida, y hay conflicto, y no hay posibilidad de trabajo ocasional", dice; "¿qué haces?".

Hafsa Mohamed Musa, madre de cinco hijos, lleva seis meses viviendo en un campo de desplazados mientras su marido intenta obtener ingresos en otro lugar.

"Estábamos entre los pastores nómadas con ganado, pero la mayoría del ganado murió en las sequías", dice, y añade que la familia había llevado antes una buena vida.

"En el pasado, había abundancia. Ordeñábamos el ganado, vendíamos algunos y sacrificábamos otros para conseguir carne. Luego vino una sequía de dos años consecutivos. Las cabras que teníamos no podían conseguir pastos", dice. "Después de la sequía, nuestra vida ha sido difícil. Vivimos de las limosnas de los benefactores".

En Etiopía, que se enfrenta a una cruenta guerra civil en el norte y a los devastadores efectos del cambio climático en el sur, también se está produciendo una grave crisis humanitaria.  La prolongada sequía ha acabado con el ganado, ha provocado desplazamientos y ha alterado la capacidad de las familias para ganarse la vida.

Al menos 5,2 millones de personas necesitan urgentemente ayuda alimentaria, unos tres millones de niños corren el riesgo de sufrir desnutrición y más de 3,5 millones no tienen acceso a agua potable.

"Cuando llegué por primera vez, bebían tanta leche... Vi a niños traviesos tirándose leche unos a otros, haciendo el tonto", dice la enfermera australiana Valerie Browning, coordinadora de programas de la Asociación de Desarrollo Pastoral de Afar en Etiopía, que ha vivido entre los nómadas de Afar durante más de tres décadas. "Ahora, la situación es tal que encontrar suficiente leche para llenar una taza para hacer té con leche es casi imposible".

Sadio Abdi Rahman Ahmed, de 50 años, se encuentra con tres de sus seis hijos cerca de su tienda de campaña en un campamento de Baidoa, Somalia. De izquierda a derecha están Faiso, de ocho años, Abdi Haffid, de tres, y Ahalan, de cinco.

La fotoperiodista Lynsey Addario pasó recientemente nueve días en Somalia para National Geographic. También viajó a Tigray (Etiopía) el año pasado para hacer una crónica sobre cómo la violencia afectaba a sus habitantes. Síguela en Instagram @lynseyaddario.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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