La amenaza oculta del cambio climático: preocupación, duelo y trauma

A medida que las catástrofes naturales empeoran y se hacen más frecuentes, el miedo a lo que nos depara el futuro es un tema cada vez más habitual en las consultas psicológicas.

Gwen Nordgren sentada junto a las ruinas de su casa de California dos meses después de que un incendio forestal la destruyera. Las catástrofes naturales, como los incendios forestales, empeoran a medida que el planeta se calienta, y las personas que viven a su paso experimentan dolor y traumas.

Fotografía de Pete Muller, Nat Geo Image Collection
Por Sarah Gibbens
Publicado 27 mar 2023, 15:15 CEST

El cambio climático está secando los ríos, potenciando los incendios forestales, elevando los mares y alterando las estaciones tal y como las conocemos. Estos cambios desastrosos en los entornos de los que dependemos para alimentarnos y cobijarnos también están perjudicando nuestra salud mental.

"La ansiedad, el dolor, la desesperación, la depresión... son fenómenos que estamos observando con frecuencia en las investigaciones. Sobre todo a medida que más gente empieza a [comprender] que el cambio climático es un fenómeno muy real", afirma Derrick Sebree, psicólogo de la Facultad de Psicología de Michigan (Estados Unidos).

Un informe de la ONU publicado recientemente señalaba que hay casos de problemas de salud mental como consecuencia del clima extremo y el aumento de las temperaturas. También advertía de que estas condiciones extremas solo van a empeorar. En 2017, la Asociación Americana de Psicología argumentó que los expertos en traumas y los terapeutas serán casi tan esenciales como los centros de refrigeración y los hogares elevados para ayudar a las personas a hacer frente a un planeta cambiante.

Esto es lo que hay que saber sobre lo que el cambio climático está haciendo a nuestra salud mental y lo que se puede hacer para tratarlo.

(Relacionado: ¿Qué es el calentamiento global?)

TEPT: las secuelas del trauma

Cuando el huracán Katrina azotó Nueva Orleans, la tormenta y las inundaciones resultantes mataron a casi 2000 personas y destruyeron casi 300 000 hogares. Tras el paso del huracán, un estudio realizado entre 400 personas reveló que una cuarta parte de ellas sufrió estrés postraumático durante los dos años siguientes a la tormenta.

Los terapeutas que tratan a supervivientes de catástrofes naturales afirman que los problemas de salud mental no siempre aparecen inmediatamente.

"Alguien puede pensar que se encuentra muy bien y, dos o tres años después, boom, resulta que no", dice Dix Moore-Broussard, terapeuta que vivió el Katrina y trató a quienes sufrieron TEPT por ello.

Además de los síntomas típicos del TEPT (pesadillas, recuerdos, ansiedad), Moore-Broussard afirma haber visto pacientes con "ansiedad anticipatoria", una intensa preocupación por lo que podría ocurrir en el futuro. Y los síntomas podían aparecer de forma inesperada o ser provocados por condiciones meteorológicas que recordaban a los huracanes.

"He trabajado con niños que no podían soportar una tormenta eléctrica", dice.

Este tipo de trauma puede alterar el funcionamiento normal del cerebro, según un estudio publicado recientemente en el que se analizaban las repercusiones de los incendios forestales en la salud mental. Las personas afectadas por incendios forestales tenían dificultades para concentrarse y procesar sus pensamientos.

"En los últimos cuatro o cinco años, a medida que los efectos del cambio climático se han vuelto menos abstractos y más reales, la ansiedad ecológica ha pasado de afectar a personas muy preocupadas por el medio ambiente a convertirse en un problema generalizado", afirma Thomas Doherty, psicólogo especializado en cambio climático.

Tras una ola de calor sin precedentes en 2021, los habitantes de la Columbia Británica (Canadá) eran hasta un 40% más propensos a manifestar ansiedad climática.

Entre los jóvenes, la ansiedad sobre cómo el cambio climático determinará el futuro es un problema especialmente acuciante.

Una encuesta realizada a 10 000 jóvenes de 16 a 25 años de 10 países reveló que el 59% estaba muy preocupado por el cambio climático y el 84%, al menos moderadamente.

Los sentimientos negativos empeoraban, según la misma encuesta, cuando la gente tenía la sensación de que sus Gobiernos ignoraban el cambio climático o hacían muy poco para abordarlo.

Las altas temperaturas se han asociado con la violencia, el abuso del alcohol y el suicidio. El calor puede hacer que nos sintamos incómodos, sedientos y agotados. También puede dificultar un sueño reparador, un problema asociado a una mala salud mental.

"Es una fuente de estrés, sabes que estás incómodo", dice Susan Clayton, experta en cambio climático y psicología del College of Wooster (Estados Unidos). "Si alguien choca contigo, es más probable que saltes y pienses: 'Ese imbécil lo ha hecho a propósito'".

A medida que el cambio climático hace que las olas de calor como las que se vieron en el Pacífico Noroeste estadounidense en 2021 y Pakistán en 2022 sean más comunes, podría provocar más suicidios. Un estudio de 2018 publicado en la revista Nature Climate Change proyectó que los futuros aumentos en el clima cálido podrían contribuir a más de 20 000 suicidios en exceso en los Estados Unidos y México en los próximos 30 años.

"La amenaza para la salud humana es grande", dice el autor del estudio Marshall Burke, experto en política ambiental de Stanford. "Creo que es una de las mayores motivaciones para hacer algo contra el cambio climático".

Aunque un caluroso día de verano invada toda una ciudad, no todas sus partes lo sienten por igual.

"Las poblaciones urbanas y las de bajos ingresos suelen estar más expuestas al calor extremo", dice Sebree. "No puedes escapar de él a menos que tengas recursos".

Los estudios demuestran que los barrios marginales experimentan temperaturas más altas y tienen menos acceso a la sombra.

Muchas víctimas de catástrofes climáticas han visto sus hogares destruidos en un instante, pero otras han tenido que presenciar cómo el entorno que las rodea se transforma lentamente hasta quedar irreconocible.

Al igual que con la "ecoansiedad", los científicos han acuñado una nueva expresión para describir este tipo único de dolor: la solastalgia. Se ha descrito como un tipo de nostalgia que uno puede sentir por su hogar a pesar de no haberlo abandonado.

Para documentar cómo estos cambios minan el bienestar de una persona, los científicos dedicaron un año a realizar 72 entrevistas en profundidad a la comunidad inuit de Canadá. En comunidades indígenas como éstas, donde la gente depende de la caza y la pesca para sobrevivir, y donde las familias han echado raíces durante generaciones, el cambio climático está haciendo que el hogar parezca extraño.

Rigolet, donde se realizaron las entrevistas, se encuentra en la costa oriental de Canadá, justo frente a Groenlandia. El 98% de los participantes en el estudio manifestaron un profundo amor por su tierra, y muchas de las entrevistas revelaron que los cambios medioambientales perjudicaban la salud mental y emocional.

Estos cambios repentinos y profundos dejan a las comunidades en estado de agitación. Otro estudio sobre las comunidades indígenas del Ártico canadiense reveló que las tasas de suicidio eran "alarmantemente altas" en el Ártico.

Los psicólogos se toman en serio el cambio climático. En Estados Unidos, la Alianza de Psicología Climática ayuda a los pacientes a encontrar terapeutas locales que hayan manifestado su interés por tratar trastornos relacionados con el clima.

La Organización Mundial de la Salud ha animado a los países a integrar la salud mental en sus políticas de respuesta al cambio climático.

Los profesionales de la salud mental utilizan cada vez más la naturaleza en sus recetas. Desde el senderismo hasta el arte japonés de los baños de bosque están ayudando a tratar a personas cuyas enfermedades tienen su origen en el mundo exterior.

"Las personas que sufren ansiedad climática tienden a preocuparse por el medio ambiente y pueden beneficiarse de pasar tiempo al aire libre", afirma Clayton.

Los estudios demuestran que pasar tiempo en la naturaleza mejora no sólo trastornos mentales como la depresión y la ansiedad, sino también trastornos físicos como el asma y la hipertensión.

"La terapia al aire libre ayuda a las personas a comprender su conexión con el medio ambiente y la naturaleza", afirma Sebree. "Aumenta el bienestar mejora el sentido de uno mismo, la idea de que uno forma parte de algo. Para algunos hay un elemento espiritual. Ofrece una profunda conexión con ellos mismos, con otras personas y con las criaturas".

Ponerse en contacto con un terapeuta o incluso con un amigo para compartir las preocupaciones sobre el cambio climático también puede ayudar.

"Muchas personas que sufren estrés por el cambio climático afirman que no siempre se les toma en serio", dice Clayton. "El mero hecho de que sea reconocido es importante. Que alguien diga sí, tienes razón al preocuparte por esto".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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