¿Qué es la acidificación de los océanos y por qué se produce?

El exceso de dióxido de carbono está teniendo efectos graves en el agua de nuestros mares, incluso está poniendo en peligro a los animales con caparazón. Te explicamos cómo se produce este proceso.

Por Alejandra Borunda
Un caballito de mar.

A medida que el océano se vuelve más ácido, las criaturas marinas experimentan un estrés adicional.

Fotografía de Cassie Jensen, National Geographic Your Shot

Los océanos se están volviendo más ácidos, y los científicos creen que el cambio está ocurriendo más rápido que en cualquier otro momento de la historia geológica

Es una mala noticia para la mayoría de las criaturas que viven en el océano, muchas de las cuales son sensibles a los sutiles cambios de acidez de su hábitat acuático. Es especialmente problemático para los corales, las ostras y otras criaturas con delicados caparazones o esqueletos de carbonato, que se debilitan incluso con cambios muy leves en el equilibrio ácido del océano, de forma similar a cómo la lluvia ácida corroe las gárgolas de piedra y los edificios de piedra caliza. 

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El culpable de la acidificación es el dióxido de carbono adicional que los seres humanos han ido acumulando en la atmósfera mediante la quema de combustibles fósiles, la tala de bosques y otras acciones. 

(Relacionado: La acidez del océano aumenta: ¿qué significa?)

El carbono es el culpable 

Los océanos siempre han absorbido y escupido dióxido de carbono, trasladando el carbono de la atmósfera al agua; no obstante, el intercambio se producía con lentitud, generalmente a lo largo de miles o decenas de miles de años. 

Los seres humanos han perturbado ese lento intercambio. Desde el inicio de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII, los humanos han añadido unos 400 000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera. Se trata de una consecuencia directa de las enormes cantidades de combustibles fósiles que quemamos para obtener energía, los árboles que se han talado, el cemento que hemos fabricado, etc. 

La mayor parte de ese carbono, en forma de gas de dióxido de carbono (CO2), permanece en la atmósfera, donde atrapa el calor y contribuye al calentamiento del planeta, pero cada año el océano absorbe alrededor del 25 % de todo el CO2 extra emitido. En los últimos cientos de años, alrededor del 30 % de todo el exceso de dióxido de carbono que han añadido los humanos a la atmósfera se ha filtrado a los océanos.

Esto es beneficioso para la atmósfera. Sin ese aporte adicional de dióxido de carbono, el planeta se habría calentado aún más de lo que ya lo ha hecho. Sin embargo, es una mala noticia para los océanos. 

Los océanos se acidifican en un abrir y cerrar de ojos geológico

A finales del siglo XVIII, los océanos se habían equilibrado para pasar a ser ligeramente alcalinos, con un pH de aproximadamente 8,1, más o menos el mismo nivel de acidez que una clara de huevo (los elementos más ácidos se sitúan en la parte inferior de la escala de pH. El agua perfectamente destilada tiene un valor de 7 en la escala de pH; el zumo de limón y el vinagre tienen un valor que oscila entre 2 y 3). 

El pH del océano ha variado en escalas de tiempo geológicas. Durante las etapas frías del pasado del planeta, subió (se volvió más alcalino) en unas 0,2 unidades de pH, y bajó (se volvió más ácido) en la misma cantidad cuando el planeta se calentó. Pero esos cambios tardaron decenas de miles de años en producirse, tiempo suficiente para que las criaturas que viven en los mares se adaptaran al cambio.

Galería: Las áreas marinas protegidas del mundo

Los océanos superficiales han registrado un descenso de aproximadamente 0,1 unidades de pH desde el inicio de la Revolución Industrial, un abrir y cerrar de ojos en el tiempo geológico o evolutivo. Aunque 0,1 unidades no parezcan un gran cambio, son significativas: dado que la escala de pH es logarítmica (como la escala de Richter para los terremotos), ese pequeño cambio supone que el agua es un 28 % más ácida que antes.

El futuro no es halagüeño 

Este rápido cambio está estresando a las criaturas que viven en el mar. Ablanda las conchas de las vieiras. Ralentiza la muda de cangrejos, langostas y otros crustáceos. Debilita los corales. Confunde a los peces, perturbando su sentido del olfato. Incluso puede cambiar la forma en que los sonidos se transmiten a través del agua, volviendo ligeramente más ruidoso al entorno submarino

El futuro depara aún más desafíos. Para 2050, los científicos predicen que el 86 % de los océanos del mundo estarán más calientes y serán más ácidos que nunca en la historia moderna. Para el año 2100, el pH de la superficie del océano podría descender por debajo de 7,8; es decir, más de un 150 % en comparación con el estado actual, que ya es corrosivo, y potencialmente aún más, en algunas zonas especialmente sensibles del planeta, como el océano Ártico

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com

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