Animales

El insecto que nace «prácticamente embarazado» y otros animales con una madurez sexual temprana

Muchos animales salvajes tienen bebés cuando son extremadamente jóvenes.Thursday, November 9, 2017

Por Liz Langley
Unos pequeños áfidos sin alas se agrupan sobre una hoja en Richmond, Virginia, en 2011.

Los primates somos un poco lentos en lo que a madurez sexual se refiere: algunos, de hecho, todavía se ríen al escuchar la palabra «pene» con 50 años.

Bromas aparte, la madurez sexual es la edad a la que un animal puede reproducirse, y muchos animales pueden alcanzarla en etapas increíblemente tempranas. Esta semana hemos investigado los animales que producen crías siendo muy precoces.

Los áfidos

Los áfidos, pequeños insectos que se pueden encontrar por todo el mundo, «básicamente nacen embarazados», afirma Ed Spevak, conservador de invertebrados en el zoo de Saint Louis.

Los áfidos presentan reproducción asexual y producen «réplicas en miniatura de sí mismos», según Spevak, «como los Tribbles de la antigua serie Stark Trek».

De hecho, una hembra recién nacida ya tiene huevos creciendo dentro de ella.

Los áfidos también emplean la reproducción asexual cuando su entorno se vuelve impredecible —como puede ocurrir con el clima—. Esto asegura que las crías presenten una mayor diversidad genética, y que por tanto sean más sanas y resistentes.

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El axolote

El axolote, la adorable salamandra mexicana, padece un caso físico del síndrome de Peter Pan.

El axolote (en la fotografía, un ejemplar del zoo de Detroit) mantiene su estado larval durante toda su vida.

Los anfibios permanecen en estado larval durante toda su vida y se reproducen por paedogénesis, que es la «capacidad de reproducirse en las etapas larvarias o previas a la adultez», afirma Spevak. Pueden reproducirse entre seis meses y un año después de nacer.

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La jutía de Cabrera

«Algunos animales alcanzan su madurez sexual basándose en el tamaño de su cuerpo en vez de en la edad», explica en un email Rebecca Bearman, conservadora auxiliar del zoo de Atlanta.

Por ejemplo, las jutías de Cabrera hembra, un roedor cubano que se parece a un puercoespín, alcanzan la madurez sexual cuando pesan exactamente 335 gramos, mientras que los machos la alcanzan con 299 gramos.

La vizacha montesa

En otros casos, la edad es relativa.

La vizacha montesa, un roedor endémico de Sudamérica, «alcanza la madurez sexual con siete meses, pero solo vive entre dos y tres años», explica Bearman.

Esto sería como si nosotros alcanzásemos la madurez sexual a los 35 años.

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El adax

Los factores sociales o culturales también pueden desalentar o impedir que los animales en edad reproductiva se reproduzcan, algo que también ocurre en humanos.

El adax, una especie en peligro de extinción que ocupa una pequeña franja del desierto del Sáhara, «puede reproducirse con diez meses de edad; sin embargo, la reproducción tiene más éxito cuando tienen tres años o más», explica Spevak, que ha estudiado los hábitos de apareamiento de estos animales.

Esto se debe a que los machos dominantes marcan sus territorios y evitan que los machos más jóvenes se reproduzcan (aunque algunos logran colarse y aparearse de todas formas).

Un conejo de Florida, Sylvilagus floridanus, se come una flor.

El conejo de cola de algodón

Los conejos son célebres por ser prolíficos, y no por una buena razón: los conejos de cola de algodón, comunes en Norteamérica, pueden empezar a reproducirse con dos meses de edad, según explica por email Steve Lukefahr, biólogo en la Universidad de Texas A&M.

No sólo eso, sino que su gestación es muy breve: solo dura un mes y seguidamente vuelven a la acción.

«En las 24 horas posteriores a dar a luz, un conejo hembra puede reproducirse de nuevo y quedarse embarazado», afirma Lukefahr.

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La polilla de cecropia

Muchos insectos tienen una infancia larga, pero una vida adulta extremadamente corta. Las polillas de cecropia de Norteamérica, por ejemplo, pasan dos meses en estado larval pero menos de 10 días como adultos.

Una colorida polilla de cecropia, Hyalophora cecropia, descansa sobre el suelo del bosque.

«Los adultos no se alimentan, ya que no tienen un sistema digestivo completo», afirma Spevak. Lo único a lo que se dedican es a encontrar pareja

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