¿Puede sobrevivir este mochuelo en uno de los estados que más rápido crecen de Estados Unidos?

Los conservacionistas quieren que una subespecie del mochuelo caburé regrese a la lista de especies en peligro de extinción, pero los opositores lo consideran innecesario.

Tuesday, June 30, 2020,
Por Shaena Montanari
Glaucidium brasilianum cactorum

Un mochuelo caburé de la subespecie Glaucidium brasilianum cactorum se asoma de un saguaro. Estas aves anidan en las cavidades de estos cactus.

Fotografía de Aaron Flesch

En un valle desértico a las afueras de Tucson, Arizona, vive en feroz depredador que pesa menos que una baraja de cartas. El Glaucidium brasilianum cactorum, una subespecie de mochuelo caburé, anida en los icónicos saguaros del desierto de Sonora y abate a presas que le doblan en tamaño. «Es la rapaz más feroz con la que he trabajado», afirma el biólogo Michael Ingraldi, del Departamento de Caza y Pesca de Arizona.

Sin embargo, esta ave de 15 centímetros de alto y de penetrante mirada áurea no es rival para la expansión urbana, la construcción del muro fronterizo y el cambio climático, enemigos que la rodean en todos los frentes y ponen en peligro su existencia en la parte más septentrional de su área de distribución.

El G. b. cactorum solo vive en Arizona, el norte de México y una pequeña parte del sur de Texas. A principios del siglo XX, el ave llegaba hasta Phoenix, más al norte, pero ahora su área de distribución en Arizona se ha quedado reducida a una sola zona: el valle del Altar, de 32 kilómetros de ancho, que se extiende hasta la frontera entre México y Estados Unidos. Con el aumento de la población en Arizona —uno de los estados que crecen más rápido—, la construcción de nuevas viviendas ha transformado el desierto y arrasado los mezquites y los cactus que necesitan estos mochuelos monógamos para criar a sus polluelos.

Para principios de los años noventa, la población había descendido a un par de docenas de individuos, lo que hizo que el Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS) incluyera la subespecie en la Lista de Especies en peligro de extinción en 1997. Pero en 2006, tras una demanda de la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas, el gobierno federal eliminó al animal de la lista, alegando que su protección era innecesaria para salvar a la subespecie en su conjunto.

El Centro para la Diversidad Biológica y Defenders of Wildlife presentaron otra demanda y los litigios con el Departamento del Interior se prolongaron más de una década. En noviembre de 2019, el tribunal del distrito de Arizona concedió al USFWS un plazo hasta agosto de 2021 para evaluar si esta ave de color marrón rojizo debería volver o no a la lista de especies en peligro de extinción.

Los defensores que han luchado por el animal durante la última década sostienen que necesita la ayuda adicional que conlleva la protección federal. Incluir a la subespecie en la lista «reportaría muchos beneficios al desierto de Sonora y al mochuelo», afirma Noah Greenwald, director de especies en peligro de extinción del Centro para la Diversidad Biológica con sede en Tucson. Entre estos beneficios figuran reservar su hábitat y supervisar la población del mochuelo más minuciosamente.

Los saguaros, que pueden alcanzar los 12 metros de alto, son autóctonos del desierto de Sonora de Arizona.

Fotografía de Todd Gipstein, Nat Geo Image Collection

Scott Richardson, biólogo supervisor de fauna silvestre y pesca del USFWS, afirma que su agencia tomó la decisión de eliminar a la especie de la lista hace 14 años basándose en las pruebas disponibles en el momento. Con todo, apunta a que los datos recopilados desde entonces, como un reciente recuento de la población, se tendrán en cuenta en la decisión del gobierno de si devolver al mochuelo a la lista.

Recuento en el desierto

Esta primavera, Ingraldi y Aaron Flesch, biólogo del Desert Lab de la Universidad de Arizona, realizaron una búsqueda exhaustiva de los mochuelos en su área de distribución histórica y actual en el estado. Flesch buscó mochuelos en el condado de Pima, que incluye Tucson y el valle del Altar, y el equipo de Ingraldi realizó un reconocimiento más amplio en el sur de Arizona.

Flesch descubrió al menos uno o dos mochuelos en 28 de sus territorios conocidos, áreas pequeñas donde viven y que defienden de otros mochuelos. «Los datos demuestran que las poblaciones han permanecido estables en las tierras de los condados, que quizá hayan aumentado ligeramente y que las tierras de los condados contribuyen de manera importante a la conservación de la especie», señala Flesch.

El equipo de Ingraldi reconoció 52 territorios de estos mochuelos y descubrió que un 79 por ciento albergaban un mochuelo macho o una pareja nidificante. Señalan que 21 de los lugares documentados este año eran nuevos.

Con todo, su equipo también descubrió que las aves ya no viven al norte de la I-10, una gran autopista que recorre Arizona y que actúa como una especie de barrera invisible que los mochuelos no pueden cruzar. Eso se debe a que las aves no migran ni vuelan largas distancias. Los machos se dispersan por el desierto en noches de luna llena volando bajo sobre el suelo y saltando de árbol en árbol o de cactus en cactus.

«A los mochuelos caburés no les gusta abandonar zonas con cubierta vegetal, porque cuando lo hacen son blancos fáciles», explica Flesch. Pese a la fortaleza de estas aves, un halcón puede atraparlas si se le presenta la oportunidad.

Colocan un dispositivo GPS a un joven G. b. cactorum para poder seguir sus movimientos.

Fotografía de Aaron Flesch

En un reconocimiento limitado del Monumento Nacional Organ Pipe, un lugar habitado por rapaces en el pasado, los científicos no descubrieron mochuelos. Es posible que también vivan en la Reserva Indígena Tohono O'odham, pero se desconoce el tamaño de la población.

En total, en el recuento de esta primavera se identificaron casi cien mochuelos más que en estudios pasados de los años noventa y de principios del siglo XX, pero las aves están hacinadas en hábitats más pequeños.

Ingraldi y el Departamento de Caza y Pesca están escribiendo un nuevo informe sobre el G. b. cactorum de Arizona para el USFWS, que según Richardson influirá en la decisión de 2021.

Un ave polémica

Dos años después de incluir al mochuelo en la lista de especies en peligro de extinción, el gobierno federal impuso restricciones al uso de tierras —como la prohibición de construcción de viviendas nuevas— que abarcaban casi 300 000 hectáreas de hábitat fundamental en cuatro condados de Arizona.

La Asociación Nacional de Constructores de Viviendas, que representa a los urbanizadores del país, ha alegado durante años que la población de Arizona no es fundamental para la supervivencia de la subespecie en su área de distribución de Texas y México. (La especie principal, el mochuelo caburé, vive en Centroamérica y Sudamérica y no se encuentra en peligro de extinción.)

«Por desgracia, en 1997 el FWS ignoró la gran cantidad de mochuelos en México y se centró en la población de Arizona, que es mucho más pequeña», escribió en un email Norman James, abogado de Phoenix que ha representado a la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas en el litigio sobre los mochuelos desde 1999.

Las restricciones al uso de tierras se aplicaban a cualquier alteración del terreno e imponían otras normas para la infraestructura, como limitaciones de la iluminación exterior. «Estas restricciones afectaron drásticamente a las actividades de urbanización de los miembros de la asociación», señaló James.

En 2001, la asociación presentó una demanda que logró impugnar la inclusión de la subespecie en la lista. En 2006, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito determinó que el USFWS no había aportado evidencias que citaran por qué la población de mochuelos de Arizona era crucial para la supervivencia de toda la subespecie, uno de los requisitos para su inclusión en la lista.

Los G. b. cactorum (en la foto, uno al sur de Three Forks, Arizona) también anidan en los mezquites.

Fotografía de George Andrejko

Greenwald, del Centro para la Diversidad Biológica de Tucson, no está de acuerdo con la decisión y alega que la población de Arizona posee importancia ecológica porque las aves han evolucionado para soportar el calor extremo y las sequías frecuentes de la región. Señala que es relevante preservar dichas adaptaciones genéticas conforme aumentan las temperaturas: las temperaturas de Arizona han subido una media de 1,7 grados centígrados desde 1970, lo que lo convierte en uno de los estados del país que sufre un calentamiento más rápido.

Atrapados por el muro

Flesch, que ha pasado dos décadas estudiando los mochuelos, afirma que la ciencia deja claro que «son extremadamente sensibles a las alteraciones del paisaje». Es más, su investigación ha concluido que la combinación de la pérdida de hábitat y el aumento de las temperaturas en la región podría asestar un «golpe doble» a la supervivencia a largo plazo de la subespecie.

Flesch añade que, además de las alteraciones de su hábitat y el cambio climático, las nuevas secciones del muro fronterizo en la frontera entre Arizona y México también podrían afectar a la capacidad del mochuelo para expandir su población. Pero preservar el hábitat del mochuelo y aumentar la conectividad en su área de distribución son medidas que podrían ayudar a que la especie se recupere.

Por su parte, hay iniciativas que tratan de aumentar las probabilidades de supervivencia de la especie en Arizona.

El Zoológico de Phoenix, en colaboración con Wild At Heart Raptor Rescue, el USFWS y el Departamento de Caza y Pesca de Arizona, está criando mochuelos en cautividad. Este año ya han nacido nueve y los científicos del zoo han empezado a probar un nuevo tipo de caja de anidación que imita la forma, tamaño y humedad del interior de un saguaro.

«En el futuro, esperamos poder criar suficientes animales para repatriarlos al medio natural», afirma Ingraldi. Aunque comprende que las decisiones sobre especies en peligro de extinción y las regulaciones que conllevan las listas federales pueden generar polémica en muchos frentes, intenta «centrarse en la ciencia» y conservar a la especie.

«Esa es mi meta», dice. «Es mi pasión».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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