Las incautaciones de fauna silvestre han disminuido, pero pronto podría dispararse el tráfico ilegal

Un análisis para National Geographic muestra una fuerte caída en las incautaciones de escamas de pangolín, cuerno de rinoceronte y marfil de elefante durante la pandemia de COVID-19.

Publicado 16 mar. 2021 10:47 CET
Fotografía de un pangolín

Las autoridades incautaron unas 20 toneladas de escamas de pangolín el año pasado, según un análisis para National Geographic. Es una quinta parte de las que interceptaron en el 2019.

Fotografía de Brent Stirton, National Geographic

Según un análisis realizado por el Centro para Estudios Avanzados de Defensa (C4ADS) para National Geographic, la cantidad de marfil de elefante, cuerno de rinoceronte y escamas de pangolín interceptada por las autoridades en el 2020 fue muy inferior comparada con los últimos cinco años. Según el grupo, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que analiza cuestiones de seguridad transnacional, es probable que la pandemia de coronavirus redujera la capacidad de los traficantes de fauna y flora para mover sus productos a nivel internacional y la de las autoridades para detectarlos.

Tanto la cantidad de incautaciones como el peso de las mismas se desplomaron, lo que sugiere que, aunque se transportaran partes de animales salvajes entre África y Asia en lotes más pequeños, el nivel total de tráfico entre los continentes disminuyó. Sin embargo, algunos expertos en fauna silvestre señalan que el comercio virtual se ha mantenido firme durante la pandemia y que la caza furtiva ha aumentado en algunos lugares.

Evaluar las incautaciones de estos tres productos de animales salvajes no representa lo que ha ocurrido con el tráfico ilícito de toda la fauna, pero es un buen indicador de las tendencias de comercio de fauna intercontinental entre África y Asia, donde estos tres bienes son muy valorados, afirma Faith Hornor, gestora del programa de C4ADS que dirigió el análisis.

Las escamas de pangolín y el cuerno de rinoceronte se emplean en la medicina tradicional, principalmente en China y Vietnam, y tanto el marfil como el cuerno de rinoceronte están muy demandados en China y otros países para elaborar tallas. Según el C4ADS, entre el 2015 y el 2019 hubo una media de 530 incautaciones globales de marfil, cuerno de rinoceronte y escamas de pangolín cada año. En el 2020 hubo 466 incautaciones, una gran disminución frente a las 964 del 2019. Los recuentos representan todos los incidentes registrados por las autoridades de aduanas o descritas en noticias en medios en cualquiera de 15 idiomas.

Con todo, un incidente reciente en Nigeria, un centro del tráfico de fauna silvestre conocido por ser la fuente de muchas de las incautaciones de pangolín procedentes de África, podría ser una señal de lo que pasará cuando se levanten las restricciones por la pandemia. En enero, las autoridades de aduanas de Lagos, Nigeria, estaban inspeccionando un contenedor de seis metros etiquetado como «suministro para muebles». Tras un montón de madera, encontraron 162 sacos de escamas de pangolín que pesaban más de 8600 kilogramos y representaban a miles de pangolines asesinados.

Otros 57 sacos contenían varias partes de otros animales salvajes, como marfil de elefante y huesos de león, un sustituto cada vez más popular para los huesos de tigre, que son difíciles de encontrar, en la medicina tradicional china. El cargamento estaba destinado a Haiphong, Vietnam.

«Es una instantánea de lo que está por venir» cuando se reanuden los viajes, afirma Steve Carmody, jefe de investigaciones de Wildlife Justice Commission (WJC), una organización sin ánimo de lucro con sede en La Haya, los Países Bajos, que trabaja para sacar a la luz redes delictivas. El incidente también parece confirmar lo que han contado los traficantes a los agentes encubiertos de WJC: que han estado acumulando productos de fauna silvestre debido a las interrupciones causadas por la pandemia.

«Sabemos que los traficantes están acumulando productos no solo en África, sino también en Asia —en Vietnam, Laos y Camboya— en cantidades gigantescas», afirma Carmody, que no participó en el análisis del C4ADS. Añade que ahora temen que, con el aumento de los vuelos y otros viajes, vendan rápidamente el contrabando almacenado y que la demanda acumulada impulse una explosión de la caza furtiva de animales.

En el 2020, es posible que los traficantes dividieran algunos cargamentos en lotes más pequeños para evitar ser detectados. Pero si los volúmenes totales fueran similares —y simplemente estuvieran repartidos en envíos individuales más pequeños—, es probable que se hubiera producido un repunte de las incautaciones, pese a la reducción de la capacidad de las autoridades, señala Hornor.

El total de escamas de pangolín confiscadas en el 2020 fue de unas 20 toneladas, un descenso frente a las casi 100 toneladas en el 2019. Por peso, el cuerno de rinoceronte incautado en el 2020 fue menos de una décima parte que en el 2019. Y aunque en general el peso medio de los cargamentos de marfil incautados ha disminuido en los últimos seis años, en el 2020 se produjo un descenso considerable de un 72 por ciento.

Lo que revelan los datos de incautaciones 

El tráfico de fauna silvestre no siempre ha disminuido y algunos investigadores advierten que no se deben sacar conclusiones definitivas basándose solo en los datos de incautaciones.

En algunos lugares, los inspectores han sido desviados a otras tareas relacionadas con la COVID, limitando su capacidad para detectar o denunciar cargamentos ilícitos, explica Chris Shepherd, director ejecutivo de Monitor, una organización sin ánimo de lucro que quiere poner fin al comercio de fauna ilegal e insostenible. «Hay varios motivos por los que ha habido un descenso de los casos documentados y es necesario investigarlo más».

Algunos investigadores han informado de un aumento de otros indicadores de delitos contra la fauna silvestre, como los niveles de caza furtiva y las ventas por internet de animales o sus partes, lo que resalta la dificultad de sacar conclusiones solo con los datos de incautaciones.

Durante el 2020, «no observamos ninguna alteración en el tamaño de los mercados virtuales, donde se realizan muchos de estos tratos», afirma Gretchen Peters, fundadora de la Alliance to Counter Crime Online (ACCO), una red de investigadores sin ánimo de lucro que combate el crimen organizado y supervisa los anuncios de artículos ilícitos en redes sociales y páginas web de comercio electrónico. Añade que tampoco se ha producido «ninguna disminución en la cantidad de delincuentes que ofrecen animales salvajes. Ninguno de mis miembros informó de nadie que mencionara tener dificultades para obtener suministros».

Patricia Tricorache, experta en tráfico de fauna salvaje y miembro de la ACCO, afirma que su investigación sugiere que durante el 2020 se dispararon los anuncios ilícitos por internet de mascotas exóticas como guepardos. Explica que normalmente los guepardos se transportan desde Etiopía, el norte de Kenia o Somalilandia por barco a Yemen y después se trasladan por tierra a compradores en los estados del golfo Pérsico. En conjunto, estima que las ofertas por internet y las incautaciones de dichos animales aumentaron casi un 40 por ciento el año pasado. (El C4ADS no rastrea las incautaciones terrestres de guepardos.)

También hubo señales de que las trampas ilegales y las matanzas de fauna silvestre para la venta de su carne y para el consumo local continuaron —o se intensificaron— en el 2020 en Uganda, Madagascar y otros países, ya que sus sectores turísticos colapsaron y la inseguridad alimentaria y la pobreza empeoraron. Los datos de incautaciones tampoco tienen en cuenta esta tendencia.

Por su parte, otras cifras de caza furtiva, que tampoco se reflejan en los datos de incautaciones, han sido mixtas. Namibia documentó un descenso constante de la caza furtiva de rinocerontes y Kenia no documentó caza furtiva de los animales en el 2020. Pero en Sudáfrica, donde inicialmente las cuarentenas nacionales redujeron la caza furtiva, mataron a casi 400 rinocerontes por sus cuernos en el 2020.

Qué ha revelado la pandemia 

El mes pasado, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo señaló en un nuevo informe que la pandemia ha obligado a los traficantes de fauna a depender más del transporte en buques de carga por las «interrupciones del transporte aéreo y la reducción de las oportunidades de contrabando en barcos de pasajeros».

Sin embargo, Hornor dice que el C4ADS descubrió que las redadas de cargamentos marítimos de pangolín, cuerno de rinoceronte y marfil cayeron de casi un 4 por ciento del total de incautaciones entre el 2015 y el 2019 a menos de un 2 por ciento de las incautaciones en el 2020.

Carmody afirma que las autoridades fueron capaces de recopilar nueva información sobre los traficantes de fauna silvestre durante la pandemia que podría contribuir a sus futuras labores de detección. Los comerciantes han tenido que buscar nuevos clientes para sus productos ilícitos, y eso ha proporcionado a las fuerzas del orden y a grupos como Wildlife Justice Commission información sobre sus redes criminales, información con la que esperan tomar medidas en los próximos meses.

«La aplicación de la ley no termina con la incautación de un contenedor», afirma Hornor. También se necesitan investigaciones más amplias sobre las redes criminales y sus jefes de las que se deriven detenciones y condenas. Eso, dice, «tendrá repercusiones más sistemáticas en el desmantelamiento de estas operaciones a largo plazo».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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