La caza furtiva tiene una víctima a la que nadie está prestando atención

Animales carismáticos como los elefantes y los leopardos de las nieves acaparan la atención de la conservación, pero las cabras y las ovejas salvajes también necesitan protección contra la caza ilegal. He aquí el motivo.

Por Rachel Nuwer
Publicado 18 nov 2022, 10:04 CET
Oveja azul en una ladera de la provincia de Qinghai, en el noroeste de China.

Las ovejas azules, llamadas así por el brillo de su pelaje, se mueven de forma segura en terrenos montañosos, como esta ladera de la provincia de Qinghai, en el noroeste de China.

Fotografía de Xi Zhinong, Minden Pictures

En todo el mundo hay más de dos mil millones de ovejas y cabras que existen debido a su carne, leche y lana, o como animales de compañía. Pero a pesar de la ubicuidad de estos animales domésticos, pocas personas saben que tienen homólogos silvestres, y menos aún, que casi todas las cabras y ovejas silvestres del mundo están haciendo frente a una importante disminución de su población hasta el punto en el que muchas están en peligro de extinción. Las causas son poco conocidas, pero un nuevo estudio revela que la caza furtiva es una de las principales responsables.

Los caprinos (o Caprinae), la familia de ungulados que incluye a las cabras y ovejas salvajes, abarca unas 40 especies. A menudo se encuentran en zonas montañosas donde otros tipos de ungulados no pueden sobrevivir, lo que los convierte en una importante fuente de alimento para depredadores como los leopardos de las nieves.

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Según el estudio, las partes del cuerpo de las cabras y ovejas salvajes (incluidos los ojos, la lengua, la cabeza, las patas y la cola) se comercializan como productos medicinales. También se venden ungüentos embotellados hechos con grasa y glándulas extraídas, mientras que los cuernos se comercializan principalmente como adornos. Además, la carne de los animales se vende como alimento.

Chris Shepherd, coautor del nuevo estudio y director ejecutivo de Monitor, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para reducir el comercio ilegal e insostenible de animales salvajes, y sus colegas se centraron en Myanmar, un nexo geográfico para el sur, el sureste y el este de Asia. El país alberga varias especies de cabras y ovejas salvajes, como el serau, el goral y el takin, cuya caza está prohibida. Las ovejas azules (llamadas así por el brillo de su pelaje), que se encuentran en el extremo norte de la región del Himalaya, no están incluidas en la lista de especies protegidas del país. Aunque se sabe poco sobre el número y la distribución de las cabras y ovejas de Myanmar, todas están disminuyendo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Los cazadores así lo corroboran, dice Shepherd.

Los datos de los investigadores se remontan a más de 20 años, lo que indica que el comercio no es nuevo, pero ha pasado en gran medida desapercibido. "Muy poca gente ha oído hablar de la mayoría de las especies que estudiamos", afirma Shepherd, quien añade que, si no se controla, la caza furtiva de estos animales podría "acabar con ellos" en Myanmar.

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Los datos sobre el comercio para el nuevo estudio proceden de varias fuentes. Entre 1998 y 2017, Shepherd y Vincent Nijman, coautor del estudio e investigador del comercio de fauna silvestre en la Universidad Oxford Brookes (Reino Unido), realizaron 20 visitas a cuatro mercados de fauna silvestre en Myanmar, donde documentaron 1041 partes o productos de ovejas o cabras silvestres. Calcularon que representaban 35 ovejas azules, 93 gorales, 810 seraus y 90 takins. (también encontraron partes de unos 13 antílopes tibetanos, otra especie de Caprinae que no es nativa de Myanmar y cuyo comercio internacional está estrictamente prohibido).

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La mayor parte de lo que vieron se vendía como medicina (lengua de serau para huesos rotos, por ejemplo, y aceite de serau para músculos y articulaciones doloridas) o como trofeos o talismanes. En los menús de una docena de restaurantes de Yangon, Mong La y Golden Rock, observaron que los platos se anunciaban como ovejas o cabras salvajes.

Además de realizar sus propias encuestas, el equipo de investigación encontró informes sobre nueve incautaciones de carne o partes de cabras u ovejas salvajes por parte de las autoridades birmanas en varios lugares desde 2000 hasta 2020. También obtuvieron registros de otros grupos conservacionistas que habían realizado estudios de mercado en Myanmar.

En conjunto, el trabajo implica a casi 1700 ovejas y cabras salvajes en el comercio ilegal, "y eso sólo en base a nuestra limitada investigación", dice Shepherd. La investigación también muestra que el problema es especialmente grave en las ciudades fronterizas con China y Tailandia. "El gobierno central tiene muy poco control sobre algunas de estas zonas fronterizas, y ahí es donde prospera el comercio ilegal de animales salvajes", dice Nijman.

La cifra estimada de 1243 seraus (una especie vulnerable a la extinción) es especialmente alarmante, afirma Alice Hughes, bióloga conservacionista de la Universidad de Hong Kong (China) que no participó en la investigación. "Esto demuestra que la caza supone un riesgo considerable para la especie", dice, y al mismo tiempo, "no hay ningún esfuerzo real para evitar el tráfico y el comercio, que es claramente necesario".

Htay Aung, director general del Ministerio de Recursos Naturales y Conservación del Medio Ambiente de Myanmar, no respondió a una solicitud de comentarios sobre las conclusiones del nuevo estudio.

Hughes también señala que, debido a la pandemia de COVID-19 y al golpe de estado de febrero de 2021, la situación de estos animales en Myanmar puede haber empeorado desde que los investigadores terminaron su estudio. La presión de la caza "puede haber aumentado considerablemente en los últimos dos años, y no hay datos disponibles para evaluar esos impactos", dice.    

Shepherd y Nijman esperan que sus descubrimientos sirvan para concienciar sobre la difícil situación de las cabras y ovejas salvajes y catalizar más acciones de conservación para ellas. "Hay todo un grupo de especies que está desapareciendo por completo, y no hay fondos para intervenir y hacer algo al respecto", dice Shepherd. "Es lamentable, porque se trata de un grupo de animales increíble, y hay mucho trabajo que hacer para protegerlos".

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Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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