¿Cómo se encuentran los naufragios y a quién pertenecen?

La tecnología ha facilitado la búsqueda y localización de barcos hundidos en los océanos, como pasó con la fragata española Cisne Negro. Pero los expertos advierten que los tesoros que se esconden en su interior no pertenecen a quienes los encuentren.

Por Erin Blakemore
Naufragio del Peter Iredale, un velero de cuatro mástiles de acero que llegó a la costa ...

Naufragio del Peter Iredale, un velero de cuatro mástiles de acero que llegó a la costa de Oregón en 1906. El barco británico probablemente encontró su destino después de experimentar condiciones meteorológicas peligrosas. Sus restos son ahora una popular atracción turística en Astoria, Oregón.

Fotografía de Balazs Gardi, National Geographic

No hay aventura más romántica que la búsqueda de un tesoro escondido, y cuando esas riquezas se encuentran en las profundidades del océano, el hallazgo puede parecer aún más emocionante. A nadie se le escapa el modo en que los naufragios despiertan la imaginación, provocando sueños de riquezas incalculables y aventuras de capa y espada.

La base de datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos contiene más de 10 000 pecios conocidos en las costas de estadounidenses. Y no es una lista completa. Según la agencia cultural de las Naciones Unidas, la UNESCO, hay al menos tres millones de pecios de este tipo en todo el mundo, algunos con miles de años de antigüedad.

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Y luego está el botín que llevaban algunos de esos barcos. Aunque se puede argumentar que el tesoro a bordo de los barcos hundidos no tiene precio, algunos expertos calculan que en el fondo del océano hay hasta 60 000 millones de dólares en metales preciosos (unos 57 000 millones de euros).

Un buceador nada por encima de un naufragio en la laguna interior de Palau. El pecio, que ahora sirve de arrecife artificial, atrae a invertebrados y peces de arrecife que lo colonizan.

Fotografía de Ryan Rosotto, NatGeo Image Collection

Pero la idea de que los naufragios están ahí para ser descubiertos (y saqueados) pone en peligro el patrimonio cultural y hace enfurecer a autoridades y arqueólogos por igual. Hay mucho más en los naufragios que madera húmeda y oro centenario. ¿Qué hay detrás de las embarcaciones abandonadas en el agua y cómo se puede ayudar a mantenerlas a salvo?

¿Por qué naufragan los barcos y dónde?

Todo, desde las tormentas hasta el sabotaje, puede hacer naufragar un barco, aunque puede ser difícil determinar por qué se hundió exactamente. El error humano también es un factor: históricamente, la capacidad de los seres humanos para construir embarcaciones aptas para el mar y navegar eficazmente en aguas abiertas estaba muy por detrás de las habilidades de los marineros modernos. Incluso civilizaciones avanzadas como la antigua Grecia se enfrentaron al peligro, como en el caso de un buque griego de 2400 años de antigüedad descubierto en el Mar Negro en 2018, calificado como el naufragio intacto más antiguo jamás encontrado.

Los naufragios tienden a agruparse en áreas con condiciones peligrosas o una historia de comercio o guerra. En Estados Unidos, la costa de Florida y los Grandes Lagos albergan una gran concentración de estos desastres, mientras que el lago Erie es el que cuenta con más pecios por milla cuadrada que cualquier otra masa de agua dulce de la Tierra. Los Outer Banks de Carolina del Norte se ganaron el apodo de "Cementerio del Atlántico". Los puntos calientes internacionales se encuentran en lugares como las Bermudas, Grecia, el Golfo de México y el Mar Báltico.

En 2013, la Armada de España anunció la creación de una base de datos de barcos españoles hundidos en el mundo que entonces cifró en 1580 por todo el mundo. En 2022, la misma institución cifró en 895 los buques hundidos en las costas españolas.

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¿Cómo se encuentran los naufragios?

Visto el alto número de naufragios, se podría pensar que es sencillo encontrar uno. La realidad es que la mayoría son inaccesibles e inexplorados. Los buscadores profesionales de pecios se basaban antes en el buceo físico y en la suerte para localizar los naufragios. Pero el océano puede ser peligroso y casi imposible de acceder, especialmente en las profundidades no costeras.

Pero los tiempos (y la tecnología) han cambiado. Los investigadores tienen ahora acceso a una gran cantidad de equipos sofisticados que pueden ayudarles a encontrar barcos perdidos hace mucho tiempo. La creciente disponibilidad de documentos históricos puede indicar los lugares de descanso final de los barcos. Las técnicas de teledetección, como el sonar, que utiliza ondas sonoras, y el LiDAR, que emplea el láser, permiten a los buscadores de pecios cartografiar el fondo marino y los objetos subacuáticos. Y las imágenes por satélite pueden ayudar a localizar los penachos de partículas generados por los pecios. Los científicos utilizan incluso la inteligencia artificial en la búsqueda de pecios, y una herramienta de aprendizaje automático ha demostrado ser un 92% eficaz en la identificación de pecios en imágenes tomadas tanto por encima como por debajo del agua.

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Una vez localizado un posible yacimiento, los modernos vehículos autónomos pueden ayudar a los investigadores a descubrir y documentar los pecios. Estas embarcaciones submarinas con aspecto de robot pueden resistir en aguas profundas, localizar los pecios y, a continuación, tomar fotos y vídeos y crear mapas para los investigadores que se encuentran en la superficie. Incluso pueden ayudar a evaluar la composición química de los restos del naufragio.

Muchos de estos trabajos llevan años de investigación y numerosos intentos fallidos hasta que se consigue pescar el pecio hundido. Un buen ejemplo es el caso es el descubrimiento del descubrimiento del Endurance, el legendario barco de Ernest Shackleton, que se hundió frente a la costa de la Antártida y que fue rescatado más de 100 años después de su hundimientos.

¿Puedo ver un naufragio por mí mismo?

No siempre. Incluso los hallazgos de naufragios más destacados suelen estar rodeados de secretismo. Uno de los mayores hallazgos de la historia de los naufragios (el del legendario crucero pesado U.S.S. Indianapolis) demuestra por qué.

El buque de guerra sueco Marte yace en el fondo del Mar Báltico, donde se hundió durante una batalla naval en 1564. Considerado el barco más grande y feroz de su época, los investigadores han pasado años documentando el barco en su tumba acuática.

Fotografía de Johan Ronnby, NatGeo Image Collection

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El 30 de julio de 1945, las fuerzas japonesas atacaron el buque cuando su tripulación de 1200 hombres se dirigía a casa desde las Islas Marianas (donde habían entregado partes de la bomba atómica que luego se utilizó para destruir Hiroshima). Dos torpedos hundieron el barco en pocos minutos, y sólo 317 hombres sobrevivieron: la mayor pérdida de la Armada estadounidense en el mar.

En 2018, utilizando nueva información sobre el ataque, un equipo civil rastreó un área de unos 1000 kilómetros del remoto Océano Pacífico en busca de sus restos. Finalmente localizaron el barco, pero su ubicación exacta sigue siendo un secreto fuertemente guardado para proteger tanto los restos del naufragio como los de los muertos durante el ataque.

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Esto es normal en la mayoría de los pecios históricos, que están sujetos a una serie de protecciones. Sin embargo, algunos están abiertos al público. En Estados Unidos, los buceadores pueden acercarse a los abundantes pecios del siglo XIX y principios del XX en el Parque Nacional de la Isla Royale del Lago Superior, y los buceadores de la costa de Florida pueden ver un barco que formaba parte de una flotilla española del siglo XVIII en el Parque Estatal de la Reserva Arqueológica Submarina de San Pedro. También hay otros museos submarinos en todo el mundo. Pero eso no significa que se pueda buscar un tesoro allí.

¿Quién es el dueño de los naufragios?

"La gente crece creyendo que, en el océano, el que se lo encuentre se lo queda", dice James Goold, abogado de Covington and Burling, LLP, y uno de los principales letrados en casos relacionados con la protección de pecios históricos.

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Izquierda: Arriba:

Un barco hundido yace sobre su costado cerca de la isla de Gran Bahama, Bahamas.

Fotografía de StockTrek Images, NatGeo Image Collection
Derecha: Abajo:

Un buzo explora un naufragio de la Segunda Guerra Mundial en el Mar Jónico.

Pero en aguas estadounidenses, los naufragios están sujetos a estrictas protecciones. La Ley de Naufragios Abandonados de 1988 puso a los estados a cargo de la mayoría de los naufragios encontrados en sus aguas, y los estados a su vez tienen sus propias leyes que cubren los naufragios. La Ley de Embarcaciones Militares Hundidas de 2004 reclama la propiedad nacional de las embarcaciones militares estadounidenses que se enfrentan a la muerte en el agua.

Las cosas se complican cuando otro país reclama un pecio. Pero Goold afirma que en los últimos años los países han cambiado su forma de ver los naufragios, pasando de la mentalidad de "quien los encuentre se los queda" a considerar la mayoría de los naufragios como tesoros históricos que hay que compartir.

Goold ha dirigido una serie de casos emblemáticos que han impulsado ese cambio. En un caso de 2012, representó a España en un juicio sobre los restos y el tesoro del llamado Cisne Negro, una fragata española hundida por las fuerzas británicas cerca de Portugal en 1804.

"Fue el equivalente español de Pearl Harbor", dice Goold. Después de que una empresa estadounidense encontrara el pecio y reclamara para sí el botín de casi mil millones de dólares (950 millones de euros) en monedas, en 2007, Goold acudió a los tribunales para ayudar a España a hacer valer su soberanía sobre el barco. España ganó.

Mediante escaneos tridimensionales y fotografías, el explorador de National Geographic Johan Ronnby ha pasado años documentando los restos del buque de guerra sumergido Marte. Representación de Ingemar Lundgren.

Fotografía de Johan Ronnby, NatGeo Image Collection

"Fue un momento enorme", dice Goold, que también ha representado a la National Geographic Society. "Es la historia nacional de España". Y no se trata sólo de un tesoro, dice. "Mucha gente tiende a olvidar que estos pecios son a menudo los lugares de descanso de personas perdidas en el mar".

Ahora, en parte debido a los esfuerzos de España por recuperar sus barcos perdidos, la comunidad internacional reconoce en gran medida que el barco de una nación sigue siendo de su propiedad, incluso si se hunde en aguas internacionales o en el territorio de otra nación e independientemente de cuánto tiempo hace que se produjo el naufragio.

¿Y qué pasa si encuentro un naufragio?

Si tienes la suerte de descubrir un pecio, compruébalo tú mismo. Debes ponerte en contacto con las autoridades locales inmediatamente y proceder a su exploración sólo con un permiso. Tocar o perturbar el pecio puede poner en peligro su valor de investigación para los arqueólogos, arruinar restos frágiles o permitir que los artefactos caigan en manos de saqueadores o comerciantes del mercado negro.

La luz del sol atraviesa un naufragio poco profundo de la Segunda Guerra Mundial que se encuentra frente a la isla de Guadalcanal, en el Pacífico Sur, en las Islas Salomón.

Fotografía de StockTrek Images, NatGeo Image Collection

Pero las consecuencias de manipular un naufragio pueden ser graves: el cazador de tesoros y buscador de naufragios Tommy Thompson lleva encarcelado desde 2015 por desacato al tribunal tras negarse a revelarle a un tribunal federal la ubicación de un alijo de monedas de oro desaparecidas del naufragio del S.S. Central America en 1857.

Aunque la legislación sobre naufragios se ha hecho más estricta en los últimos años, la percepción pública de que los naufragios son un juego de azar submarino sigue siendo un problema para los conservacionistas. Para proteger realmente el asombroso patrimonio subacuático del mundo, el público debe cambiar su mentalidad y pasar de la caza de tesoros a reconocer el verdadero valor que encierra el fondo del océano: trozos de riqueza cultural e histórica.

"Son cápsulas del tiempo únicas e irremplazables", afirma Goold. "No se pueden coger recuerdos, esos días ya han pasado".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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