Este naufragio español del siglo XVIII ya es el más valioso de la historia pero ¿quién se quedará sus tesoros?

El San José, un galeón del tesoro de la armada española, se hundió en 1708. Aún se libra una batalla legal por la propiedad de su oro, plata y piedras preciosas, con España incluida, que argumenta que sigue siendo el legítimo propietario de la nave.

Por Tom Metcalfe
Publicado 22 nov 2023, 10:43 CET, Actualizado 27 nov 2023, 13:16 CET
La batalla de 1708 por el pintor inglés Samuel Scott

El pintor inglés Samuel Scott representó la batalla de 1708 en la que el San José, un galeón de 62 cañones de la armada española, fue hundido por las fuerzas británicas frente a las costas colombianas. En aquel momento transportaba hasta 200 toneladas de plata, oro y piedras preciosas en bruto.

Fotografía de The Picture Art Collection, Alamy Stock Photo

Las noticias recientes de que el presidente de Colombia espera recuperar pronto el tesoro del galeón San José han atraído de nuevo la atención sobre el muy discutido pecio, a menudo descrito como "el más rico del mundo".

Todos coinciden en que el San José (un galeón de 62 cañones de la armada española) estaba cargado con hasta 200 toneladas de oro, plata y piedras preciosas en bruto cuando se hundió en 1708, a unos 16 kilómetros de la costa colombiana, durante una batalla con buques de guerra británicos.

Un tesoro así podría valer ahora miles de millones de euros.

El San José iba al frente de una flota de 18 navíos, muchos de ellos repletos de riquezas del Nuevo Mundo y con destino a Francia, aliada entonces de España.

Pero se encontró con una escuadra de cinco navíos de guerra británicos, enemigos de España y Francia durante la Guerra de Sucesión (1701-1714), que terminó con el Tratado de Utrecht y significó la llegada de los Borbones al trono de España.

Tras más de una hora de combate, el San José estalló y se hundió al explotar su almacén de pólvora; otro galeón fue capturado, pero la mayor parte del resto de la flota española huyó a puerto seguro en Cartagena de Indias.

El Gobierno colombiano afirma ahora que el pecio del San José y todo lo que contiene son de su propiedad, y el ministro de Cultura, Juan David Correa, declaró recientemente a Bloomberg que el presidente Gustavo Petro quiere recuperarlo antes de que finalice su mandato en 2026.

"Esta es una de las prioridades de la Administración Petro", dijo Correa; "el presidente nos ha dicho que aceleremos el paso".

Colombia anunció en 2015 que sus buscadores habían encontrado los restos del San José, aunque supuestamente en un lugar diferente al que una empresa de salvamento con sede en Estados Unidos había afirmado haber encontrado los restos en 1982.

Esto ha llevado a la empresa a presentar una demanda por valor de 10 000 millones de dólares (unos 9100 millones de euros), acusando al Gobierno de Colombia de intentar eludir su acuerdo de compartir la mitad de cualquier tesoro recuperado del pecio.

Según el investigador Daniel de Narváez, el caso se encuentra ahora en fase de arbitraje (la empresa alega que el nuevo emplazamiento está cerca del que identificó en 1982) y está previsto que la primera sesión se celebre en Bogotá en diciembre.

El litigio puede ser uno de los mayores problemas del Gobierno en relación con el San José, en parte porque cualquier sentencia judicial se mantendrá aunque nunca se recuperen los tesoros del pecio, afirma.

"Si yo fuera el presidente, me sentaría y acordaría algo con esta gente".

De Narváez, ingeniero de minas de formación, es director en Bogotá de la Sociedad Profesional de Exploradores Marinos y defiende que los pecios se comercialicen parcialmente, permitiendo a la gente vender algunos artefactos del naufragio, como monedas de oro.

En su opinión, un acuerdo de este tipo ayudaría a proteger los numerosos pecios históricos que hay en las aguas colombianas, que de otro modo serían saqueados por personas demasiado temerosas como para notificar su existencia al Gobierno.

Esta imagen sin fecha realizada a partir de un mosaico de fotos tomadas por un vehículo submarino autónomo, difundida por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, muestra los restos del galeón español San José a más de 600 metros de profundidad.

Fotografía de Colombian Institute of Anthropology and History, AP Images

De Narváez es también historiador del San José, cuyos cálculos sobre su ubicación influyeron en la búsqueda de 2015, y ayudó a redactar una ley colombiana que clasifica todo lo que se recupere de tales pecios como artefactos comerciales (que pueden venderse) o artefactos patrimoniales, que no pueden venderse.

Sin embargo, la ley no se aplica al pecio del San José porque un Gobierno colombiano anterior había declarado que todo lo que había en el pecio (incluido cualquier tesoro) era patrimonio que no podía venderse.

"Tal como están las cosas hoy, si el Presidente buceara y recuperara monedas por valor de 1000 millones de dólares, no podría vender nada de eso", dijo De Narváez; "no tiene absolutamente ningún valor".

Las reclamaciones de Colombia están siendo impugnadas por España, que argumenta que sigue siendo propietaria del San José porque era un buque naval español cuando se hundió.

Según algunos juristas, el pecio está protegido por la Convención Internacional sobre el Derecho del Mar de 1982, que establece que los buques de guerra siguen siendo propiedad de su Estado incluso después de hundirse.

Eso significaría que el pecio sigue perteneciendo al Reino de España, aunque se hundió hace más de 300 años en aguas territoriales colombianas.

Pero De Narváez señala que Colombia nunca ha ratificado la Convención sobre el Derecho del Mar, en parte debido a disputas territoriales sobre sus fronteras marítimas con Venezuela y Nicaragua. "Para España, esto complicaría las cosas en una batalla legal", afirma.

El arqueólogo marítimo Sean Kingsley, redactor jefe de la revista Wreckwatch, añade que la norma se implantó para proteger los pecios modernos del espionaje, pero aquí se está utilizando para reclamar un pecio tesoro.

Se trata de "una idea moderna para proteger secretos de Estado modernos en buques de guerra nucleares, aviones y submarinos", afirma; "pero no hay cajas negras ni secretos navales en un pecio podrido de cientos de años de antigüedad".

Señala que el pasado colonial de España podría hacer "difícil simpatizar" con sus reclamaciones.

"La carga del San José está vinculada a la esclavitud de cientos de miles de indígenas americanos y africanos, obligados a trabajar en condiciones terribles en las minas españolas de oro, plata y esmeraldas", afirma.

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Poderoso caballero es Don Dinero

El argumento de Kingsley conduce a otra reclamación de los tesoros de San José, por parte de un grupo de indígenas bolivianos que dicen que sus antepasados extrajeron gran parte de ellos.

Según un informe de 2019, representantes del pueblo Qhara Qhara afirman que las autoridades del virreinato del Perú obligaron a sus antepasados a extraer plata de la montaña del Cerro Rico, por lo que el tesoro del galeón les pertenece ahora.

Pero De Narváez cree que la reclamación es débil. "Lo comprendo", dice; "pero desde el punto de vista jurídico no veo que esa reclamación se sostenga".

Las disputas sobre la propiedad del pecio del San José ponen de relieve su posible valor.

Algunos informes afirman que el tesoro del pecio podría valorarse en hasta 20 000 millones de dólares (unos 18 300 millones de euros), mientras que otros se han decantado por 17 000 millones (15 500 millones de euros).

Sin embargo, según De Narváez, el valor monetario del oro, la plata y las esmeraldas en bruto del San José no se corresponde con las cifras publicadas, y la Constitución colombiana prohíbe la venta de bienes patrimoniales.

"Los cálculos que he visto, de gente que ha investigado la lista de carga, es algo del orden de 4000 o 5000 millones de dólares, en lugar de 20 000 millones", afirma.

Aparte de las cuestiones sobre el valor del pecio, el San José y sus tesoros siguen en el fondo del mar.

Algunos arqueólogos marítimos, como el bogotano Ricardo Borrero, opinan que el pecio debe permanecer allí; según declaró al New York Times, cualquier alteración sería "desacertada" e intrusiva.

"El naufragio yace allí porque ha alcanzado el equilibrio con el entorno", dijo Borrero. "Los materiales han estado en estas condiciones durante 300 años y no hay mejor forma de que estén descansando".

Pero otros piensan que el pecio debe recuperarse por el valor histórico y científico de sus artefactos; y existe el argumento de que el tesoro a granel del galeón podría venderse para pagar la recuperación.

Las últimas fotografías muestran cañones y jarras de cerámica (pero ningún tesoro) esparcidos por el fondo marino donde se hundió el galeón, al parecer a unos 700 metros de profundidad.

De Narváez señala que se trata de una profundidad excesiva para los buceadores humanos, pero técnicamente posible de recuperar mediante vehículos submarinos teledirigidos y submarinos.

Sin embargo, argumenta que los problemas legales, técnicos y arqueológicos significan que poco podría sacarse del pecio del San José antes de 2026.

"Si se quisiera hacer una recuperación histórica y arqueológica adecuada, probablemente se tardaría 10 años", añade De Narváez.

Kingsley afirma que debería haber un plan realista para la gestión del pecio, que incluya su excavación científica y su conservación.

"El San José ha sido encontrado. No se puede desencontrar", afirma; "es un hallazgo deslumbrante que puede reescribir la historia de la época e inspirar a una generación".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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