Siete victorias esperanzadoras para el medioambiente en 2020

Compromisos para producir más vehículos eléctricos, nuevas protecciones marinas y mucho más: estas tendencias podrían señalar un futuro más próspero.

Publicado 16 dic. 2020 10:57 CET
Valle de Yosemite

El sol se pone sobre las formaciones naturales del valle de Yosemite, como Half Dome (centro, a la izquierda) y la cascada Nevada (abajo, a la derecha) mientras aparecen las estrellas en el parque nacional de Yosemite el 7 de julio de 2020. Después de que la COVID-19 provocara el cierre del parque durante dos meses y medio, la fauna silvestre empezó a adentrarse en las zonas que antes usaban los visitantes. Ahora, el parque está abierto con servicios e instalaciones limitadas para los visitantes que hayan reservado.

Fotografía de Apu Gomes, AFP/Getty

En 2020, Australia y el oeste de Estados Unidos se vieron afectados por incendios forestales, América Central y la costa del Golfo sufrieron el impacto de los huracanes, nubes oscuras de langostas cayeron sobre el Cuerno de África y una nueva enfermedad mortal saltó de un animal salvaje a los humanos, poniendo patas arriba la vida tal como la conocíamos.

Con titulares que parecen apocalípticos, no te reprocharíamos que sientas que el medio natural se ha vuelto algo hostil, aunque los científicos siguen advirtiendo del peligro del daño que le estamos haciendo. La biodiversidad sigue cayendo en picado, la deforestación en el Amazonas se ha disparado y un nuevo informe sostiene que los planes para reducir las emisiones de carbono distan mucho de cumplir las modestas metas del Acuerdo de París, que, por cierto, Estados Unidos abandonó oficialmente el 4 de noviembre.

Y sin embargo, incluso en un año difícil han sucedido cosas buenas. Puede que el gobierno de Trump aún esté intentando vender concesiones de petróleo en el refugio nacional de fauna silvestre del Ártico, un terreno prístino en North Slope, Alaska, pero también ha denegado el permiso de la mina Pebble en el sur de Alaska, lo que ha acabado con el polémico proyecto.

Con todo, algunas tendencias subyacentes son más esperanzadoras que las noticias a nivel individual. La opinión pública sobre el cambio climático sigue aceptando la ciencia, incluso en Estados Unidos, y al fin se escuchan las voces jóvenes y marginadas. El sector privado está viendo los beneficios de las inversiones climáticamente inteligentes. Y algunos gobiernos están vislumbrando la oportunidad de abordar el cambio climático al mismo tiempo que invierten grandes sumas de dinero para recuperarse de una de las peores recesiones económicas del último siglo. En Estados Unidos, los medioambientalistas están presionando al nuevo gobierno de Biden y Harris para hacer del cambio climático una prioridad política.

En las horas más oscuras de la pandemia, aún existe una sensación innegable de optimismo. Estos son siete avances y tendencias del 2020 que nos dan esperanza para el 2021 y más allá.

1. Los espacios al aire libre se anotan una gran victoria.

Este año, mientras pasábamos gran parte del tiempo aislados en casa, la naturaleza adquirió un nuevo significado como lugar de refugio y entretenimiento. La aprobación de la Great American Outdoors Act en julio nos recordó que proteger los parques nacionales de Estados Unidos es algo en lo que todos podemos estar de acuerdo. El Congreso estadounidense no había decidido invertir tanto dinero en los parques nacionales –muchos de los cuales tienen retrasos de mantenimiento largos y caros— desde la década de 1950. La ley también reserva fondos para bosques, refugios y futuras compras de tierras. En total, la ley concedió casi 10 000 millones de dólares a los terrenos públicos.

2. Aumentan los vehículos eléctricos.

En la última década se han popularizado los vehículos que funcionan con electricidad en lugar de gasolina gracias a las mejoras tecnológicas, la bajada de precios y los subsidios gubernamentales. En 2010, solo había 17 000 coches eléctricos en las carreteras del mundo. En 2019, había aproximadamente 7,2 millones, la mitad de ellos en China. Los nuevos compromisos gubernamentales asumidos este año podrían ayudar al resto del mundo a ponerse al día. El Reino Unido anunció que prohibiría la venta de coches nuevos de gasolina o diésel para 2030 y California indicó que lo haría para 2035. (Noruega tiene el objetivo más ambicioso del mundo, 2025, pero es un mercado mucho más pequeño.)

Los nuevos coches eléctricos de Volkswagen se exponen durante un evento de prensa a finales de octubre de este año. El fabricante de automóviles alemán invertirá miles de millones de dólares en la fabricación de vehículos más ecológicos en los próximos cinco años.

Fotografía de Peter Steffen, picture alliance/Getty Images

La industria está reaccionando. El mayor fabricante de automóviles del mundo, el alemán Volkswagen, ha hecho el que quizá sea el mayor compromiso financiero del 2020: invertirá 86 000 millones de dólares en la fabricación de coches más verdes en los próximos cinco años. General Motors también destinará miles de millones a la fabricación de vehículos eléctricos. Amazon se ha comprometido a desplegar 100 000 vehículos eléctricos de reparto para 2030 y el Servicio Postal estadounidense podría integrar vehículos eléctricos en su próxima flota de camiones de reparto.

3. Hay luz al final del túnel de los combustibles fósiles.

A principios de marzo, las disputas entre Rusia y el gran cartel petrolero OPEP provocaron un exceso de petróleo en el mercado mundial. En abril, cuando la pandemia paralizó los viajes internacionales, los precios del petróleo en Texas alcanzaron mínimos históricos y los productores se quedaron sin lugares donde almacenar su producto. Esta caída afectó a las fuerzas existentes del mercado y provocó que 36 empresas petroleras se declararan en bancarrota, la mayor cantidad desde 2016. Este año también se estancaron proyectos de oleoductos como el Keystone XL.

Aunque los precios del gas natural se desplomaron a mínimos históricos, el consumo aumentó y desplazó al carbón, cuya producción en Estados Unidos descendió un 30 por ciento.(Los analistas advierten de que el consumo de carbón podría repuntar en el 2021.)

Las turbinas eólicas y los paneles solares producen energía renovable en Desert Hot Springs, California. Este año se instaló una cantidad récord de proyectos eólicos y solares.

Fotografía de Ben Horton, Nat Geo Image Collection

A nivel mundial, las energías renovables están creciendo deprisa. En la primera mitad del 2020, la producción de electricidad eólica y solar aumentó un 14 por ciento y, por primera vez, representó casi el 10 por ciento del total de electricidad. En Estados Unidos, la producción de energía renovable también aumentó en 2020, creciendo aproximadamente un 5 por ciento desde 2019. Estados Unidos instaló un número récord de proyectos eólicos y solares, en parte gracias a una desgravación fiscal.

Para cumplir las metas climáticas, los expertos dicen que las energías renovables deben crecer aún más rápido. El presidente electo Joe Biden ha prometido fomentar ese crecimiento.

4. Wall Street siente la presión.

Ya antes de la COVID-19, Larry Fink, consejero delegado de BlackRock (la empresa de gestión de inversiones más grande del mundo) advirtió que los inversores tendrían que contar con el cambio climático más pronto que tarde. Un informe publicado en febrero indicaba que la mayoría de los inversores entrevistados estaban sopesando los riesgos climáticos en su toma de decisiones.

En los últimos meses, los seis bancos más grandes de Estados Unidos —como JPMorgan Chase, Bank of America y Wells Fargo, entre otros— declararon que no financiarían la perforación en el refugio nacional de fauna silvestre del Ártico, pese a que el gobierno saliente de Trump intenta acelerar las ventas de concesiones en el parque. Tras prestar miles de millones de dólares a la industria de los combustibles fósiles durante años, JPMorgan Chase anunció en octubre que invertiría de forma que ayudara al mundo a cumplir los objetivos establecidos en el Acuerdo de París. Según informó Bloomberg el mes pasado, el clima se ha convertido en tendencia entre la élite adinerada.

Mientras Joe Biden se prepara para asumir el cargo, los grandes bancos prevén más escrutinio sobre cómo repercuten sus acciones en el cambio climático. El presidente electo ha señalado que emitirá una orden ejecutiva para exigir que las compañías que cotizan en bolsa revelen sus emisiones y cómo repercuten en el cambio climático. El mes pasado, el Reino Unido anunció que exigiría una transparencia similar.

5. Las ballenas muestran señales de recuperación.

En las aguas cerca de Georgia del Sur, al norte de la Antártida, los científicos observaron más ballenas azules de las que habían visto desde antes del fin de la caza de ballenas comercial, a principios del siglo XX. Este año se contaron 55 tras cinco décadas de avistamientos escasos en las mismas aguas.

Las ballenas azules son los animales más grandes de la Tierra y, según la Comisión Ballenera Internacional, las cazaron tanto que estuvieron a punto de extinguirse. Se estima que mataron casi 300 000 en la primera mitad del siglo XX, tantas como su población estimada antes del comienzo de la caza. Hoy se calcula que quedan 2300 ejemplares en el hemisferio sur.

En las mismas aguas, las ballenas jorobadas se han recuperado de forma mucho más llamativa y casi han reconstruido sus poblaciones previas a la caza. Los científicos también ven motivos de esperanza para las ballenas francas del sur. (La historia de las ballenas francas glaciales es más triste.)

La mayoría de los países cumplen con la prohibición de caza de ballenas de la Comisión Ballenera Internacional, pero a principios de este año, Japón, Noruega e Islandia todavía practicaban la actividad. Sin embargo, a principios de mayo, Islandia señaló que sus pocas compañías balleneras podrían cerrar pronto, por lo que los activistas contra la caza de ballenas albergan esperanzas de que el mundo pronto cazará su última ballena.

6.El océano recibe más atención.

La semana pasada, 14 países anunciaron que gestionarían de forma sostenible el cien por cien de sus aguas costeras para 2025 y que protegerán un área del océano que, en total, tendría el tamaño aproximado de África. Cada país prometió combatir la sobrepesca, invertir para reducir la contaminación y convertir el 30 por ciento de sus aguas nacionales en áreas marinas protegidas para 2030. Entre los países participantes figuran Canadá, México, Japón, Australia, Kenia, Ghana, Noruega y Portugal. En conjunto, representan el 40 por ciento de las costas del mundo.

El territorio británico de ultramar de Tristán de Acuña se considera una de las islas habitadas más remotas del mundo. Este año, el gobierno del Reino Unido se comprometió a proteger más de 673 000 kilómetros cuadrados de océano alrededor del archipiélago.

Fotografía de Page Chichester, Image Professionals GmbH/Alamy Stock Photo

Aunque no forma parte del acuerdo, el Reino Unido anunció a principios de noviembre que, a nivel mundial, el país protege siete millones de kilómetros cuadrados de océano. Su última zona de protección marina abarca más de 673 000 kilómetros cuadrados de aguas cristalinas alrededor del territorio británico remoto de Tristán de Acuña, un archipiélago en el sur del océano Atlántico.

7. Se vislumbra un mundo más limpio.

Llamémoslo la «antropausa»: ese es el nombre que le han dado los científicos al lapso global en la actividad humana cuando la COVID-19 se extendió por el mundo y nos obligó a quedarnos en casa. En marzo, los viajes en avión descendieron a un 50 por ciento de los registrados en marzo del 2019, la mayor disminución en la historia reciente, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. El tráfico de vehículos en Estados Unidos y en otros países se desplomó bruscamente. Por primera vez pudo verse el Himalaya desde algunas partes de la India que normalmente están cubiertas de contaminación atmosférica.

El 1 de abril del 2020 en el centro de Los Ángeles. Cuando las autoridades municipales pidieron a los residentes que se quedaran en casa para mitigar la propagación de la COVID-19, el infame tráfico de la ciudad prácticamente desapareció. La actividad bajó tanto en todo el mundo en la primavera del 2020 que los científicos midieron menos actividad sísmica.

Fotografía de David McNew, Getty Images

«¡La naturaleza está curándose!», exclamó el mundo. (Aunque la frase enseguida se convirtió en una broma de internet.)

Si bien una pandemia mundial que ha enfermado a millones y destruido los medios de subsistencia no es la manera de hacer que el planeta sea más saludable para vivir, sí nos ha demostrado lo que podríamos lograr con medidas ambiciosas y decisivas.

La pandemia también brindó a los científicos una oportunidad sin precedentes: la posibilidad de estudiar ecosistemas sin humanos de por medio, un control con el que podría compararse de forma más precisa el impacto humano. Incluso los mares se silenciaron, dando a la fauna marina un respiro del ruido humano.

Para seguir inspirándote, no te pierdas los  10 descubrimientos científicos y las 10 victorias para la fauna silvestre de este año.

Craig Welch ha contribuido a este reportaje.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com. 

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