10 descubrimientos científicos asombrosos que podrías haberte perdido en 2020

Desde el hallazgo de polvo de estrellas más antiguo que el Sol hasta los primeros embriones de tiranosaurio: aquí te contamos algunos descubrimientos fascinantes que podrían haber quedado eclipsados este año.

Publicado 4 dic 2020 14:24 CET
Cueva de Chiquihuite

En la cueva de Chiquihuite, los investigadores llevan equipo de protección para evitar la contaminación de las áreas de excavación donde están buscando firmas genéticas de plantas y animales.

Fotografía de Devlin Gandy

Este año se ha publicado un frenesí de noticias sin precedentes. Mientras la pandemia de coronavirus causaba estragos en todo el mundo y se perdían numerosas vidas, los lectores aguardaban ansiosos cada nuevo avance hacia una vacuna. En Estados Unidos, el asesinato de George Floyd suscitó protestas contra la brutalidad policial y el racismo sistémico. Los incendios forestales arrasaron el oeste de Norteamérica, entre ellos cinco de los seis incendios más grandes que se han desatado en California desde 1932. Los huracanes destruyeron ciudades costeras y se formaron tantos que los científicos se quedaron sin nombres para las tormentas. En los meses finales del 2020, las elecciones históricas y decisivas de Estados Unidos dominaron los titulares.

Sin embargo, entre estos acontecimientos fundamentales se ha producido una serie de descubrimientos científicos que no han recibido toda la atención que se merecen. A medida que se acerca el final del 2020, echamos la vista atrás con diez avances importantes que quizá te hayas perdido.

Las ráfagas de polvo de las estrellas envejecidas, similares a la nebulosa del Huevo de la imagen, son una fuente posible de los grandes granos antiguos que se encuentran en los meteoritos.

Fotografía de NASA, W. Sparks (STScI) y R. Sahai (JPL)

Esta imagen de un microscopio electrónico de barrido muestra uno de los granos datados en este estudio. En su punto más largo, el grano mide aproximadamente ocho micrómetros de diámetro, inferior a la anchura de un pelo humano.

Fotografía de Heck et al. PNAS 2020

El material más antiguo encontrado en la Tierra tiene más edad que nuestro sistema solar

Miles de millones de años antes de que existiera nuestro Sol, una estrella moribunda arrojó polvo al espacio. Una pizca de ese polvo de estrellas, atrapado en un meteorito que colisionó con la Tierra, se dató como el material más antiguo hallado en nuestro planeta. El polvo se fusionó con otras rocas dentro de lo que se convertiría en el meteorito Murchison, que iluminó los cielos de Australia en septiembre de 1969 mientras se precipitaba hacia la superficie terrestre.

Un nuevo análisis de estas rocas antiguas detectó granos de polvo de estrellas de entre 4600 millones de años y 7000 millones de años de antigüedad. Los científicos estiman que estos antiquísimos granitos de polvo solo existen en aproximadamente cinco por ciento de los meteoritos, pero eso no los ha desalentado para seguir buscando pistas sobre la historia de nuestra galaxia.

Una ilustración muestra el posible aspecto de las crías de Tyrannosaurus rex. Los fósiles embrionarios descritos no pertenecían a T. rex, sino a una especie anterior de tiranosaurio que no ha sido identificada.

Fotografía de Julius Csotonyi (ilustración)

Descubren los primeros embriones de tiranosaurio

Los investigadores han identificado los restos de tiranosaurios tan jóvenes que aún no se habían librado de las cáscaras de sus huevos. El descubrimiento se ha producido gracias a los hallazgos en dos yacimientos diferentes: una garra de pie desenterrada en 2018 en la Formación Horseshoe Canyon en Alberta, Canadá, y una mandíbula inferior excavada en 1983 en la Formación Two Medicine de Montana. El análisis de los restos, que tienen entre 71 y 75 millones de años de antigüedad, reveló que las crías de tiranosaurio eran sorprendentemente pequeñas, con casi un metro de largo, o el tamaño aproximado de un Chihuahua, pero con una cola extralarga. Esta longitud es solo una décima parte de la de los adultos completamente desarrollados y podría ayudar a explicar por qué los investigadores aún no han encontrado otros ejemplos de estos pequeños tiranos: la mayoría de los científicos no buscaban un depredador tan pequeño.

Ilustración del módulo de aterrizaje InSight en Marte. La misión InSight, las siglas en inglés de «exploración interna con investigaciones sísmicas, geodésicas y transporte de calor», está diseñada para escuchar la actividad tectónica y los impactos de meteoritos, estudiar cuánto calor circula en el planeta y rastrear las oscilaciones de Marte mientras orbita alrededor del Sol.

Fotografía de NASA/JPL-Caltech

Marte emite zumbidos y los científicos no saben por qué

En noviembre de 2018, una nave espacial llegó a la superficie fría y polvorienta de Marte para tomar el pulso al planeta. El geólogo robótico, conocido como módulo de aterrizaje InSight, retransmitió sus primeros hallazgos a la Tierra, emocionando y desconcertando a científicos de todo el mundo. Entre estas curiosidades se encuentra un zumbido marciano, un ruido tranquilo y constante que parece pulsar al ritmo de los «martemotos» que sacuden el planeta.

Por ahora se desconoce el origen del zumbido. La Tierra alberga muchas de esas vibraciones de fondo, desde el rugido de los vientos hasta el choque de las olas contra la orilla. Pero la música de Marte reverbera a un tono más alto que la mayoría de los zumbidos naturales de la Tierra. Tal vez la geología bajo el módulo de aterrizaje intensifique un tono específico o quizá el propio módulo de aterrizaje genere el ruido. «Es extremadamente desconcertante», contó Bruce Banerdt, investigador principal de la misión InSight, a National Geographic en febrero.

Esta imagen de Betelgeuse, una de las estrellas más brillantes del cielo, se sacó con exposiciones tomadas por la Digitized Sky Survey 2.

Fotografía de ESO/Digitized Sky Survey 2. Agradecimiento: Davide De Martin

Resuelven el misterio del extraño comportamiento de la estrella Betelgeuse

En general, Betelgeuse figura entre las estrellas más brillantes del firmamento, pero en diciembre de 2019, su intenso brillo se atenuó misteriosamente. El drástico cambio suscitó intriga entre los científicos: quizá Betelgeuse se acercaba al final de su vida y podría explotar en una supernova más brillante que la luna llena. Sin embargo, en agosto de este año, la NASA anunció una explicación mucho menos extraordinaria para la repentina atenuación de su brillo: la estrella había «eructado».

Las observaciones del Telescopio Espacial Hubble revelaron que era probable que la estrella hubiera emitido un chorro de plasma supercaliente que se enfrió al salir. El proceso formó una nube de polvo de estrellas que podría haber bloqueado la luz de Betelgeuse desde el punto de vista de los observadores terrícolas. La estrella recuperó su brillo normal la pasada primavera, por lo que los astrónomos aficionados tendrán que seguir esperando sentados su muerte ardiente.

Hace unos 110 millones de años en el actual noroeste de Alberta, el nodosaurio Borealopelta markmitchelli comió helechos en un paisaje que había ardido recientemente, según un análisis de los contenidos estomacales del dinosaurio.

Fotografía de Julius Csotonyi (ilustración)

Detalles impresionantes de la última comida de un dinosaurio con armadura

La mitad delantera excelentemente conservada de un dinosaurio con armadura de 110 millones de años —con placas óseas, escamas y todo— sorprendió y deleitó a los científicos tras su descubrimiento accidental en 2011 por un operador de maquinaria pesada que trabajaba en una mina de arenas bituminosas de Alberta. Pero este año, la criatura nos dio más emociones cuando un análisis reveló que la última comida del animal también se había conservado en su vientre.

El dinosaurio era un nodosaurio, que es un tipo de anquilosaurio, pero carece de la porra de la cola propia de algunos de sus parientes. La bola de vegetación fosilizada del estómago del nodosaurio reveló que, unas horas antes de su muerte, había masticado un tipo específico de helecho seleccionado de entre una gran variedad de plantas disponibles. Los anillos de las ramitas leñosas consumidas con los helechos revelaron que era probable que el nodosaurio hubiera muerto durante el verano. Aunque es una sola comida, el hallazgo proporciona un panorama excepcional de las últimas horas de la vida de una criatura de hace más de cien millones de años.

Una trabajadora sanitaria lleva a Kakule Kavendivwa, de 14 años, a una ambulancia en Beni el año pasado. El día antes, las hermanas de Kakule lo habían llevado a un centro de salud cercano, pero huyeron cuando el equipo les recomendó acudir a un centro de tratamiento. El centro de salud alertó a la Organización Mundial de la Salud, que encontró a la familia. Tras varias horas hablando con los trabajadores encargados de las relaciones con la comunidad, permitieron que lo trasladaran en ambulancia para recibir tratamiento.

Fotografía de Nichole Sobecki

Termina al fin el segundo mayor brote de ébola

El 25 de junio, la Organización Mundial de la Salud declaró el fin del segundo mayor brote de ébola, que había infectado a más de 3480 personas y matado a casi 2300. El denominado brote de Kivu comenzó en agosto de 2018 con un conglomerado de casos cerca de Kivu, en el este de la República Democrática del Congo. El ébola es una fiebre hemorrágica caracterizada por varios síntomas —como el sangrado, la fiebre, el dolor de estómago, la debilidad y las erupciones cutáneas— y se propaga a través del contacto directo con una persona o animal infectados o mediante el contacto con su sangre o fluidos corporales. Contener la enfermedad en Kivu fue difícil debido a los disturbios locales, lo que suscitó sospechas sobre cualquier iniciativa del gobierno u organización internacional para frenar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, gracias a una nueva vacuna, los trabajadores sanitarios, dirigidos por Michael Yao de la OMS, pusieron en marcha una campaña para vacunar a cualquier persona que pudiera haber estado expuesta. Mejorando paralelamente las relaciones con la comunidad, esta iniciativa vacunó a más de 300 000 personas.

«Debemos congratularnos de este logro, pero no caer en la autocomplacencia», declaró el director general de la OMS Tedros Adhanom Ghebreyesus en un comunicado de prensa sobre el final del brote. «Los virus no descansan nunca». Se produjo otro brote (ya contenido) a principios de junio, cerca de la provincia de Équateur, en la República Democrática del Congo.

Estos fragmentos del cráneo de un Homo erectus antiguo se descubrieron en Sudáfrica. Es la primera vez que se encuentra la especie en la región.

Fotografía de Herries et al., Science 368:47 (2020).

Descubren el cráneo más antiguo de un Homo erectus

En un principio, los fragmentos del cráneo, extraídos de rocas al noroeste de Johannesburgo, Sudáfrica, parecían pertenecer a un babuino primitivo. Pero cuando Jesse Martin y Angeline Leece, estudiantes de la Universidad de La Trobe en Australia, unieron las piezas, se dieron cuenta de que sostenían el primer cráneo de Homo erectus encontrado en el sur de África. Es más, con una datación de unos dos millones de años, el cráneo representa el resto más antiguo de este ancestro humano. «Creo que nuestros supervisores no nos creyeron hasta que vinieron a echar un vistazo», contó Martin a National Geographic la pasada primavera. El descubrimiento ayuda a los investigadores a seguir descifrando nuestro enmarañado árbol genealógico y a averiguar cuándo y dónde aparecieron nuestros parientes primitivos.

Reconstrucción del terreno de anidación del Hypacrosaurus stebingeri en la formación Two Medicine de Montana. En el centro, una cría de Hypacrosaurus fallecida tiene la parte posterior del cráneo sumergida en aguas poco profundas. A la derecha vemos a un adulto que lamenta su muerte.

Fotografía de Michael Rothman (ilustración)

Pistas del primer ADN de dinosaurio

En Parque Jurásico, aislar el ADN de los dinosaurios es tan sencillo como extraer la sangre consumida por un mosquito antiguo fosilizado en ámbar. Si bien todavía estamos muy lejos de hacer realidad esta obra de ficción, se ha producido un gran avance en el estudio del ADN fosilizado. Mientras estudiaba fósiles muy bien conservados de más de 70 millones de años, un equipo identificó los contornos de las células, formas que podrían ser cromosomas y varios posibles núcleos: las estructuras que albergan el ADN. Sin embargo, no han extraído ADN de las células fosilizadas, por lo que aún no pueden confirmar si el material es ADN inalterado u otro subproducto genético. Con todo, es un análisis emocionante de los detalles más sutiles que pueden preservarse con la fosilización. «Las posibilidades son apasionantes», contó David Evans, paleontólogo del Museo Real de Ontario que no participó en el estudio, a National Geographic en marzo.

Los científicos comparan notas sobre la estratigrafía de la cueva de Chiquihuite antes de tomar muestras de los restos del ADN de plantas y animales en los sedimentos.

Fotografía de Devlin Gandy

Los humanos podrían haber llegado a las Américas antes de lo pensado

Los objetos de piedra hallados en el interior de la cueva de Chiquihuite, en México, indican que los humanos podrían haber llegado a las Américas hace 30 000 años, casi el doble de lo que sugiere la mayoría de las estimaciones actuales sobre la llegada. Los arqueólogos están debatiendo acaloradamente esta fecha y, en un principio, muchos dataron la primera presencia humana en las Américas hace unos 13 500 años, cuando los mantos de hielo retrocedieron y se abrieron rutas migratorias desde Asia. En cambio, evidencias recientes sugieren que los humanos llegaron miles de años antes. Y el nuevo análisis de objetos de piedra, como cuchillas, puntas de proyectiles y lascas de roca, intercalados con trozos de carbón que datan de hace unos 30 000 años, sugiere que es probable que los humanos llegaran a las Américas antes de que los glaciares comenzaran a derretirse.

El estudio de la cueva mexicana sugiere que podría haber estado habitada hace decenas de miles de años, ya que es probable que la región fuera mucho más fría, húmeda y verde que en la actualidad. Sin embargo, aún no se han encontrado restos humanos y el nuevo estudio ha suscitado controversia entre los científicos. «La principal aportación de Chiquihuite es que da otra lucecita, otra pequeña señal, de que hay algo ahí», contó el autor del estudio, Ciprian Ardelean, arqueólogo de la Universidad Autónoma de Zacatecas, a National Geographic en julio.

La torre de coral recién descubierta, con más de 500 metros de altura, se suma a los otros siete arrecifes separados en el norte de la Gran Barrera de Coral.

Fotografía de Schmidt Ocean Institute

Un arrecife más alto que el Empire State

Un equipo de científicos australianos a bordo del buque de investigación Falkor del Schmidt Ocean Institute estaba cartografiando el fondo marino del norte de la Gran Barrera de Coral cuando se topó con un imponente rascacielos de coral más de 500 metros de altura, el primero de su tipo descubierto en más de 120 años. La nueva torre de coral, conocida como arrecife separado, es una de las ocho identificadas en la región. Estas estructuras naturales proporcionan hábitats fundamentales para criaturas como tortugas marinas y tiburones, que entran y salen de las profundas aguas adyacentes a la Gran Barrera de Coral. El equipo cartografió el arrecife separado y halló una gran variedad de formas de vida en el ecosistema. Tomaron muestras de roca, sedimentos y algunos organismos que se analizarán en laboratorios.

Aunque probablemente surjan más detalles sobre este arrecife, los taxónomos que estudian las fotografías y los vídeos ya han identificado varias nuevas especies de peces. Wendy Schmidt, cofundadora del Schmidt Ocean Institute declaró en un comunicado de prensa que el descubrimiento forma parte de una revolución en las ciencias del mar: «Gracias a las nuevas tecnologías que ejercen de ojos, oídos y manos en las profundidades del mar, podemos explorar como nunca antes».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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