Sólo estos animales elegidos son capaces de soportar calor extremo ¿les bastará para adaptarse al calentamiento global?

De los zorros a los wombats, estas criaturas se han adaptado a la vida en el desierto. Pero tendrán que evolucionar aún más rápido para seguir el ritmo del cambio climático.

Por Christine Peterson
Publicado 7 jun 2023, 12:35 CEST
Camellos dromedarios vistos en el desierto de Arabia

Los camellos dromedarios (vistos en el desierto de Arabia) pueden extraer agua del aire húmedo a través de fosas nasales especializadas.

Fotografía de Brooke Whatnall, Nat Geo Image Collection

Cerca de Baja California (México), el sol tropical calienta las pozas de marea poco profundas hasta temperaturas que superan con creces los 37 grados Celsius. Sin embargo, incluso en este entorno extremo, prosperan unos diminutos crustáceos llamados copépodos de las marismas.

Sorprendentemente, estos copépodos mexicanos pueden soportar temperaturas unos dos grados más altas que las poblaciones de la misma especie en el norte de California. Aun así, en experimentos de laboratorio, los copépodos mexicanos mueren rápidamente cuando se exponen a aguas más calientes.

A medida que "los organismos se calientan, sus proteínas empiezan a fundirse", explica Morgan Kelly, profesor de biología de la Universidad Estatal de Luisiana (Estados Unidos) que estudia estos crustáceos de dos milímetros de longitud. 

Es una pista aleccionadora de cómo las especies del planeta (desde los insectos más pequeños hasta los mamíferos más grandes) luchan por hacer frente a un planeta que se calienta rápidamente. La temperatura global de la Tierra ha aumentado 0,76 grados centígrados desde 1880, y el ritmo del calentamiento  global es hoy más del doble de rápido que en 1981.

Sin embargo, hay esperanza para algunos animales. Las hormigas de bellota que viven en la ciudad pueden evolucionar a lo largo de varias generaciones para tolerar más de un grado extra, de 46 a 47,7.

"La evolución ofrece un importante amortiguador", afirma Sarah Diamond, profesora asociada de biología de la Universidad Case Western Reserve de Ohio (Estados Unidos), que estudió las hormigas.

"Aunque la evolución por sí sola podría no ser suficiente para seguir el ritmo del cambio climático para muchas de las especies que hemos estudiado hasta ahora, puede darnos más tiempo".

Muchas especies tienen adaptaciones inteligentes para soportar el calor, sobre todo las que viven en entornos desérticos áridos. Criaturas como el caracol Sphincterochila pueden tolerar el sol directo del desierto del sur de Israel durante unas pocas horas a temperaturas de 55 grados, y durante mucho más tiempo a 50 grados. Permanecen inactivos en el calor, ahorrando energía hasta los periodos de lluvia, cuando comen y se reproducen.

El zorro de Rüppell se gana la vida en el desierto iraní de Lut, donde el mercurio ha alcanzado casi los 71 grados. Este depredador sólo caza de noche, cuando refresca.

La hormiga plateada del Sáhara construye guaridas subterráneas para escapar de temperaturas de 48 grados, y sólo sale brevemente para coger comida.

Los burros domésticos y su antepasado, el asno salvaje, evolucionaron para acaparar recursos en lugar de aparearse. Según Fiona Marshall, arqueóloga de la Universidad de Washington en San Luis (Estados Unidos) que lleva mucho tiempo estudiando la domesticación de animales africanos y los cambios climáticos, el solitario asno salvaje africano, una especie en peligro crítico de extinción originaria del Cuerno de África, vigila los abrevaderos y se aparea con las hembras que llegan.

"Todo el mundo se queja de que los burros son testarudos, pero están acostumbrados a ser solitarios y a tomar sus propias decisiones", afirma Marshall.

Vivir en manada funciona para los animales de lugares más húmedos y frondosos, donde hay comida y agua en abundancia. No es bueno para los desiertos escasos.

Otras adaptaciones son mucho más físicas. El húmedo revestimiento interior de las enormes fosas nasales del camello puede extraer la humedad del aire cuando el animal inspira o espira.

Otros animales del desierto, como las ratas canguro y los wombats, extraen toda la humedad de los alimentos y depositan heces secas y cuadradas.

Un zorro de Rüppell en el Sheikh Butti bin Juma Al Maktoum Wildlife Centre de los Emiratos Árabes Unidos. Este animal puede vivir en zonas casi sin agua, como el centro de Arabia Saudí.

Fotografía de Joël Sartore, National Geographic, Photo Ark

"El tiempo se está acabando"

Entonces, ¿están las especies adaptadas al calor mejor preparadas para sobrevivir en un planeta cada vez más caliente, o tienen tan mala suerte como el resto de nosotros?

Depende, afirman los investigadores. Por regla general, cuanto más pequeño, más extendido y menos complejo es un organismo, más rápido puede adaptarse al cambio.

Por eso, una especie como el ratón ciervo tendría más oportunidades de desarrollar adaptaciones mejoradas al calor que, por ejemplo, los elefantes en peligro de extinción, explica Martha Muñoz, profesora de biología de la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Las poblaciones más grandes suelen proporcionar una mayor variación genética para la experimentación.

En segundo lugar, la evolución requiere tiempo. Una bacteria puede reproducirse seis veces al día, lo que supone una rápida renovación. Las ballenas azules, en cambio, pueden tardar hasta 15 años en reproducirse.

Algunas especies pueden cambiar su comportamiento cuando se enfrentan a temperaturas más elevadas, aunque incluso eso tiene consecuencias.

Muñoz y sus colegas descubrieron que los lagartos Anolis que viven en los bordes de los bosques caribeños, donde pueden moverse entre lugares más cálidos y más frescos (como esconderse bajo rocas en pleno día), no se molestaron en cambiar su metabolismo u otros factores fisiológicos cuando aumentaron las temperaturas. En última instancia, eso mermó la capacidad de sus futuras generaciones para hacerlo.

Dado que los ratones ciervo (en la foto, ratones ciervo de Florida en cautividad) se reproducen con rapidez, es posible que desarrollen adaptaciones al calor extremo con mayor rapidez que los animales de vida más larga.

Fotografía de Joël Sartore, National Geographic, Photo Ark

Sin embargo, sus congéneres de los bosques aumentaron su tolerancia básica al calor y pudieron sobrevivir mejor. Este fenómeno evolutivo tiene incluso un nombre: el efecto Bogert.

También ha descubierto, como en el caso de las hormigas bellota, que algunas especies pueden evolucionar rápidamente. En un estudio, el lagarto cornudo de montaña de México aumentó ligeramente su umbral de calor tras un año de olas de calor.

Pero a pesar de estas notables adaptaciones, Muñoz advierte de que no son lo bastante rápidas como para seguir el ritmo del calentamiento de nuestro planeta.

Estos animales "viven de prestado, y el tiempo se acaba".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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