Historia

Estos perros forenses podrían haber localizado el lugar donde murió Amelia Earhart

Los perros detectores de huesos han recorrido una remota isla del Pacífico en busca de cualquier pista de la famosa y desafortunada piloto. Y esto es lo que han encontrado. Jueves, 9 Noviembre

Por Rachel Hartigan Shea

Los cuatro perros detectores de huesos que los investigadores trajeron hasta esta remota isla del Pacífico para buscar pistas de Amelia Earhart han identificado un lugar en el que la aviadora pionera podría haber muerto hace 80 años.

Los perros —cuatro border collies llamados Marcy, Piper, Kayle y Berkeley— llegaron a la isla el pasado 30 de junio como parte de una expedición financiada por el TIGHAR (Grupo Internacional para la Recuperación de Aeronaves Históricas) y laNational Geographic Society.

Los investigadores de TIGHAR habían visitado la isla con anterioridad y acotaron su búsqueda a un claro al que llaman Seven Site debido a su forma. En 1940, un oficial británico visitó el lugar e informó de que había encontrado huesos humanos bajo un arbusto del género Tournefortia.

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En 2001, los buscadores encontraron lo que creen que se trata del lugar descrito por el oficial, y las excavaciones posteriores han desenterrado posibles restos de un náufrago americano, incluyendo restos de varias hogueras y objetos fabricados en Estados Unidos como una navaja, un neceser de maquillaje, una cremallera y varios recipientes de cristal.

Earhart y su copiloto, Fred Noonan, desaparecieron el 2 de julio de 1937 cuando viajaban hacia la isla Howland, a 350 millas náuticas al noreste de Nikumaroro, junto a la línea de posición que Earhart había descrito en su última transmisión por radio confirmada.

La hipótesis de TIGHAR es que, cuando los aviadores no pudieron encontrar Howland, aterrizaron en el arrecife de Nikumaroro cuando la marea estaba baja. Los partidarios de teorías alternativas argumentan que el avión de Earhart se estrelló y se hundió en el océano o que acabó siendo capturada por los japoneses en las islas Marshall o en Saipán.

De hecho, un nuevo documental del History Channel ha desvelado una fotografía en la que supuestamente aparecerían Earhart y Noonan en las islas Marshall, algunos años después de su desaparición. Sin embargo, el rostro del hombre está borroso y la mujer da la espalda a la cámara.

«Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias, como un hueso o ADN», explicó Andrew McKenna, que ha participado en varias expediciones de TIGHAR en Nikumaroro. Se han llevado perros forenses a la isla con la esperanza de encontrar dichas pruebas.

Poco después de empezar a trabajar en el lugar, Berkeley, un macho de pelo rizado y rojizo, se sentó al pie de un arbusto con los ojos fijos en su adiestradora, Lynne Angeloro. El perro estaba «alerta», lo que indicó a Angeloro que había detectado el olor de restos humanos.

La siguiente fue Kayle, una hembra peluda y siempre deseosa por complacer. También se puso alerta en el mismo lugar. Al día siguiente trajeron a Marcy y Piper, dos collies de pelo blanco y negro. Ambos perros se pusieron alerta.

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Las señales eran claras: alguien —quizá Earhart o su copiloto Fred Noonan— había fallecido bajo el arbusto.

Sin embargo, el descubrimiento realizado por los perros —que son capaces de detectar el olor persistente de los huesos humanos mucho después de que los mismos huesos se hayan descompuesto— no garantizaba que los arqueólogos de la expedición pudieran desenterrar restos visibles de la persona que había fallecido allí.

La excavación propiamente dicha comenzó el 2 de julio, el día del 80º aniversario de la desaparición de Earhart. La expedición tenía previsto dejar la isla el 6 de julio.

Pero el penúltimo día, el equipo no había localizado ningún hueso todavía. Tom King, arqueólogo de TIGHAR, empezó a pensar en un plan B. Su primera idea fue enviar muestras de tierra del lugar a un laboratorio capaz de extraer ADN.

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Fred Hiebert, arqueólogo residente de National Geographic, señaló que se había extraído con éxito ADN de neandertal a partir de la tierra de una cueva francesa. Sin embargo, reconoció que las probabilidades de obtener ADN de un entorno tropical como Nikumaroro eran escasas.

«Si estábamos excediendo los límites al enviar a perros forenses a la isla», afirmó Hiebert, «estamos excediéndolos mucho más con el ADN».

El otro plan de King era seguir la «extraña historia», como él mismo dijo, de que los huesos encontrados en 1940 acabaron de alguna forma en una oficina de correos en Tarawa, la capital de Kiribati.

En su último día en la isla, el arqueólogo Dawn Johnson y la doctora Kim Zimmerman se pusieron mascarillas y guantes y llenaron cinco bolsas herméticas con la tierra de alrededor del arbusto. Mientras tanto, se estaba organizando el envío de estas muestras a un laboratorio de ADN en Alemania.

Quizá en las próximas semanas los científicos confirmen fuera de toda duda que Amelia Earhart murió como náufraga en Nikumaroro.

Sin embargo, a medida que el barco de la expedición se alejaba de la isla, los investigadores ya estaban diseñando un plan para enviar un equipo a Tarawa. Quizá es allí donde han estado escondidos los huesos de Earhart durante todo este tiempo. O quizá no.

«Esa es la historia de nuestro trabajo», explica King. «Nos llegan pistas intrigantes, las seguimos y finalmente nos quedamos a cero de nuevo».

Pero esto no le detendrá —ni a otros muchos como él— a la hora de continuar su búsqueda.

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