Momentos de dolor y resiliencia capturados a lo largo de un año inolvidable

«La pandemia nos ha arrancado muchos miedos y ampliado mi deseo de conectar con otros». Tras un año de pandemia de COVID-19, los fotógrafos reflexionan sobre sus imágenes.

Por Tucker C. Toole
Publicado 12 mar 2021, 14:54 CET

El pueblo indígena shipibo-konibo, de la selva amazónica de Perú, utiliza plantas curativas para conectar con la naturaleza. Su trabajo con fitoterapia tradicional está amenazado durante la pandemia de coronavirus. «Acompañé al pueblo shipibo-konibo en su misión para sobrevivir a esta enfermedad violenta... vi cómo se refugiaban en su origen, en su bosque. Y me sentí refugiada con ellos», contó la fotógrafa Florence Goupil.

Fotografía de Florence Goupil

Fue un momento que nunca olvidaremos. Se cancelaron eventos deportivos, las universidades mandaron a casa a los alumnos, se apagaron las luces de los teatros y las oficinas cerraron sus puertas. El pasado marzo, nos confinamos mientras la COVID-19 avanzaba por todo el mundo.

El número de víctimas previsto era inimaginable. Desde que la Organización Mundial de la Salud declaró el coronavirus una pandemia hace un año, se han notificado más de 188 millones de casos de COVID-19 a nivel mundial y más de 2,6 millones de personas han perdido la vida. Estados Unidos va en cabeza en casos y muertes por COVID-19: más de 29 millones de personas han contraído el virus y más de 520 000 han muerto en el país.

Ha sido un año que ha puesto a prueba nuestra humanidad. Los hospitales han quedado saturados. Las funerarias han tenido dificultades para mantener el ritmo. Millones de personas se han quedado sin trabajo. El hambre acuciante ha aumentado drásticamente. Los familiares han tenido que permanecer alejados.

Durante la pandemia, la National Geographic Society creó un fondo de emergencia para apoyar a los periodistas a cubrir la COVID-19. Desde la resiliencia a la reconexión, los fotógrafos inmortalizaron momentos impactantes de personas de todo el mundo que han afrontado la pandemia de formas diferentes. Pedimos a algunos de los fotógrafos que recibieron subvenciones que eligieran la imagen con la que más se identificaran y compartieran sus reflexiones.

Rita Harper fotografió a la enfermera geriátrica Breonna Leon en Atlanta, Georgia, que ha cuidado de muchos pacientes de COVID-19 que han fallecido. Harper dice que quería documentar cómo se han visto afectadas las comunidades urbanas debido a la falta de recursos, las enfermedades preexistentes y el acceso limitado a la atención médica.

El fotógrafo Gab Mejia inmortalizó a los guardabosques de Filipinas despidiéndose del único tamarao del planeta criado en cautividad. Se estima que quedan 500 tamaraos, la especie de búfalo más rara del mundo, en el medio natural. Los confinamientos y las dificultades económicas han impedido los esfuerzos de conservación de fauna silvestre y cada pérdida acerca a la especie a la extinción.

«Fue una experiencia traumática ver la muerte y el cadáver del tamarao, que está en peligro crítico de extinción», dijo Mejia. «También lo fueron las dificultades que ha provocado la pandemia para los guardabosques, que han dedicado sus vidas a salvar a esta especie rara en Filipinas. Los confinamientos estrictos han dificultado documentar los lugares de conservación de fauna silvestre debido al miedo causado por la COVID-19».

Aunque algunos esperan que las dificultades de la pandemia estén tocando a su fin, para la mayoría —sobre todo los parientes y amigos de los difuntos— este año devastador repercutirá en sus vidas para siempre.

La pandemia de COVID-19 llegó pronto a la remota región rusa de Daguestán, que tiene un sistema médico obsoleto. Al principio, los enfermeros locales pensaron que la enfermedad era la gripe anual, pero cuando un gran número de vecinos empezó a fallecer y a enfermar, no comprendieron qué estaba pasando ni cómo tratarlo, ni les proporcionaron equipo ni medicinas. «Sobre todo me entristeció ver a mujeres embarazadas enfermas y a niños pequeños con síntomas de COVID-19, rodeados de trabajadores sanitarios que parecían cosmonautas», contó Nanna Heitmann.

Fotografía de Nanna Heitmann

En Armenia, la fotógrafa Anush Babajanyan abrazó a su hija Ella cuando tuvo problemas para terminar sus deberes virtuales de matemáticas. «Tampoco podía pasar por alto el hecho de que, como familia, mis hijos y yo también estábamos luchando, tratando de enseñar y aprender, entendiendo cómo pasar el día sin salir de casa, tratando de mantener la vida equilibrada, intentándolo», dijo Babajanyan.

Fotografía de Anush Babajanya

Bethany Mollenkof, que estaba embarazada cuando Estados Unidos declaró el confinamiento, sintió que traer un niño al mundo durante ese momento fue poderoso. «Hacer crecer una vida en tiempos de muerte tan oscuros me pareció poderoso y quise documentarlo para mi hija», dijo Mollenkof.

Fotografía de Bethany Mollenkof

Los guardabosques se despiden del último tamarao criado en cautividad, un icono filipino y mamífero terrestre nacional. La pandemia ha puesto en peligro a los guardabosques y a los defensores del medioambiente en Filipinas.

Fotografía de Gab Mejia

Amos Scott recobra el aliento después de sacar un pez de un hoyo de pesca en el hielo a temperaturas inferiores a 30 grados bajo cero en el Gran Lago de los Esclavos, en los Territorios del Noroeste (Canadá). Desde la pandemia, los ancianos indígenas de los Territorios del Noroeste animan a los residentes a «estar en la tierra» como medida de distanciamiento físico para proteger sus comunidades y como forma de reconectar con la naturaleza y los estilos de vida indígenas tradicionales.

Fotografía de Pat Kane

El río Paraná, en Argentina, afronta el mayor declive de su historia, lo que está afectando a la biodiversidad de los humedales de esa zona. «Llevo varios meses trabajando en el proyecto "Río Adentro", documentando la situación de este importante ecosistema a través de diferentes familias que han aprendido a adaptarse a los cambios impuestos por la pandemia, pero también a la peor transformación ambiental de su territorio», dijo Sebastián López Brach.

Fotografía de Sebastián López Brach

La fotógrafa documental brasileña Gabriela Portilho, que suele inmortalizar la vida en el exterior, se vio obligada a hacer su trabajo desde casa durante el confinamiento por la COVID-19 en Brasil. Portilho fotografió el pan bajo diferentes luces, creando una metáfora de los ciclos lunares y el paso del tiempo. «En esa limitación, vi la oportunidad de ver mi propia vida y, de algún modo, hablar de los cambios en los hábitos alimenticios que me afectaron no sólo a mí, sino a miles de personas, que por suerte tenían comida en casa durante ese tiempo», dijo.

Fotografía de Gabriela Portilho

Los activistas de Johannesburgo distribuyeron verduras orgánicas y material de jardinería a cientos de hogares vulnerables para luchar contra la creciente inseguridad alimentaria provocada por el confinamiento. «Como madre, esta pandemia me tiene preocupada por el bienestar, la seguridad y el futuro de mi hijo», dijo Miora Rajaonary.

Fotografía de Miora Rajaonary

Breonna Leon, enfermera geriátrica de Atlanta, ha tenido que afrontar el hecho de ser una trabajadora sanitaria esencial durante la pandemia y ver cómo muchos de sus pacientes fallecían a causa de la COVID-19. Cree que los estadounidenses negros mueren en mayor proporción debido a problemas como el racismo sistémico en la atención sanitaria, las enfermedades preexistentes y los recursos y el acceso a la atención médica limitados. Al fotografiar a trabajadoras como Leon y los barrios locales, «logré una perspectiva íntima de cómo afectan los desiertos alimentarios a las comunidades negras de Atlanta», dijo la fotógrafa Rita Harper.

Fotografía de Rita Harper

La fotógrafa Esther Ruth Mbabazi honra la vida de su padre, fallecido en el 2008. «Durante la pandemia, tuve mucho tiempo para la introspección, para sentarme con el silencio y estar presente», dice. «Eché de menos a mi padre. Le eché mucho de menos. Esta es mi forma de preservar los recuerdos que tengo de él».

Fotografía de Esther Ruth Mbabazi

Una pegatina que recomienda que los pasajeros mantengan la distancia social marca el centro de la mesa en un crucero griego por la isla de Santorini. «El guía italiano del crucero me dijo que, normalmente, cada trayecto estaría completo y el crucero, abarrotado, pero hoy, en la nueva normalidad de este verano, sólo había unas 30 personas en el barco y pude hacerme un rincón de trabajo tranquilo en una de las mesas de dentro», contó la fotógrafa Loulou d'Aki.

Fotografía de Loulou d'Aki

Youssef ha retomado una antigua tradición beduina de cultivar y cuidar de un huerto familiar. Esta tradición había desaparecido de Egipto hasta que se recuperó durante la pandemia.

Fotografía de Rehab Eldalil

Acostada cómodamente en el refugio improvisado de una escuela móvil para jóvenes indígenas en Filipinas, una profesora comparte un momento tierno y maternal con una de sus alumnas, que tiene dificultades para dormir por la noche. «Ha supuesto un reto emocional documentar una comunidad marginada que ya se enfrentaba a crisis humanitarias antes de la COVID-19. Tardé meses en recuperarme tras presenciar y escuchar la lucha de su encierro después de mi inmersión de una semana con la comunidad», dijo el fotógrafo Pau Villanueva.

Fotografía de Pau Villanueva

Mónica se peina antes de salir a trabajar en la calle en Indonesia. Durante la pandemia, muchas mujeres trans, que en su mayoría trabajan en los sectores del sexo, el comercio y la belleza, han tenido opciones limitadas. Cuando el gobierno indonesio implantó el distanciamiento social, no se permitió el funcionamiento de la mayoría de los sectores comerciales, entre ellos los balnearios y los salones de belleza.

Fotografía de Yoppy Pieter

Delores Jetton, ayudante de baño en Estados Unidos, atiende principalmente a personas al final de sus vidas. Los pacientes reciben un toque compasivo y meditabundo con sus cuidados. «Ver trabajar a Delores es ver lo mejor de la humanidad encarnado en un ser terrenal», dice la fotógrafa Lynn Johnson.

Fotografía de Lynn Johnson

Una voluntaria desinfecta un autobús público en Kibera, Kenia, donde el transporte público es esencial para casi todos los residentes. «El transporte público es un salvavidas para la mayoría de los residentes de Kibera que quieren moverse por la ciudad y sus alrededores», dice el fotógrafo Brian Otieno. «Mientras a todos se nos pedía que nos quedáramos en casa, algunos se desvivían por servir y proteger a sus comunidades».

Fotografía de Brian Otieno

Rosem Morton es una trabajadora sanitaria esencial, además de fotógrafa. En este autorretrato, escribe su nombre en su capucha PAPR, un respirador con purificador de aire eléctrico, en marzo del 2020. «Esta misma capucha ha vivido en mi taquilla durante el último año. La única diferencia es que mi nombre, reescrito muchas veces, ha desaparecido de tanto limpiarla y reutilizarla. Me recuerda lo que seguimos soportando un año después».

Fotografía de Rosem Morton

Un grupo de migrantes y refugiados atraviesa Bosnia a pie. «Hoy, Bosnia se ha convertido en un guardián improbable y desafortunado de la Unión Europea», señala el fotógrafo Ziyah Gafic, que en su día fue también un refugiado. «Decenas de miles de personas atraviesan Bosnia en camino hacia un mañana mejor. La mayoría de las veces se encuentran en territorio hostil, en países que no los quieren. Al mismo tiempo, todos comparten la misma esperanza inquebrantable de que, cuando lleguen a su destino final, su vida será mejor».

Fotografía de Ziyah Gafic, Vii, Apoyado En PArte por El Pulitzer Center For Crisis Reporting

Kataleya Nativi Baca, una migrante trans de Honduras que espera para solicitar asilo en la frontera de Estados Unidos, vive un momento alegre en un año oscuro. La COVID-19 llegó justo cuando se preparaba para ser citada para presentar su caso. En marzo del 2020, la frontera entre Estados Unidos y México quedo cerrada indefinidamente a los inmigrantes, «arrojando su vida en una espiral de depresión e inestabilidad laboral, vital y de seguridad», dice la fotógrafa Danielle Villasana.

Fotografía de Danielle Villasana

Una residente de Manila, Filipinas, se encuentra fuera de su tienda en Smokey Mountain, un antiguo vertedero. En vísperas del confinamiento por la COVID-19 impuesto por el gobierno, fue apuñalada por su marido y estuvo a punto de morir por una hemorragia. «Aunque la violencia de género puede ocurrirle a cualquiera, las personas que viven en la pobreza suelen ser las más vulnerables», afirma la fotógrafa Bernice Beltrán. «Esta historia en particular explora cómo la falta de una dimensión de género en la respuesta del gobierno a la COVID-19 afectó a las víctimas de la violencia doméstica en Filipinas».

Fotografía de Bernice Beltran

Durante la pandemia, ha aumentado la violencia doméstica. «Esta foto me recuerda que la violencia doméstica no empieza con moratones en la piel, la violencia doméstica empieza con palabras y adopta muchas formas», dice la fotógrafa Irina Unruh.

Fotografía de Irina Unruh

Este trabajo ha contado con el apoyo del Fondo de Emergencia COVID-19 para Periodistas de la National Geographic Society.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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