Bestiario de las curiosas criaturas míticas japonesas nacidas del desastre

Muchas de las leyendas más emblemáticas del país proceden de la región de Tohoku, donde la historia está plagada de desastres naturales, hambruna y aislamiento.

Los espíritus conocidos como namahage visitan a las familias en sus casas una vez al año para asegurarse de que todos cumplen con su parte y de que los niños se portan bien. Son sólo una de las criaturas míticas que se han hecho famosas en la región japonesa de Tohoku.

Fotografía de Kyodo, AP Images
Por Lance Henderstein
Publicado 4 ene 2024, 13:41 CET, Actualizado 16 ene 2024, 16:28 CET

Fantasmas de niños que juegan en el salón. Espíritus que arrastran a los desprevenidos a una muerte acuática. Deidades que descienden de las montañas para castigar a los que no ponen de su parte. Éstas son algunas de las criaturas que habitan en los cuentos populares de Tohoku, la región más septentrional de la isla principal de Japón, donde una geografía aislada, un clima duro y las catástrofes alimentan la imaginación de sus habitantes.

Cualquiera que se haya desplazado por el menú de emojis del teléfono ha estado expuesto al folclore japonés a través de las imágenes del oni 👹 de cara roja, un tipo de duende que reside en montañas o cuevas, y del tengu 👺 de nariz larga, una deidad humana parecida a un pájaro. Estos seres sobrenaturales pertenecen a grupos superpuestos llamados kami (traducido imperfectamente como deidad o espíritu) y yokai (que significa "apariciones extrañas").

El folclore japonés deriva de tradiciones orales regionales contadas por los pueblos indígenas de Japón, como los emishi de Tohoku, que se mezclaron con conceptos religiosos sintoístas y budistas, así como con cuentos populares importados de todo el mundo. Con el tiempo, estas historias locales evolucionaron hasta convertirse en las versiones modernas que se ven hoy en día, pasando a formar parte de todo, desde los rituales religiosos japoneses hasta las bellas artes, los videojuegos y, por supuesto, los emoji.

Esta panorámica desde la cima del monte Tamoyachidake, en Aomori, muestra, de izquierda a derecha, las cumbres volcánicas del monte Akakuradake, el monte Iodake y el monte Odake.

Fotografía de James Whitlow Delano, Redux

Cómo la historia de Tohoku alimentó el folclore japonés

Los cuentos de Tohoku no son pura fantasía; muchos están moldeados por la difícil historia de desastres naturales, hambrunas y aislamiento geográfico de la región.

La ciudad de Tono, en la prefectura de Iwate, es una fuente especialmente importante de esta mitología. Rodeada de montañas, Tono está enclavada en un valle aislado. Ese aislamiento ha permitido que muchos de los antiguos folclores japoneses sobrevivan hasta los tiempos modernos.

Fue allí donde Kunio Yanagita recopiló los recuerdos de un lugareño llamado Kizen Sasaki para crear la colección definitiva de cuentos populares rurales llamada Cuentos de Tono, publicada en 1910.

La colección de Yanagita y Sasaki reificó las versiones locales de los yokai, introduciendo la cultura local en la conciencia nacional e internacional.

"Los kami y los yokai no son como los conceptos occidentales de dioses, creadores del universo o separados de nuestro mundo. Pertenecen plenamente al mundo natural", afirma Toshiaki Ishikura, profesor de mitología y antropología del arte en la Universidad de Arte de Akita.

Casi todos los fenómenos misteriosos del folclore japonés, incluidos muchos kami, pueden considerarse yokai.  

"Los yokai son simplemente criaturas míticas del folclore japonés. Pero sirven de lente para ver diferentes aspectos de las creencias, la sociedad y la historia japonesas", explica Hiroko Yoda, escritora y coautora del libro ¡Yokai Attack! La guía de supervivencia de los monstruos japoneses.

En una imagen de Cuadros de cien demonios, de Kawanabe Kyōsai, un tengu, con una gran nariz y alas, lleva un instrumento de caña (sho) y un bastón de peregrino. Le sigue su sirviente.

Fotografía de Print By Kawanabe Kyōsai

Kappa: espíritus anfibios con un trasfondo siniestro

Uno de los yokai más populares del folclore japonés es el kappa, una criatura anfibia de color verde y aspecto infantil con un pico amarillo por boca y un caparazón de tortuga en la espalda.

Originalmente, los kappa daban una imagen monstruosa al peligro real de ahogarse en los ríos si uno no tenía cuidado. Esa imagen ha evolucionado con el tiempo para volverse más mona y comercializada. Los personajes de Pokémon Golduck y Lotad, así como Gamakichi de la serie de anime Naruto, son versiones animadas de estos yokai que antes daban miedo. Pero el kappa verde y mono de hoy surgió hace relativamente poco, evolucionando a partir de una criatura peluda parecida a una nutria en el periodo Edo (1603-1868).

La imagen moderna del kappa surgió de la cultura impresa japonesa y de los diseños del ukiyo-e (xilografía) de la era Meiji (1868-1912), explica Ishikura. "Los impresores y artistas de las ciudades reimaginaron los personajes yokai de la población rural que los había inventado. Esas imágenes producidas en masa pronto llegaron a sustituir a las versiones locales".

Las representaciones del comportamiento de los kappa son variadas y contradictorias. Son juguetones y traviesos, vengativos y asesinos, físicamente fuertes y superinteligentes, pero fácilmente engañables, a menudo en la misma historia. Aceptan regalos de pepinos (su comida favorita) y a veces ahogan a los que se niegan.

Sus superpoderes se ven contrarrestados por su talón de Aquiles, un charco de agua en la parte superior de la cabeza que, si se derrama, les quita el poder. Curiosamente, los kappa son muy respetuosos con el decoro y se inclinan ante cualquiera que se incline ante ellos primero, lo que provoca que el agua se derrame y ofrece a los humanos la oportunidad de escapar.

Ishikura dice que los aspectos más oscuros de los cuentos de kappa en Tohoku pueden ser un eco de la trágica historia de hambrunas de la región y las altas tasas de mortalidad infantil causadas por un clima duro, los desastres naturales (incluidas las erupciones volcánicas) y el sistema impositivo que se pagaba en arroz.

"En la región de Tohoku, a veces se recurría al infanticidio como forma de control de la natalidad debido a las repetidas hambrunas. Los cadáveres de los niños no deseados solían arrojarse a ríos o lagos", explica el profesor Ishikura; "muchos habitantes de Tono creen que esa trágica historia es uno de los orígenes de las historias de los kappa".

De hecho, se dice que los kappa de Tono en concreto son de color rojo en vez de verde, lo que puede aludir a la palabra japonesa para niño, akachan, que deriva de aka, la palabra para rojo.

El kappa ha pasado de ser una criatura mortal a un personaje más mono en los tiempos modernos, sirviendo incluso de inspiración para Pokemon.

Fotografía de Print By Akamatsu Sōtan via British Library Board, Bridgeman Images

En una imagen de Cuadros de cien demonios, de Kyōsai, adultos y niños se apiñan en torno a un brasero, o fuego de carbón, para escuchar historias de fantasmas.

Fotografía de Print By Kawanabe Kyōsai

'Zashiki-warashi': niños espíritu

Otro yokai de Tohoku que se hizo famoso en el Monogatari de Tono son los zashiki-warashi, espíritus que rondan las habitaciones de tatami de las casas, trayendo contraintuitivamente fortuna a las familias que visitan y llevándose esa suerte con ellos cuando se marchan, provocando que las familias pasen por tiempos difíciles.

Las historias de los zashiki-warashi hablan de la suerte siempre cambiante de los hogares de Tono, sometidos a largos inviernos, hambrunas, desnutrición y desastres naturales, lo que, según Ishikura, llevó a la cultura de acoger a los yoshi, niños huérfanos o abandonados.

Los zashiki-warashi se ven a menudo jugando en habitaciones abiertas, dice Ishikura, y cualquiera que lo presencie no debe interferir.

Sasaki postuló que los zashiki-warashi eran los espíritus de los niños que fueron asesinados y enterrados en el hogar, lo que vuelve a plantear el espectro del infanticidio generalizado de la región de Tohoku en el pasado. Otros relatos aluden a la posibilidad de que los zashiki-warashi sean en realidad kappa metamorfos que han entrado en las casas para gastar bromas.  

(Relacionado: Cómo ser respetuoso en tu visita a los santuarios y templos de Japón)

Namahage: deidades de la responsabilidad filial

El folclore japonés no es mera ficción confinada a la página: forma parte de la historia viva. Así lo demuestran las tradiciones namahage de la península de Oga, en la prefectura de Akita. Allí los hombres se disfrazan de ogros y avivan el fuego de la creencia en los antiguos kami para que su tradición perdure.

Los namahage son kami del tiempo, raihō-shin, demonios salvajes de cara roja que descienden ruidosamente sobre las aldeas desde lejos asustando a los niños, amonestando a los perezosos y asegurando una buena cosecha o el año nuevo.

El más famoso de estos festivales es el de Sedo Namahage, en la península de Oga, en Akita, donde los namahage descienden de las montañas con motivo del 15º día del Año Nuevo lunar para asustar a los niños traviesos. Parecidos a los krampus de la cultura alpina germanófona, los namahage son forasteros que vienen a castigar a los que no cumplen con su deber o causan problemas.

Se cree que el nombre namahage deriva de namomi, ampollas de calor que se forman por estar demasiado tiempo sentado frente al hogar, y que los namahage vienen a cortar con sus cuchillos antes de consumirlas.

En las comunidades en las que trabajar juntos y seguir las normas puede ser una cuestión de vida o muerte en invierno, Ishikura afirma que el ritual namahage también permite liberar tensiones en plena estación.

A pesar de su apariencia oni, los namahage mantienen su estatus de kami y no de yokai. "Son respetados como kami por los niños a los que asustan y por las familias que les proporcionan sake, pasteles de arroz y otros manjares. Los namahage siguen siendo kami porque se les sigue venerando".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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