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Este río canadiense es ahora legalmente una persona (y no es el único)

Desde el Amazonas hasta el Klamath, la concesión de derechos legales a los ríos forma parte de los esfuerzos liderados por los indígenas para protegerlos.

Por Chloe Berge
Publicado 18 abr 2022, 12:30 CEST
Muchos ríos (incluido el Amazonas, en la foto) han obtenido derechos legales para proporcionar protecciones concretas.

En los últimos años, muchos ríos (incluido el Amazonas, en la foto), que fluye a través de varios países de Sudamérica, han obtenido derechos legales para proporcionar protecciones concretas.

Fotografía de , Nat Geo Image Collection

Con sus estruendosos rápidos que atraviesan un bosque boreal salvaje en la región de Côte-Nord de Quebec, el río Magpie (Urraca en inglés) es bien conocido por los aficionados al rafting en todo el mundo. Lo que quizá no sepan estos viajeros es que el Magpie se ha convertido recientemente en el primer río de Canadá al que se le ha concedido personalidad jurídica.

Este curso de agua de 193 kilómetros es sagrado para la Primera Nación Innu, que lo llama Mutuhekau Shipu. Durante siglos han dependido de él como carretera principal, fuente de alimentos y farmacia natural. Pero en los últimos años, el río se ha visto amenazado por el desarrollo de presas hidroeléctricas, cuyos efectos ambientales y sociales negativos a menudo superan los beneficios de la energía renovable.

Para proteger este hito natural, el Consejo Innu de Ekuanitshit y la Municipalidad del Condado Regional de Minganie declararon al Mutuhekau Shipu persona jurídica en 2021. Ahora el río tiene nueve derechos, entre ellos el de fluir, mantener la biodiversidad, estar libre de contaminación y poder demandar legalmente.

Aunque se trata de una primicia en Canadá, forma parte de una campaña mundial dirigida por los indígenas que se hace eco del movimiento de los derechos de la naturaleza, cuyo objetivo es proporcionar protecciones concretas al paisaje natural. En los últimos años, muchos ríos (desde el Whanganui de Nueva Zelanda hasta el río Klamath de Estados Unidos) han obtenido la condición de persona. En 2018, la Corte Suprema de Colombia concedió derechos legales al Amazonas, el mayor río del mundo. En España, el proceso de otorgar personalidad jurídica propia al Mar Menor (Murcia) sigue su trámite parlamentario a partir de una iniciativa popular.

 

(Relacionado: La agonía del Mar Menor: así hemos llegado a su colapso ecológico)

Un hombre enseña a su hijo a pescar anguilas en el río Whanganui, en Nueva Zelanda. El río es sagrado desde hace mucho tiempo para el pueblo maorí, que lo considera "tupuna" o antepasado.

Adolescentes maoríes navegan en canoa por el río Whanganui. El ecoturismo dirigido por los indígenas puede fomentar la comprensión cultural de los viajeros, al tiempo que permite a los indígenas volver a conectar con sus tierras ancestrales.

Aunque ríos como el Magpie ya están en el radar de los balseros, el crecimiento del ecoturismo en estas zonas puede ser clave para ayudar a proteger muchos otros. El desarrollo de una economía no extractiva no sólo hace que más gente se involucre en la conservación de los ríos, sino que también ofrece una forma de que las comunidades indígenas eduquen a los viajeros sobre la importancia de proteger estas vías fluviales vitales.

¿Por qué reconocimiento de persona?

Conceder a los ríos personalidad jurídica representa un cambio radical respecto a la creencia fundamental de la sociedad occidental de que los seres humanos son la cúspide del mundo natural. Pero para muchos pueblos indígenas, el concepto de la naturaleza como un ser sensible igual a los humanos no es nada nuevo. En la cultura maorí de Nueva Zelanda, por ejemplo, los ancestros, o tupuna, se encarnan en el paisaje.

"Veo el río y los árboles como ancestros", dice Uapukun Mestokosho, miembro de la Alianza Mutehekau Shipu, el comité que defendió los derechos legales del río. "Han estado aquí mucho antes que nosotros y merecen el derecho a vivir".

Mientras que el movimiento por la personería reconceptualiza la relación entre los ríos y las personas, la concesión de la personería a entidades no humanas es un concepto occidental existente aplicado a las corporaciones que puede tender un puente entre los sistemas legales occidentales e indígenas. "En el caso del río Magpie, el derecho indígena aparece en un lenguaje que el derecho canadiense puede entender", dice Lindsay Borrows, profesor de derecho de la Universidad de Queen en Ontario.

La forma en que estas declaraciones de personalidad se traducen en la legislación varía mucho, desde un reconocimiento general en el caso del río Whanganui hasta una lista de derechos específicos en el Magpie y el Klamath. Otras legislaciones reconocen a las entidades naturales como titulares de derechos, pero no llegan a ser personas.

Este es el caso de la Reserva Biológica de Los Cedros, en Ecuador, donde una reciente sentencia histórica confirmó los derechos constitucionales de la reserva contra la minería. Del mismo modo, en el centro de Florida, los guardianes del lago Mary Jane presentaron recientemente un caso ante un tribunal estatal para defender los derechos del lago contra la invasión, algo que ocurre por primera vez en América. 

El río Whanganui atraviesa el Parque Nacional de Whanganui, en la región neozelandesa de Manawatu-Wanganui.

Fotografía de

La asignación de personalidad jurídica es una nueva herramienta legal, por lo que aún debe ser puesta a prueba en los tribunales. Sin embargo, parte de su poder reside en la capacidad de mantener los conflictos fuera de los tribunales. En su lugar, se basa en guardianes designados que defienden el río o el bosque. También representa al derecho indígena trazando un antes y un después en su evolución histórica.

"Queremos enviar el mensaje de que somos un gobierno para nuestra nación", dice Shanice Mollen-Picard, miembro de la Alianza Mutehekau Shipu. "Vivimos en este territorio y sabemos cómo protegerlo mejor".

Cómo puede influir el turismo

El turismo aumenta el perfil de los monumentos naturales llamando la atención sobre su belleza e importancia cultural. De este modo, se construye un sólido argumento para fomentar una economía local alineada con los valores conservacionistas.

En la región de Côte-Nord, en Quebec, el desarrollo del turismo depende de la protección del río Magpie y de la vecina isla de Anticosti, un parque provincial que aspira a ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. "No creo que Hydro-Quebec tenga mucho éxito construyendo otra presa en el Magpie una vez que [el río] sea más conocido", dice Danny Peled, propietario de Boreal River Adventures.

A diferencia del "auge y caída" de los proyectos industriales como la construcción de presas, el ecoturismo podría crear una economía duradera en la zona. "El ecoturismo es tomar la tierra y verla desde el punto de vista de la protección en lugar de la extracción", dice Keith Henry, presidente de la Asociación de Turismo Indígena de Canadá. "Es cambiar la experiencia allí para que el mundo pueda venir a visitarla".

A través del turismo, las comunidades indígenas pueden educar a los viajeros sobre las amenazas medioambientales en sus territorios. "Las voces de los nativos han ganado protagonismo en cuestiones como la gestión de recursos y tierras", afirma Josh Norris, director de Redwood Yurok Canoe Tours, en el norte de California. "Los viajeros buscan ahora eso".

(Relacionado: ¿Arruinarán las presas uno de los últimos ríos salvajes de Europa?)

Las excursiones a remo de Norris ofrecen un conocimiento íntimo del río Klamath, en el que los visitantes se suben a una piragua tradicional y flotan a través de los bosques de secuoyas. Por el camino, un guía yurok explica la importancia histórica y cultural del río en la cultura yurok, así como las amenazas que han llevado a su condición de persona.

Del mismo modo, una excursión en canoa dirigida por maoríes por las aguas de jade del Whanganui es un viaje de cerca a través de la cultura y la historia indígenas, una forma crucial de conseguir el apoyo del público para la protección continua del río.

"La ley es tan poderosa como la gente la entiende", dice Borrows. "Hasta entonces no se ha escrito en el corazón de la gente; sólo se ha escrito en el papel. Cuando vayamos a los territorios de otros pueblos para disfrutar de su belleza natural, espero que podamos encontrar la manera de descubrir sus leyes y vivirlas y respirarlas para ser buenos visitantes."

(Relacionado: Working Holiday Visa: cómo viajar (y trabajar) en Nueva Zelanda).

Una plataforma para la reconciliación 

Un entendimiento más profundo entre los colonos y las comunidades indígenas es la base de la reconciliación. Mientras que el incipiente turismo indígena en Norteamérica y en otros lugares a menudo excluía o explotaba a estos grupos, el guiado fluvial por parte de las Primeras Naciones en zonas que han trabajado para proteger les permite dar forma a la narrativa.

En la excursión de rafting de varios días de Boreal River Adventures, los guías Innu navegan por los espumosos rápidos y remolinos del Magpie, llevando a los viajeros a través de la tundra ártica y los sombríos bosques. "A lo largo de una semana se llega a conocer bien a todo el mundo, por lo que es una forma de que la gente haga preguntas y se relacione con un indígena en profundidad", dice Peled.

El rafting en el Magpie permite a la Primera Nación Innu volver a conectar con sus tierras ancestrales. Una excursión de rafting de Boreal River Adventures en 2013, realizada exclusivamente por mujeres, despertó la pasión de la comunidad por proteger el río. "Ese fue el momento que realmente nos empujó a defender su protección", dice Mestokosho. "Vimos la historia de nuestros antepasados, la vida salvaje, el sol, el poder del río, y que teníamos que protegerlo".

Ahora, la comunidad innu espera desarrollar sus propias empresas de turismo. Aunque aún está en sus inicios, parte de las responsabilidades de los guardianes del río designados consistirán en compartir los conocimientos tradicionales en excursiones guiadas de rafting, senderismo y pesca y en paseos de medicina tradicional. Los miembros de la comunidad esperan que estas actividades fomenten una comprensión compartida de la importancia de proteger estos ríos salvajes.

"Tenemos que ver que, como humanos, no estamos por encima del agua ni de los animales. Somos parte de un todo", dice Mestokosho. "Cuando sanamos la tierra, también nos sanamos a nosotros mismos".

Chloe Berge es una escritora afincada en Vancouver que cubre temas de viajes, conservación y cultura. Síguela en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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