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Seis consejos para que tu próximo viaje a la playa sea más sostenible

La subida de las mareas, la erosión de las playas y el exceso de turismo amenazan los centros turísticos costeros. Así es como los viajeros pueden apoyar el turismo sostenible en los destinos costeros.

Por Sarah Stodola
Publicado 5 ago 2022, 15:36 CEST
Muchas casas de playa de Nags Head (Carolina del Norte) están construidas sobre pilotes, lo que ...

Muchas casas de playa de Nags Head (Carolina del Norte) están construidas sobre pilotes, lo que las ayuda a resistir huracanes e inundaciones. Pero en los últimos años, estas construcciones en los Outer Banks se han derrumbado, debido en parte a la subida del mar provocada por el cambio climático.

Fotografía de John Greim, Loop Images, Universal Images Group, Getty Images

Corren tiempos difíciles para los amantes de la playa. La subida de los mares y la intensificación de las tormentas están causando estragos en las costas de todo el mundo. Las casas de vacaciones de los Outer Banks de Carolina del Norte (Estados Unidos) han sido absorbidas por el océano; Miami Beach se ha quedado sin arena para reponer sus playas erosionadas; y las tormentas en el Caribe han causado repetidamente miles de millones de euros en daños. 

Los 7000 complejos turísticos del mundo situados en primera línea de playa se encuentran, en realidad, en primera línea de fuego, y el turismo sostenible se ha convertido en una herramienta clave de lucha. Pero los complejos turísticos en primera línea de playa no sólo reaccionan a los cambios en las costas, sino que contribuyen a ellos.

A principios del siglo XIX, cuando los balnearios se convirtieron en un elemento popular de la vida de la clase alta británica, los trenes de carbón que se utilizaban para llegar a ellos ya calentaban la atmósfera y contribuían a que el nivel de los océanos subiera. Después de la Segunda Guerra Mundial, las clases medias emergentes de Estados Unidos y Europa convirtieron las vacaciones en la playa en una piedra de toque cultural gracias a los ingresos disponibles, el tiempo libre pagado, los viajes aéreos asequibles y las vacunas contra las enfermedades tropicales.

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En la isla hawaiana de Oahu, la playa de Waikiki atrae a masas de visitantes cada año. Aunque está rodeada de palmeras, los árboles no son autóctonos y no contribuyen a frenar la erosión de la costa.

Fotografía de Benny Marty, Getty Images

Los viajes por todo el mundo se dispararon en los siglos XX y XXI. En 1950, 25 millones de personas viajaron internacionalmente. En 2019, la cifra ascendió a casi 1500 millones. Los turistas gravitaron hacia las costas, desde Tailandia hasta Hawái. Evidentemente, los vuelos en avión han contribuido a la mayor parte de la creciente huella de carbono de los viajes, hasta el punto de que, a finales del siglo XX, el paraíso se ha visto necesitado de ayuda. Fue entonces cuando surgió el turismo sostenible, un concepto que se traduce en la adopción de prácticas para reducir los efectos sociales, económicos y medioambientales negativos del turismo de masas.

Como comento en mi nuevo libro, The Last Resort: A Chronicle of Paradise, Profit, and Peril at the Beach, la verdadera sostenibilidad en el turismo de playa es difícil de encontrar. No obstante, he descubierto lugares y prácticas que están respondiendo eficazmente a la crisis climática.

Los viajeros pueden ayudar eligiendo, apoyando y siendo conscientes de cómo el turismo está afectando a las costas, así como reduciendo su propia huella de carbono. He aquí seis ideas de viajes sostenibles que deberías tener en cuenta antes de tu próxima escapada al paraíso. 

Dormir lejos de la playa

Los hoteles de gran altura y otras estructuras de hormigón construidas justo en la playa bloquean el flujo de arena, provocando inevitablemente la erosión. Una vez que la arena desaparece, los propietarios de los complejos turísticos se enfrentan a decisiones difíciles: construir un dique para asegurar el terreno, reponer continuamente la playa o abandonar el edificio. 

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Los complejos turísticos deben estar alejados de la playa, idealmente compuestos por varios edificios más pequeños en lugar de uno único y mastodóntico, utilizando materiales y técnicas que faciliten su futura reubicación y reparación tras las tormentas.

Idea ecológica:

La ley nicaragüense exige que las nuevas construcciones se alejen 50 metros de la línea de pleamar. Esto ha empujado a centros turísticos como Maderas Village a construir cabañas en las colinas, entre los árboles. El complejo utilizó madera autóctona y hojas de palmera en su construcción. Todo esto se traduce en mejores vistas y brisas para los huéspedes, una recuperación más rápida de las tormentas y la preservación del ecosistema costero.

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Reducir los vuelos de larga distancia

Para unas vacaciones en la playa que impliquen un largo viaje en avión, el vuelo puede suponer tres cuartas partes de la huella de carbono total. Esto significa que, por muy sostenible que sea la gestión de un complejo turístico remoto, el impacto global de tu estancia allí no puede considerarse respetuoso con el medio ambiente. En su lugar, piensa en dirigirte a una ciudad de playa más cercana (tal vez una a la que puedas llegar en tren u otro medio de transporte público) en lugar de las Maldivas.

En algunos países, es posible que pronto se tomen estas decisiones por los viajeros. Los países europeos ya están promulgando leyes para desalentar los viajes en avión. Francia ha prohibido los vuelos nacionales cuando un tren pueda cubrir la misma ruta en dos horas y media o menos, y Austria ha prohibido los vuelos que cuesten menos de 40 euros. El Reino Unido ha considerado la posibilidad de prohibir los programas de viajeros frecuentes, que recompensan a los viajeros por los vuelos de larga distancia.

Inteligente y sostenible: 

Elegir un destino turístico más cercano a casa puede suponer una gran diferencia en la huella de carbono de tus vacaciones. Si vuelas, comprar compensaciones de carbono para el viaje te ayudará. Si intentas evitar los vuelos, no serás el único. En Suecia, donde el "flight-shaming" se ha convertido en una fuerza social, los pasajeros en los aeropuertos del país disminuyeron un 4% en 2019.

(Relacionado: ¿Qué son las compensaciones de emisiones de carbono?)

Olvídate de la costumbre de las palmeras

Las palmeras son símbolos perdurables de la cultura de la playa, tan probables de ser plantadas en las arenas de Cancún como a lo largo del Mediterráneo en la Riviera Francesa. Pero los cocoteros sólo son nativos de algunas zonas de la península malaya y de la India, y son casi inútiles para crear litorales sostenibles. Sus raíces poco profundas no ayudan a frenar la erosión, no absorben tanto carbono como otras especies, dan poca sombra y necesitan mucha agua.

Cuando el cocotero se hizo omnipresente en los hoteles de todo el mundo, desaparecieron muchas plantas autóctonas, siendo la principal de ellas los manglares que se encuentran frente a muchas playas tropicales, desde Florida hasta América Central, pasando por Sudáfricay las Islas Fiyi. El crecimiento de los manglares proporciona una amplia protección natural a las costas.

Plantar con un propósito:

West Palm Beach (Florida) exige ahora que se planten árboles en los aparcamientos, el 75% de los cuales deben producir sombra, es decir. Algunos complejos turísticos se están sumando a este cambio. La cadena Six Senses, por ejemplo, está incorporando manglares en el paisaje de algunos complejos, sobre todo en Tailandia, con la esperanza de contribuir a redefinir el concepto de playa ideal.

Busca complejos turísticos que empoderen a los lugareños

Es difícil entender tanto la cultura como el paisaje de una costa si se es forastero. Por eso, aunque las empresas turísticas extranjeras tengan buenas intenciones, a menudo malinterpretan y gestionan mal la situación sobre el terreno, y tienen problemas para conseguir el apoyo de la población local. Si, por ejemplo, un nuevo programa de protección del litoral interfiere con el trabajo de los pescadores locales sin comprender sus necesidades y ayudarles a adaptarse, es poco probable que tenga éxito en última instancia. La población local entiende los matices de estas situaciones y debería estar capacitada para contribuir a sus soluciones.

Además, la agencia y la propiedad locales en el sector turístico garantizan que los ingresos del turismo permanezcan en la economía local, en lugar de ser canalizados hacia empresas extranjeras.

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La isla Tioman de Malasia ha recurrido al reciclaje y a métodos de construcción de bajo impacto para mantener su turismo sostenible.

Fotografía de Adel Newman, Alamy Stock Photo

Un avance en el reciclaje:

En la isla de Tioman, frente a la costa oriental de Malasia, el turismo de playa ha sido un motor económico desde la década de 1990. Los residentes se sentían frustrados tanto por los crecientes montones de botellas de cerveza de los turistas como por la falta de arena disponible para mezclar el hormigón en los proyectos de construcción. Ambos problemas se resolvieron con una única e ingeniosa solución de una ONG local: una pequeña máquina que convierte las botellas de vidrio en arena.

Pide a tu "eco-resort" que respalde sus promesas

Ninguna ley impide que un hotel se etiquete como ecológico, aunque no funcione de forma sostenible. Cuando existen certificaciones ecológicas como LEED y Green Key, sus exorbitantes costes excluyen a muchos pequeños complejos turísticos. El marketing ingenioso suele convencer a los huéspedes de la credibilidad medioambiental de un complejo turístico. Incluso existe un término para esto: lavado verde. No te dejes engañar por la imagen.

(Relacionado: Descubre cómo los hoteles de "red cero" pueden hacer que los viajes sean más sostenibles).

En su lugar, busca edificios pequeños alejados del agua, propietarios locales (o lugareños en puestos de responsabilidad), ventanas que se abran para reducir la necesidad de aire acondicionado, prohibición de plásticos de un solo uso y menús con alimentos y bebidas locales. Algunos hoteles responsables ofrecen información en sus páginas web sobre las fuentes de electricidad y las prácticas de gestión de residuos.

Cuidado con los campos de golf. Gastan cientos de miles de litros de agua cada día, a menudo en lugares con problemas de abastecimiento de agua, y el fertilizante utilizado para mantenerlos tan verdes causa estragos en los ecosistemas oceánicos cercanos. Destruyen la vegetación natural y a menudo desplazan a la población local cuando se construyen.

Un faro de playa:

En el lujoso complejo Nihi Sumba, en Indonesia, la mayoría de las zonas de estar y comedor de los huéspedes están al aire libre, lo que minimiza la necesidad de aire acondicionado. Todos los edificios están bien alejados del agua, la vegetación natural se mantiene intacta y los habitantes de la zona trabajan en varios puestos de alto nivel. Además, una nueva planta de desalinización y embotellado de agua en la propiedad ha eliminado todas las botellas de plástico de un solo uso.

Evita los lugares excesivamente desarrollados

Cuando llega el turismo de playa, la mayoría de los residentes ven que los beneficios económicos y sociales superan con creces sus inconvenientes. Pero a medida que aumenta el desarrollo y el control recae en personas ajenas, llega un punto de inflexión cuando se percibe que la industria turística local hace más daño que bien. En lugares como las Cinque Terre italianas, los residentes intentan ahora reducir el turismo, después de ver cómo afecta la calidad de vida y la salud del medio ambiente circundante. 

Para evitar el sobredesarrollo antes de que se produzca es necesario limitar el número de turistas de forma oficial. Los Gobiernos locales pueden restringir los nuevos permisos de construcción o prohibir por completo las futuras construcciones en la playa.

Los viajeros pueden interrumpir el ciclo de sobredesarrollo eligiendo destinos menos transitados. En lugar de Santorini, hay que ir a una isla griega más tranquila, como Folegandros. Evita Costa Rica y dirígete al norte, a Nicaragua. Los destinos menos saturados también necesitan más ingresos de los visitantes que las mecas excesivamente turísticas.

Paraíso protegido: 

Las prístinas playas de arena blanca, las impresionantes formaciones rocosas y las temperaturas de 25 grados durante todo el año en las islas brasileñas de Fernando de Noronha permanecen intactas gracias a que el Gobierno local limita el turismo. Sólo 420 viajeros pueden aterrizar en las islas cada día, y todos los ingresos financian los esfuerzos de conservación. Los 3000 habitantes de las islas han visto aumentar su nivel de vida, sin sufrir los inconvenientes del sobredesarrollo.

Sarah Stodola es escritora de viajes y cultura y autora de The Last Resort: A Chronicle of Paradise, Profit, and Peril at the Beach y Process: The Writing Lives of Great Authors. Es la fundadora de Flung, una revista online dedicada al pensamiento crítico sobre los viajes.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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