Viajes

10 cosas que hacer en Japón

En un pueblo tan rico culturalmente como es Japón, puede resultar complicado saber cómo organizarse el tiempo a la hora de visitar. Aquí encontrarás diez de nuestras actividades favoritas.

Por National Geographic

20 de septiembre del 2011

Visitar los antiguos templos de Kioto

Kioto, capital de Japón entre 794 y 1868, está repleta de historia. El monumento más representativo del pasado imperial de la ciudad es dorado Kinkaku-ji, antigua villa de descanso de un shogun transformada en templo zen y budista. Está situado a orillas de un tranquilo estanque, en el que se refleja con brillos dorados. Resultan igual de fascinantes otros lugares menos ostentosos de Kioto, como el jardín seco minimalista y críptico de Ryoan-ji. En Kioto se pueden visitar diecisiete monumentos patrimonio de la humanidad (entre ellos Kinkaku-ji y Ryoan-ji), que son tan solo una pequeña fracción de los aproximadamente dos mil templos, altares y jardines que hay dispersos por toda esta ciudad de fascinante pasado.

Pasar la noche en un templo

El monte Koya es un centro de peregrinaje desde el siglo IX, cuando el monje Kobo Daishi decidió fundar la escuela del budismo shingon entre sus antiguos cedros. Uno de los platos fuertes de la visita —además de pasear por el inquietante cementerio Okunoin y los muchos templos erigidos en honor a Daishi— es la oportunidad de pernoctar con los monjes en uno de los templos de la montaña. Uno de esos cincuenta templos que aceptan huéspedes es el Eko-in, que ofrece una experiencia típica: una habitación espartana y silenciosa con una esterilla, una cena vegetariana de varios platos exquisitamente presentados en vajilla esmaltada, y la oportunidad participar en las oraciones de la mañana junto a los monjes y los peregrinos.

Visitar galerías en la "Isla del arte"

Con tres galerías de arte importantes y muchos otros locales más pequeños, la pintoresca isla de Naoshima, en el mar interior Seto, brilla con luz propia dentro del arte contemporáneo japonés. El mejor de sus museos es la casa Benesse, diseñada por Tadao Ando, un elegante hotel museo que cuenta con obras de artistas como David Hockney, Bruce Nauman y Frank Stella. Además, en Naoshima el arte no está limitado a los espacios convencionales. En los jardines junto al mar de Benesse se encuentran diecinueve instalaciones al aire libre, mientras que en el pueblecito de pescadores de Honmura varios edificios antiguos de madera se han transformado en instalaciones artísticas permanentes. Incluso el edificio I Love Yu, que acoge los baños públicos, ha sido diseñado con estilo pop-art.

Esquiar en Niseko

Esta pequeña estación de esquí de Hokkaido cuenta con la mejor nieve polvo del país y con tres grandes resorts que le hacen justicia: Niseko Village, Niseko Annupuri, y Grand Hirafu/Hanazono. Al margen de los resorts, su principal atractivo son las travesías por una nieve polvo intacta y la posibilidad de practicar especialidades como escalada en hielo, esquí Telemark o snowboard en nieve virgen. Y en verano tampoco se está nada mal, ya que las actividades invernales dejan paso a otras como rafting, bici de montaña y piragüismo. Además, Niseko disfruta todo el año de varios manantiales de aguas termales minerales, perfectos para darse un relajante baño que alivie los músculos tras un día en las pistas.

Disfrutar de un alojamiento tradicional

El suave olor que desprende el tatami, la discreta elegancia de los interiores, el servicio meticuloso, las termas al aire libre, las comidas de varios platos basados en productos locales de temporada, el silencio relajante... todo se une para que una noche en un alojamiento tradicional japonés, o ryokan, sea una experiencia inolvidable. Inolvidable, pero no barata, ya que el alojamiento con las comidas puede llegar a los cien mil yenes por noche. Por suerte, en Japón hay locales para todos los bolsillos, y también existe el minshuku, más pequeño y menos formal, que ofrece una experiencia igual de tradicional pero menos lujosa por un precio inferior a diez mil yenes.

Sumérgete en un baño termal

Hay algo intrínsecamente japonés en el ritual de desnudarse para compartir un baño con desconocidos. De hecho, hace siglos que los japoneses acuden a los onsen, casas de baño o manantiales termales naturales, para relajarse y asearse ―la referencia más antigua se remonta a mil trescientos años atrás, acerca de los baños de Dogo, Shikoku. El de Dogo sigue siendo uno de los onsen más famoso del país. El edificio principal de tres pisos, el Dogo Onsen Honkan, situado en el centro del resort, es una joya arquitectónica del siglo XIX que cuenta con una sala de baños especial para la familia imperial, actualmente en desuso. Pero no es necesario ir hasta Dogo para darse un baño, ya que existen miles de baños públicos y ryokan con onsen por todo el país, todos merecedores de una visita.

Explorar la zona este de Tokio

Sensojo, un templo budista del barrio Asakusa, es uno de los más turísticos de Tokio. Sin embargo, si uno camina unas cuantas manzanas en cualquier dirección, los turistas desaparecen y descubrimos una parte de la capital que no ha perdido del todo el carácter de zona de entretenimiento, con teatros y restaurantes, que tenía antes de la Segunda Guerra Mundial. Lo más representativo de ese pasado es el diminuto parque de atracciones Hanayashiki, lleno de atracciones retro entre las que está la montaña rusa más antigua ―y posiblemente más lenta― del país. Cerca de allí está Rokku Broadway, donde teatros históricos como el Engei Hall programan obras cómicas y monólogos cómicos tradicionales. Y como es lógico, en la zona también hay muchos bares, como el Kamiya, donde se ofrece una bebida mezcla de brandy, ginebra y curaçao con el apropiado nombre de Denki Bran (brandy eléctrico), que se inventó allí en la década de 1880.

Camina por los Alpes del Norte

Las bellísimas cumbres de los Alpes del Norte son uno de los mejores lugares del país para hacer largas caminatas. Y por una buena razón, ya que el pueblecito de Kamikochi, puerta de entrada a la zona, ofrece a los visitantes desde excursiones de un día hasta aventuras de una semana, aptas para los excursionistas más avezados. En verano las rutas más populares están repletas de gente, pero entre semana o en otoño se puede disfrutar de estas hermosas montañas, con picos de casi tres mil metros y bosques vírgenes, sin que nadie te moleste.

Visita el museo y el parque del Monumento de la Paz de Hiroshima

Dedicado a las víctimas de la bomba atómica del 6 de agosto de 1945, tanto el museo como el parque son monumentos conmovedores que recuerdan el horror de las armas nucleares. La desfigurada Cúpula e la Bomba Atómica, uno de los pocos edificios del centro de la ciudad que se mantuvieron en pie tras la explosión, nos recuerda la destrucción que sufrió la ciudad. Otras zonas del parque resultan igual de evocadoras, pero ninguna tanto como el Monumento a la Paz de los Niños: construido en memoria de uno de los muchos pequeños que fallecieron de leucemia a consecuencia de la bomba, siempre está decorado con grullas de origami enviadas por niños de todo Japón.

Probar la “cocina clase B”

Japón es famoso por su alta cocina ―sushi, tempura y kaiseki― pero su cocina barata, la llamada “cocina clase B”, es igual de apetitosa. El rey de este estilo son los fideos ramen, un plato ubicuo, que llena mucho, y que es casi una obsesión nacional ―hasta tal punto que hay locales concretos en los que la gente hace cola durante varias horas para conseguir una ración que sorber a gusto. Pero no todo está bueno. Hay cosas, como la máquina expendedora de perritos calientes o los sandwiches envasados de fideos fritos, que encajarían más bien en la “clase Z”.

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