Así crece un águila monera, una especie en peligro de extinción

Ha comenzado la carrera para salvar al águila monera, una de las aves raptoras más grandes y fuertes del mundo de la que se estima que solo quedan 400 ejemplares salvajes.martes, 22 de enero de 2019

Así crece un águila monera, una especie en peligro de extinción
Así crece un águila monera, una especie en peligro de extinción

El pueblo Bagobo Tagabawa, que vive al pie del monte Apo en las Filipinas, cuenta la historia de un banog, o gran águila, que atrapó a un hombre y lo llevó hasta su nido. El banog tenía un aguilucho, que trabó amistad con el hombre. Cuando creció, liberó al hombre y lo devolvió a la aldea por el mismo camino que se había ido. El nombre puso a su hijo, fundador de las primeras aldeas Bagobo Tagabawa, el nombre del joven banog como gesto de gratitud. El pequeño Datu Banog todavía se otorga a los líderes para que les aporte un coraje y una sabiduría excepcionales.

Hoy, el águila monera. una de las especies de águila más grandes del mundo, es más famosa por su capacidad de atrapar monos. Pero, pese a ser el ave nacional y tener el mote de «ave rey», o haring ibon in filipino, la relación del águila monera con la gente es tensa. Debido a la caza y la deforestación, las águilas se encuentran en peligro crítico de extinción.

Las águilas moneras se distribuyen en cuatro de las más de 6.000 islas de las Filipinas: Luzón, Sámar, Leyte y Mindanao. Prefieren hábitats como los bosques primarios de las tierras bajas y a elevaciones medias, gran parte de los cuales han sido despejados por el desarrollo y la tala, que han expulsado a muchas águilas y las han empujado hacia las montañas. Desde el comienzo del siglo XX, las Filipinas ha perdido casi el 75 por ciento de sus bosques. Los enormes árboles de madera noble donde anidan las águilas son preciados para los leñadores ilegales.

La mayoría de la información con la que contamos sobre las águilas procede del estudio de las poblaciones de Mindanao, en cautividad o en lugares de anidación conocidos, según explica Jayson Ibáñez, director de investigación y conservación en la Philippine Eagle Foundation de Davao. Esta organización fue fundada en 1987 para conservar a las águilas mediante la cría en cautividad y, desde entonces, ha expandido su misión para incluir la investigación científica, la divulgación educativa y programas culturales de gestión de recursos. Las cifras demográficas —extrapoladas según la distancia media entre los lugares de anidación conocidos— se estiman en 400 parejas, según Ibáñez.

El plan de conservación de la Philippine Eagle Foundation incluye programas para mejorar las oportunidades económicas para agricultores y pueblos indígenas, para que no tengan que escoger entre proteger sus precarios medios de sustento y conservar las águilas, ya que estas son capaces de atacar a perros, cerditos, pollos e incluso cabras pequeñas. Por ejemplo, la fundación enseña a los agricultores a restaurar el hábitat mediante agrosilvicultura o trabajando como guardias forestales para combatir la caza furtiva y la tala.

Todavía se ignora mucho respecto a las águilas moneras, como cuánto viven en la naturaleza, las cifras demográficas exactas, a dónde viajan cuando son jóvenes, cómo usan sus hábitats y cómo difieren las poblaciones de una isla a otra. Aún con rastreo GPS, que la fundación empezó a utilizar en águilas rehabilitadas, la batería solo dura unos tres años.

El compromiso local da a los investigadores un par de ojos de más sobre el terreno, incluso en zonas remotas. Las águilas son leales a los lugares donde se reproducen y regresan a las mismas zonas de anidación año tras año.

“Es importante que las águilas moneras sean consideradas ciudadanas de las Filipinas. Son una de las joyas singulares de nuestro mundo”, afirma Ibáñez.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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