¿Por qué un colimbo «apuñaló» con el pico a un águila calva?

Las águilas calvas están recuperándose en Nueva Inglaterra, pero están llegando a las manos con la agresiva ave acuática.

Wednesday, July 1, 2020,
Por Jason Bittel
Colimbo grande

Aunque este colimbo grande parezca inofensivo, las aves territoriales atacan ferozmente a cualquier intruso en su hábitat de agua dulce.

Fotografía de Charlie Hamilton James, Nat Geo Image Collection

En julio de 2019, un guardabosques de Bridgton, Maine, recibió una llamada insólita: un águila calva flotaba sin vida en un lago. En aquel momento, los biólogos sospecharon que el animal podría haber sido abatido de un disparo o envenenado con el plomo de los aparejos de pesca, dos causas de muerte comunes en aves silvestres.

Ahora, las pruebas han revelado cómo falleció: una herida punzante directa al corazón. ¿Y el arma del delito? El afilado pico de un colimbo grande.

Según Danielle D'Auria, bióloga de fauna silvestre del Departamento de Pesca Continental y Fauna Silvestre de Maine, es la primera vez que se documentaba la muerte de un águila calva a manos de un colimbo grande.

Los colimbos y las águilas son superdepredadores en el lago Highland, ya que compiten por un territorio valioso.

Aunque los colimbos parecen serenos y pacíficos, estas aves acuáticas pueden ser despiadadas y atacar a gansos canadienses o porrones americanos y, a menudo, a otros colimbos.

«Ha ocurrido durante milenios. La supervivencia del más fuerte ocurre en nuestros lagos», afirma John Cooley, biólogo de The Loon Preservation Committee de Nuevo Hampshire.

Lo que ocurre es que es probable que hasta hace poco no hubiera suficientes águilas calvas para que los científicos presenciaran estas batallas. Desde su retirada de la Lista de Especies Amenazadas en 2007, las poblaciones de este símbolo de Estados Unidos ya figuran en los cientos de miles en todo el país y en Maine hay más de 700 parejas nidificantes.

Según los expertos, el incidente demuestra lo mucho que nos queda por aprender de los comportamientos naturales de especies que han estado amenazadas.

Gracias a las iniciativas de conservación, cientos de miles de águilas calvas viven en Estados Unidos.

Fotografía de George Grall, Nat Geo Image Collection

La violencia de los colimbos

En lugar de pelear en la superficie, D'Auria explica que un colimbo se sumerge bajo el agua y después sale disparado «como un torpedo» para apuñalar a su oponente, que suele ser un colimbo rival.

«Es una parte habitual de sus disputas territoriales. A veces, el colimbo herido puede recuperarse, pero otras veces no lo consigue», explica.

De hecho, Cooley afirma que ha visto el pecho de un colimbo lleno de agujeros. «Más de la mitad de las muertes de colimbos que examinamos muestran heridas punzantes como la que sufrió esta águila», cuenta.

Los colimbos también pueden ser muy longevos; por ejemplo, un ave de Nuevo Hampshire defendió el mismo territorio durante al menos 26 años.

Por este motivo, «están dedicados en cuerpo y alma a su lago. Es como su reino», afirma Cooley.

Los impactos en las poblaciones de colimbos

Con un peso de unos cinco kilogramos, los colimbos adultos suelen ser demasiado grandes como para que un águila calva los mate y se los lleve al nido.

Sin embargo, los polluelos de colimbo son una presa ideal para las águilas calvas y hace poco se han empezado a documentar las repercusiones del regreso de las águilas en las poblaciones de colimbos de Nueva Inglaterra.

Un estudio dirigido por Cooley desveló que los nidos de colimbos solían fracasar más a menudo si estaban cerca de águilas calvas.

Eric Hanson, biólogo especializado en colimbos del Centro de Ecoestudios de Vermont, señala que no es algo necesariamente malo.

«Hay equilibrio», explica por email. «Las águilas tienen que comer y los colimbos defienden a sus crías lo mejor que pueden».

Águilas calvas se pelean por la comida a cámara lenta
Las peleas entre jóvenes y adultos vienen de lejos. Pero estas águilas calvas no están peleándose por eso. Luchan por lugares donde alimentarse y por la comida. Las águilas calvas jóvenes no tienen la emblemática coloración de los adultos y las hembras suelen ser más grandes que los machos. En estas situaciones, los machos esperan su turno para colarse y dar un bocado, pero las hembras comen primero. El fotógrafo Christian Sasse grabó a este gran grupo de águilas en Dutch Harbor, ciudad en las islas Aleutianas, Alaska.

La buena noticia es que las poblaciones de colimbos de Vermont han aumentado o permanecido estables durante los últimos 20 años. D'Auria explica que los colimbos también gozan de una buena situación en Maine, que alberga a casi el 70 por ciento de la población de la región nordeste de Estados Unidos.

Sin embargo, la especie figura como amenazada en Nuevo Hampshire y como preocupación especial en Massachusetts debido a amenazas como la urbanización costera, los aparejos de pesca y el cambio climático.

Problemas naturales

Cooley señala que, aunque ni los colimbos ni las águilas calvas parecen estar en peligro de provocar su extinción mutua, sí parece que ambas especies están volviendo a la situación de antes.

Hay muchos ejemplos: cuando las iniciativas de conservación permitieron a las focas grises regresar a sus territorios autóctonos en Cape Cod, los tiburones blancos las siguieron. A mediados de los años noventa, cuando el Servicio de Parques Nacionales reintrodujo a los lobos en Yellowstone, desencadenó una cascada de cambios ecosistémicos para animales como uapitíes y coyotes y árboles como los álamos temblones y los chopos, cambios que siguen fascinando a los científicos.

Cooley señala que este acontecimiento, por triste que resultara para el águila, es la meta de la recuperación de las especies.

«Queremos que los problemas naturales como este remplacen los problemas causados por los humanos, como los aparejos de pesca como fuente de mortalidad», afirma.

«Ansiamos que llegue el día en que las águilas sean la peor amenaza para los colimbos».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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