Cambio climático, sequías e inundaciones

La región más amenazada de toda Europa por los efectos del cambio climático es el área del Mediterráneo, que sufrirá los efectos de las sequías y una subida del nivel del mar.

Por Redacción National Geographic
Inundaciones, sequías y cambio climático
Desde tiempos inmemoriales, el largo cauce del Colorado nace en las Rocosas y desemboca en las aguas del Mar de Cortés en México. Sin embargo, ahora es habitual que el río acabe su viaje sin desembocar en la orilla, dejando el delta completamente seco. El cambio en los patrones de precipitación tiene parte de culpa, así como las represas y el inmenso consumo de agua de los estadounidenses que viven en sus márgenes. El consumidor promedio estadounidense consume 378 litros de agua por día, en contraste con los míseros 19 de un africano medio. Se necesitan 6.813 litros de agua diarios para sustentar el estilo de vida del estadounidense medio.
Fotografía de Fotografía de Jonathan Waterman y NG Missions

Artículo publicado el 5 de septiembre de 2010 y actualizado el 29 de julio de 2022. 

La acción humana continúa provocando graves desajustes en la naturaleza, responsable de que el cambio climático haya afectado ya a la vida de miles de millones de personas en todo el mundo. Los científicos alertan de que, durante las próximas dos décadas, el mundo se enfrentará a múltiples riesgos climáticos, con el Mediterráneo como zona de especial vulnerabilidad que ya comporta a día de hoy un calentamiento de 1,5°C - por encima de la media global , 1,1 ºC -, según los datos del último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), publicado en febrero de 2022.

Los científicos coinciden en que la sequía será un riesgo muy relevante en el Mediterráneo. Las predicciones apuntan a un aumento considerable de las sequías: por cada grado que aumente la temperatura veremos reducidas las lluvias un 4 por ciento, por lo que sufriremos unas reducciones de entre un 5 a un 20 por ciento, según cuánto logremos reducir las emisiones. 

Además, en la cuenca del Mediterráneo la vulnerabilidad al cambio climático es muy asimétrica. El informe del IPCC revisa los Objetivos del Desarrollo Sostenible en esta zona y muestra que los indicadores son extremadamente diferentes entre la orilla sur y el norte de la cuenca mediterránea. La orilla sur tiene índices de pobreza, seguridad alimentaria, acceso a las energías renovables, al agua, a la educación o a la salud más reducidos. Este hecho expone aún más a la población de esta zona a efectos del cambio climático ya que, por ejemplo, tienen menos recursos para adaptarse a los impactos futuros.

Un estudio del CREAF alerta de que la situación de la sequía continúa agravándose. La primavera de 2022, calurosa y seca para  gran parte de los bosques de España se ha combinado con una falta de lluvias crónica en lugares como Cataluña, donde ha llovido incluso menos del 30 por ciento de lo que llueve de media. 

La sequía de larga duración, cada vez más habitual por los efectos del cambio climático, va debilitando los bosques y aumentando el riesgo de que su capacidad de recuperación llegue a su límite. “La sequía está afectando al crecimiento de los árboles, su capacidad de almacenar carbono y su estado de salud en general”, explica Mireia Banqué, técnica de investigación del CREAF y coordinadora de AlertaForestal, una iniciativa ciudadana para ayudar a documentar el estado de los bosques.

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Regenerar los suelos del Mediterráneo, un paso contra el cambio climático

Ahora, un nuevo informe asegura que regenerar los suelos de la Unión Europea y el Mediterráneo es un paso imprescindible para luchar contra el cambio climático. Según el estudio del CREAF, los suelos agrícolas contienen el 31 por ciento de los stocks de carbono de los suelos de la UE y aún hay potencial para almacenar más carbono. 

"Transformar el sector agrícola, cuyas emisiones representan el 11% de las emisiones totales de GEI en la Europa de los 27 (429 Megatoneladas de CO2-eq) es clave, no solo para mitigar el cambio climático, sino también para garantizar nuestra seguridad alimentaria en unas condiciones ambientales cada vez más extremas", afirman los investigadores del CREAF.

El estudio destaca que cada tipo de suelo tiene una capacidad concreta y limitada de secuestrar carbono, algo  que podría parecer un problema pero es, sin embargo, una oportunidad: los suelos de la zona sur y mediterránea de la UE, los más pobres en carbono, son a su vez los que tienen más capacidad de almacenamiento.

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Según los expertos del informe, lograr nuevas reducciones de emisiones requerirá cambios significativos en nuestras preferencias alimentarias, las prácticas agrarias y las políticas agrícolas, algo imprescindible para lugares de especial vulnerabilidad como la cuenca del Mediterráneo, donde además de la sequía amenaza el aumento del nivel del mar.

“Un ejemplo muy claro de esa mayor vulnerabilidad al cambio climático en la orilla sur del Mediterráneo es el incremento del nivel del mar en Egipto, un país de 103 millones de habitantes. Sólo en el Delta del Nilo se espera que más de 6,3 millones de personas puedan verse seriamente afectadas si el nivel del mar sube por encima de los 80 cm, un escenario contemplado con las tendencias de emisiones de gases de efecto invernadero que tenemos hoy día”.

A medida que el fenómeno del calentamiento global se hace más patente en nuestro planeta, sus efectos son más perceptibles en todo el ciclo de la naturaleza, también en el hidrológico. Los científicos pronostican períodos de sequías e inundaciones más prolongados, aceleración de la fusión de los glaciares y cambios drásticos en los patrones de precipitación y nieve.

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El mundo ya está experimentando cambios a gran escala en lugares como los Andes y el Himalaya, donde están desapareciendo los glaciares y llevándose consigo la fuente de agua potable y riego para millares de personas. Si no se reducen las emisiones y se supera el nivel de calentamiento establecido en el Acuerdo de París, 1,5 ºC, se producirán impactos graves, algunos irreversibles.

El nuevo informe analiza el impacto, adaptación y vulnerabilidad de los ecosistemas y de los sistemas socioeconómicos ante el cambio climático, así como indica las mejores estrategias para reducir su impacto en diferentes escalas. Según los científicos, entre 3300 y 3600 millones de personas viven en un contexto altamente vulnerable al cambio climático, casi la mitad de la humanidad. 

Riesgos climáticos crecientes

"Este informe es una advertencia terrible sobre las consecuencias que puede tener no actuar", alerta Hoesung Lee, presidente del IPCC. "Muestra que el cambio climático es una amenaza grave y creciente para nuestro bienestar y para mantener un planeta sano. Nuestras acciones de hoy determinarán la forma en que las personas se adapten y cómo la naturaleza responda a los riesgos climáticos crecientes". 

El informe del IPCC es contundente: para evitar la pérdida creciente de vidas, de biodiversidad y de infraestructuras, es necesario adoptar medidas ambiciosas y aceleradas. Los impactos del cambio climático son mayores entre las poblaciones de menores ingresos, en determinadas zonas geográficas del planeta más vulnerables.

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El estudio hace especial hincapié en que el desarrollo económico actual es insostenible, y que es esencial considerar la participación inclusiva de todos los actores sociales, y la equidad y la justicia climática, para elaborar acciones de mitigación y adaptación transformadoras, encaminadas a un modelo de desarrollo sostenible y resiliente a los impactos del clima. 

"El coste ambiental de la inacción es muy elevado, y el informe concluye que es necesario actuar antes de que se cierre la ventana de oportunidad que tenemos, que es de sólo dos o tres décadas", alerta Jofre Carnicer, autor principal del IPCC por los capítulos de Europa y Mediterráneo.

"Cada acción es relevante, ya sea en el ámbito gubernamental e internacional, en industrias y actividades sectoriales, o en cambios el estilo de vida de los ciudadanos, y estas acciones pueden contribuir progresivamente a reducir el calentamiento y los impactos en las próximas décadas y por las futuras generaciones".

Biodiversidad desplomada

El informe destaca la urgente necesidad de introducir cambios profundos en todos los sectores de la sociedad y, más especialmente, en todas las actividades económicas que generan emisiones. "Los costes de adaptación a los impactos del cambio climático serán mucho más altos si no implementamos drásticamente una reducción de emisiones decidida en las próximas dos décadas que nos encamine a una trayectoria de calentamiento inferior a 2 ºC", alerta Carnicer.

Según el IPCC, la vulnerabilidad humana y la de los ecosistemas son interdependientes, y ponen el acento en los efectos actuales y futuros del cambio climático en la biodiversidad mediante más de 40 000 estudios que cubren los sistemas marinos y terrestres de todo el planeta.

Entre otros muchos impactos, Australia ya lleva dos décadas sometida a la sequía, que es considerada como la peor de los 117 años desde que se mantienen los registros pertinentes. En noviembre de 2007, el gobernador del estado de Georgia (Estados Unidos), Sonny Purdue, elevó una plegaria masiva frente al Capitolio estatal rogándole a Dios que abriera el grifo del cielo y calmara la sed de la sedienta población de dicha región del sudeste estadounidense. 

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En 2008, la India tuvo que asumir el angustioso dilema de tres millones de desplazados cuando el río Kosi se desbordó y fluyó imparable más allá del Himalaya, causando la peor inundación de sus riberas en 50 años. Solo 10 meses después, la India experimentó el mes de junio más seco en 80 años, por lo que millones de granjeros no fueron capaces de sembrar sus cultivos, situación que ilustra lo impredecible y extremo del clima actual y sus eventos relacionados, en una época marcada por el calentamiento global. En 2009, la hambruna acechó a millones de personas en el Cuerno de África, puesto que la total ausencia de nubes trajo consigo la peor crisis alimentaria de Etiopia y Kenia en el último cuarto de siglo. 

Enmarcado en los esfuerzos por tratar de encontrar soluciones, algunos expertos apuntan a una mejor planificación y utilización del agua, en forma de diques y estructuras de control de inundaciones, mientras que otros abordan el problema menos tangible que representa la emisión de gases de efecto invernadero. 

Según el IPCC, las medidas de adaptación para mantener la biodiversidad, de cuyos servicios dependemos por completo como sociedad, pasan por la restauración de los ecosistemas, el uso de soluciones basadas en la naturaleza y el aumento de territorio protegido.

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La localidad riojana de Mansilla de la Sierra emerge a causa de la sequía

“Hay que proteger de forma más consistente las áreas naturales del planeta porque somos muy dependientes de los servicios ecosistémicos para mantener la seguridad climática en el planeta. Los océanos y bosques absorben el 50 por ciento de nuestras emisiones de gases de efecto invernadero y contribuyen a regular la temperatura del planeta", concluye Carnicer.

El informe documenta que un aumento de los impactos climáticos puede causar declives en la eficiencia de absorción global del CO2 por los ecosistemas y retroalimetar así positivamente el calentamiento. Para lograrlo, el informe apuesta por pasar del 16 por ciento de áreas protegidas en el mundo, un dato pactado en el Convenios mundial de la Biodiversidad, al 30 por ciento o incluso al 50 por ciento en 2030.

"Las soluciones basadas en proteger la naturaleza o restaurarla son importantes, pero es necesario que vayan necesariamente acompañadas en primer lugar de reducciones de emisiones de gases drásticas en múltiples sectores en las próximas dos décadas", puntualiza Carnicer.

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En el caso del Mediterráneo, el uso del agua utilizada en la agricultura será clave para tratar de adaptarse a esta sequía y al aumento de temperaturas. A su vez, deberán promoverse otras formas de agricultura que sean más eficientes y mantengan mejor la humedad del suelo, como es la agricultura regenerativa que mantiene un suelo más fértil y rico en materia orgánica.

Los informes del IPCC brindan a los gobiernos un conjunto de datos del máximo interés científico que pueden utilizar para diseñar las políticas climáticas. También constituyen una contribución fundamental a las negociaciones internacionales dirigidas a hacer frente al cambio climático en el marco de la Convención Marco sobre el Cambio Climático o Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

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