¿Qué es la tundra?

Las tierras infértiles de la tundra albergan una flora y una fauna resistentes y son uno de los biomas más fríos y duros de la Tierra.

Por Christina Nunez
volcán Kronotsky
Una tormenta se dirige hacia la tundra cerca del volcán Kronotsky, en Rusia.
Fotografía de Michael Melford, National Geographic Creative

 

Los ecosistemas de la tundra son regiones sin árboles que se encuentran en el Ártico y en las cimas de las montañas, donde el clima es frío y ventoso, y las precipitaciones son escasas. Las tierras de la tundra están cubiertas de nieve durante gran parte del año, pero el verano trae consigo brotes de flores silvestres. 

Plantas y animales de la tundra

Las cabras montesas, las ovejas, las marmotas y los pájaros viven en la tundra montañosa -o alpina- y se alimentan de las plantas y los insectos de las zonas bajas. La flora resistente, como las plantas almohadilladas, sobrevive en las zonas de montaña creciendo en depresiones rocosas, donde hace más calor y están protegidas del viento. 

(Relacionado: Tras una ola de calor histórica, la tundra siberiana arde)

La tundra ártica, cuya temperatura media oscila entre -34 y -6 grados centígrados, guarece una gran variedad de especies animales, como zorros árticos, osos polares, lobos grises, caribúes, gansos de las nieves y bueyes almizcleros. La temporada de crecimiento estival dura apenas entre 50 y 60 días, cuando el sol brilla hasta 24 horas al día. 

Las relativamente escasas especies de plantas y animales que viven en las duras condiciones de la tundra se aferran a la vida con denuedo. Son muy vulnerables a las tensiones ambientales, como la reducción de la capa de nieve y el aumento de las temperaturas provocados por el calentamiento global

El impacto del cambio climático en las tundras 

La tundra ártica está cambiando drásticamente debido al calentamiento global, un término que se engloba dentro de una gama más amplia de tendencias que los científicos prefieren llamar ahora cambio climático. Los impactos en esta región son amplios y algo imprevisibles. Los animales que suelen encontrarse más al sur, como el zorro rojo, se están desplazando hacia el norte, a la tundra, lo que significa que el zorro rojo compite ahora con el zorro ártico por la comida y el territorio, y se desconoce el impacto a largo plazo sobre este último, que es un animal vulnerable. 

Este mapa muestra las principales regiones donde las tundras son más comunes; figuran en amarillo. Suelen estar situadas cerca de las capas de hielo permanentes, donde en verano el hielo y la nieve retroceden y dejan el suelo al descubierto, permitiendo que crezca la vegetación. 

Fotografía de Data courtesy World Wildlife Fund

Otros habitantes de la tundra, como la araña lobo, están creciendo y prosperando. Los arbustos son cada vez más altos, lo que contribuye a la disminución de los delicados grupos de líquenes de los que dependen el caribú y otras especies para alimentarse. Los lagos y estanques se están evaporando o drenando

Permafrost descongelado

El permafrost del Ártico, la base literal de gran parte del ecosistema único de la región, se está deteriorando con el calentamiento del clima mundial. El permafrost es una capa de suelo congelado y plantas muertas que se extiende unos 450 metros por debajo de la superficie. En gran parte del Ártico, está congelado todo el año. En las regiones meridionales del Ártico, la capa superficial sobre el permafrost se derrite durante el verano, formándose así ciénagas y lagos poco profundos que invitan a una explosión de vida animal. Los insectos pululan por las ciénagas a las que acuden a alimentarse millones de aves migratorias. 

(Relacionado: El rápido derretimiento del permafrost del Ártico nos afecta a todos)

Con el calentamiento global, las heladas otoñales llegan más tarde -en algunos lugares, recientemente, no han llegado a producirse- y se está derritiendo más permafrost en el sur del Ártico. Arbustos y abetos que antes no podían echar raíces en el permagel salpican ahora el paisaje, lo que puede alterar el hábitat de los animales autóctonos. 

El derretimiento del permafrost puede provocar deslizamientos de tierra como este

Otra gran preocupación es que el deshielo del permafrost está contribuyendo al calentamiento global. El suelo congelado contiene aproximadamente 1,5 más de carbono del que ya se halla en la atmósfera actualmente, así como grandes cantidades de metano, otro potente gas de efecto invernadero. Hasta hace poco, la tundra actuaba como sumidero de carbono y capturaba enormes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera como parte de la fotosíntesis. Ese proceso ayudaba a evitar que la cantidad de este gas de efecto invernadero se acumulara en la atmósfera. 

(Relacionado: El deshielo del suelo del Ártico libera una gran cantidad de gases peligrosos)

Sin embargo, hoy en día, al derretirse el permafrost y descomponerse el material vegetal muerto y liberar gases de efecto invernadero, la tundra ha pasado de ser un sumidero de carbono a contribuir a su aumento. Esto significa no solo que el planeta no es capaz de evitar tanta acumulación de gases de efecto invernadero, sino que la tundra también coopera en su acumulación. Los científicos siguen aprendiendo qué más alberga el permagel y qué podría liberarse al descongelarse. Recientemente, un estudio ha descubierto que también es el mayor almacén de mercurio del planeta y que podría liberar este metal pesado tóxico en el medio ambiente, con efectos perjudiciales. 

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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