La aldea más antigua de los Alpes tiene una historia que sorprende incluso a los lugareños

En una región suiza conocida actualmente por la deslumbrante ciudad turística de Zermatt, los investigadores están descubriendo una historia olvidada a lo largo de una importante ruta comercial medieval.

Por Sarah Freeman
Publicado 15 nov 2022, 12:21 CET
Caserío de Zmutt en Zermatt , Suiza.

Caseríos como el de Zmutt (en la foto) contribuyen a que Zermatt (Suiza) sea una base pintoresca para practicar el alpinismo, el esquí y el senderismo a los pies del Cervino.

Fotografía de GFC Collection, Alamy

En 1865, el inglés Edward Whymper conquistó una de las montañas más emblemáticas de Europa en los Alpes: el Cervino, con su distintivo pico de dientes de sierra que se eleva casi 4500 metros sobre Zermatt (Suiza), en la frontera con Italia. Aunque ese momento decisivo popularizó el alpinismo en toda Europa, sólo representa un capítulo del pasado del pueblo suizo.

Ha nacido una nueva ruta de senderismo, llamada Kulturwege, con el fin de mostrar un lado diferente de la histórica ciudad turística. A lo largo de los próximos seis años, el sendero (que lleva una década de preparación) unirá aproximadamente 19 kilómetros de senderos a través de seis aldeas, destacando los centenarios graneros de madera de alerce, que en su día fueron el sustento de la comunidad agraria de Zermatt, situados en medio de los bucólicos pastos alpinos.

"A Zermatt vienen millones de personas al año. Basta con caminar 15 minutos [desde el centro de la ciudad] para sentir cómo vivían hace 500 años", afirma el etnólogo y cofundador del sendero, Werner Bellwald, durante un paseo hacia Zum See, en el cantón del Valais. Es una de las aldeas, en gran parte deshabitadas, que se encuentran en dos de los cinco tramos del sendero abiertos actualmente a los excursionistas.

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De hecho, cientos de años antes de que el auge del turismo convirtiera a Zermatt en una estación de esquí de categoría mundial, era un paraíso pastoral salpicado de graneros de color chocolate para almacenar el grano, secar la carne al aire libre y guardar el ganado. Los graneros eran esenciales para ayudar a los lugareños a sobrevivir al singular clima estepario de la región, lo que contribuyó a su conservación. Sin embargo, a pesar de ser una parada en una ruta comercial transalpina de la sal, hay pocos registros escritos que documenten la vida aquí en la Baja Edad Media (aproximadamente entre 1300 y 1500 d.C.).

Los fundadores del sendero esperan cambiar esta situación, utilizando la ciencia y generaciones de conocimientos locales para llenar las lagunas históricas.

Los esquiadores acuden en masa a las prístinas pistas de Zermatt, situadas a nueve kilómetros del famoso pico del Cervino.

Fotografía de Fabrice Coffrini, AFP, Getty

Una caminata a través de la historia

El primer sendero señalizado del Kulturwege, inaugurado en 2019, sube algo más de 3000 metros, desde el centro de Zermatt hasta Zmutt. A lo largo del camino, los excursionistas encuentran 14 "estaciones", puntos de interés clave con placas informativas. Una de estas estaciones es un granero de ovejas centenario, llamado gädi en el dialecto local, o establo para el ganado. El granero, con sus maderas de alerce, se construyó a partir de vigas y ventanas medievales recuperadas de varias wohnhauses, o viviendas residenciales.

Fotografía de Fabrice Coffrini, AFP, Getty

A mitad de camino, los excursionistas salen de un bosquecillo para descubrir un montón de piedras, los antiguos restos de un corral de ganado. Al final del tramo más espeluznante del sendero (ahora asegurado con cuerdas de seguridad) hay una trampa para linces tallada en piedra de 250 años de antigüedad, una de las dos únicas descubiertas en la zona de Zermatt.

El segundo tramo del Kulturwege, inaugurado el año pasado, es más un paseo por un pueblo que un sendero de montaña, que entra y sale de los gädis, wohnhauses y stadels (graneros construidos sobre pilares en forma de seta) de Zmutt, erigidos entre 1300 y 1600. Uno de los gädi se ha reconvertido en un espacio de exposición dedicado a la columna vertebral de la sociedad agraria de Zermatt: las mujeres. Comisariada por el lugareño Othmar Perren, las fotos de época de la exposición muestran a mujeres cargando desde gavillas de centeno (un grano básico del Valais) hasta estiércol de vaca en mochilas de mimbre tejidas conocidas como tschifras.

"Ellos [los zermattenses] vivieron del grano y las vacas hasta los años 50", dice el creador del sendero, René Biner, que también es presidente de la sociedad histórica local, Verein Alts-Zermatt, y descendiente de una de las familias fundadoras de Zermatt.

Cuando se inaugure el próximo verano, el tercer tramo llevará a los viajeros a través de los inicios de Zermatt, serpenteando cinco kilómetros cuesta abajo a través de cuatro aldeas: Furi, Fleschen, Zum See y Blatten. Conocidas colectivamente como Aroleid, estas aldeas se unieron a Winklemattehn, Zmutt e Im Hof (el actual barrio histórico de Zermatt) para renunciar a su independencia. En 1791, se fusionaron en una sola comunidad llamada Zer Matt, que significa "junto a la pradera" en el antiguo dialecto local.

Las aldeas de Zermatt fueron casi totalmente autosuficientes hasta que se construyó el ferrocarril de Visp a Zermatt en 1891. La apertura de esta ruta, y con ella el turismo, provocó el abandono de muchos de estos graneros. Otros tuvieron que ser desmontados "como el LEGO" para evitar la expansión de los glaciares, dice Bellwald, mientras inspeccionamos un gädi cerca de Fleschen. El equipo del sendero cree que fue reciclado a partir de los restos de una casa en la vecina Im Boden que fue engullida por el glaciar Gorner durante la Pequeña Edad de Hielo de Europa, que duró desde el siglo XIV hasta el XIX.

El tramo final del recorrido atraviesa un fragante pinar y termina en una casa de té de principios del siglo XX, una de las muchas que, según Claus Julen, profesor jubilado convertido en historiador aficionado, se construyeron para los turistas ingleses. Precursoras de los restaurantes gourmet de montaña de Zermatt, estas sagieras regentadas por mujeres vendían recuerdos, refrescos y ramos de flores alpinas durante el verano, la principal temporada turística de Zermatt hasta 1927.

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Tapar las lagunas

La ciencia ha desempeñado un papel fundamental en la configuración del Kulturwege. Biner llevaba tiempo conjeturando que las aldeas de Zermatt eran más antiguas que las fechas inscritas en sus graneros y viviendas. Pero necesitaba pruebas contundentes.

Es aquí donde entra en escena el detective de árboles Martin Schmidhalter. Este dendrocronólogo lleva dos décadas datando algunas de las aldeas más aisladas de los Alpes suizos, estableciendo cuándo se construyeron sus estructuras de madera. "Normalmente, los árboles se talaban en invierno y se utilizaban para construir casas en el verano siguiente", explica.

El trabajo de campo de Schmidhalter para el Kulturwege comenzó en serio en 2012, cuando se puso a trabajar en el análisis de muestras del tamaño de un lápiz de madera de un puñado de estructuras a lo largo de lo que ahora es el sendero Zermatt-Zmutt. Tras calcular los anillos de crecimiento anual de la madera con un microscopio, los datos se pasan por un programa informático que escupe resmas de gráficos similares a los del electrocardiograma que permiten a Schmidhalter determinar el nacimiento y la muerte de un árbol.

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La investigación condujo a dos descubrimientos notables. El primero, en 2019, demostró que el granero más antiguo de Europa estuvo oculto a plena vista en una meseta panorámica con vistas a la ciudad de Zermatt durante más de siete siglos. El punto culminante del primer sendero de Kulturwege, el Herbrig Stadel, demuestra que la zona fue poblada ya en 1261. 

Un excursionista visita un granero tradicional en Zmutt. La aldea está en el nuevo sendero Kulturwege, que destaca estas estructuras de madera centenarias.

Fotografía de Iris Kuerschner, Laif, Redux

La comunidad de dendrocronólogos de toda Europa también ha corroborado la segunda afirmación de Schmidhalter, según la cual Zmutt es la aldea más antigua de los Alpes, un título que había pertenecido a Münster (Alemania), en el valle de Goms, también en el Valais.

Con el tercer tramo casi terminado y dos más por delante, el campo está abierto para más descubrimientos a lo largo del Kulturewege. La posibilidad de aprender más sobre la historia de la zona hace que los fundadores del sendero sigan adelante.

"Todavía no sabemos todas las respuestas", dice Bellwald. "Pero ahí es cuando se pone interesante".

Sarah Freeman es una periodista afincada en el Reino Unido que se dedica a los viajes con fines de conservación. Síguela en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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